Es momento de partir

Por: Vicky

25 de julio del 2018, Julio Sánchez, 23 años, traumatismo craneoencefálico.

¿Porqué tengo esta nota atada en el pie? Me levanto lentamente, siento una extraña paz interior, nunca había sentido mi cuerpo tan liviano. Volteo hacia un lado y hay una hermosa mujer rubia completamente desnuda pero llena de moretones en el cuerpo. ¿Qué diablos?, tiene una nota atada a su pie como la mía, giro hacia el otro lado y veo a más personas, algunos de ellos tapados con sábanas, pero todos con la misma etiqueta atada a sus pies.

¿En dónde estoy? ¿qué está pasando? ¿cómo llegué aquí?. Bajo mis pies y hago contacto con el suelo, dios mío qué frío, unos mosaicos cuadrados color blanco del peor gusto inundan toda la habitación. Recorro todo el lugar con la vista para tratar de descubrir dónde estoy.

Todos las personas recostadas parecen estar en un sueño profundo, me acerco a uno de ellos con medio cuerpo cubierto, es un persona mayor que tiene una larga y desarreglada barba gris.
-Oiga, amigo -le susurro al sujeto.
No hay respuesta, lo intentó nuevamente elevando un poco la voz:
-Disculpe señor.
Nada, el personaje ni se inmuta

Me acerco a otra señora que tiene descubierta únicamente la cabeza, la trato de mover para ver si hay respuesta, pero lo único que siento es su cuerpo helado como un témpano de hielo.

A un par de metros, en la cama metálica donde me encontraba aparece un joven recostado con un corte de pelo exactamente igual al mío, pero su rostro está completamente lleno de sangre.

Al irme acercando me doy cuenta dé que su corte de pelo no es lo único que tenemos parecido, tiene un lunar en el brazo como el mío. A ver, un momento, ¿ese tatuaje de águila?, es idéntico al mío.

Siento el peor terror que mi cuerpo y mente jamás había sentido, extrañamente el miedo es más fuerte que mi curiosidad, no sé si acercarme más o salir corriendo de ese lugar. Decido agacharme y ir hacia él sin hacer ruido, en cada paso que doy, esa paz interior que sentía se va desvaneciendo. Finalmente estoy a los pies del joven, ¿qué debo de hacer?. Lo dudo por un instante, la curiosidad gana, decido pararme lentamente y ver más de cerca a aquel tipo idéntico a mí.

Petrificado, por fin de pie me doy cuenta que viendo al joven es como si estuviera frente al espejo. No puede ser soy yo.
-¡AHHHHHHHH!
El joven abre los ojos y me ve, su reacción es la misma:
-¡AHHHHHHHH!
Nuestro grito nos fusiona.

Cierro los ojos y tengo un flashback de lo que pasó anoche, imágenes me bombardean la mente, el bar, mi amigo Juan, la morena que me ligue, caballitos de mezcal, risas, baile, el auto, un fuerte choque, mi cabeza atravesando el parabrisas, sirenas, paramédicos, dolor, mis padres, llorando, y súbitamente paz.
Mi mente regresa a mí, pero ahora el que está recostado soy yo, y el muchacho idéntico a mi es el que está parado en frente.
Con voz suave toma la sábana que cubre parte de mi cuerpo y cubre mi rostro con la sábana blanca, un blanco profundo y cegador, una luz infinita me absorbe. Ahora entiendo, es momento de partir.

admin