Un niño triste y la mariposa

Por: El Viejo

Una oruga camina sobre verde hoja de frondoso rosal.
Un triste niño la mira con atención.

La oruga detiene su paso y levanta su mitad delantera, se enfoca en el niño como si lo reconociera.
El niño triste levanta su mano y la saluda.
La oruga vuelve a andar poniendo en movimiento sus múltiples patitas.
El niño se acerca al lugar donde está la hoja que la oruga ha escogido para su cambiar.
La oruga detiene su paso, ha llegado al final.
El niño muy calmo quiere ver que va a pasar.
La oruga, con exactos movimientos, se comienza a desnudar.
El niño no sale de su asombro.
La oruga, ya sin ropa, es una bella mariposa.
El niño triste extiende sus manos con las palmas hacia arriba.
La mariposa se lanza hacia las manos del niño.
El niño siente como la mariposa acaricia sus manitas.
La mariposa levanta errático vuelo alrededor de la cabeza del niño.
El niño triste le lanza un beso.
La mariposa detiene su volar, sobre la frente del niño se ha ido a posar, alarga su trompa de libar y le deposita un beso.
Tiernas lágrimas corren por las mejillas del niño.
Suavemente la mariposa emprende un viaje para no regresar.
Alguien amorosamente atrae al triste niño hacia su pecho y le dice: “Hijo, mamá estaba muy enfermita, se fue al cielo a descansar.”
El triste niño miró al padre: “Ya lo sé papá, ella se despidió de mí, me besó y echó a volar.”

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