El unicornio perdido en el arcoiris

Por: Eivie

Emilie era una unicornio bebé. Ella se caracterizaba por ser traviesa, alegre y aventurera. Vivía feliz con su familia, bueno, casi siempre, pues algo los mantenía preocupados: le temían a los seres humanos. Desde que Emilie tiene memoria, los humanos, se han dedicado a perseguirlos para quitarles sus cuernos, sus alas, y venderlos por grandes cantidades de dinero.

Una noche, Emilie y su familia estaban cenando tranquilamente en casa, de pronto, escucharon que un grupo de humanos se acercaba. De inmediato, los unicornios, intentaron esconderse en un arcoiris, pero, debido al peso de tantos en el mismo lugar, una parte del arcoiris terminó agujerándose.

Emilie por ser la unicornio más pequeña tenía las patas cortas, no podía correr tan rápido, se retrasó, siguió corriendo sin fijarse en el piso del arcoiris, terminó cayendo por el hoyo recién formado. Afortunadamente, una nube detuvo su caída. A lo lejos, su mamá, escuchó ruidos, pensó que se trataba del canto de las aves. En realidad, era su hija pidiendo ayuda. Por suerte, su hermano Ilan, reconoció su voz y fue a rescatarla. En ese momento, los dos hermanos se dieron cuenta de que los humanos no los podían alcanzar si se quedaban entre la nubes. Se mantuvieron ahí hasta que el grupo de humanos se marchó. Después se dirigieron a casa para reunirse con el resto de su familia.

Un día, una familia de humanos iba caminando tranquilamente por la calle cuando observaron a un par de unicornios volando por encima de ellos, la curiosidad les ganó, decidieron seguirlos hasta descubrir en donde vivían. La familia era buena, estaban en contra de la caza pues entendían que los unicornios eran una especie en extinción.

Cuando los unicornios notaron la presencia de los humanos, se llenaron de miedo y preocupación porque pensaban que era gente mala. Emilie decidió bajar y preguntarles:
-¿Nos quieren cazar?
Se sorprendió ante la negativa de los humanos, pues, lejos de querer lastimarlos, la familia, aseguraba que deseaba ayudarlos.
-Pero, ¿cómo piensan hacerlo? – preguntó Emilie.
-Queremos hacer entender a nuestros hermanos humanos que cazar unicornios no es buena idea, ellos, no saben que ustedes están a punto de desaparecer para siempre, si los hacemos conscientes de esto, estamos seguros que comprenderán y dejarán de cazarlos -contestó la familia.

Entonces, ambas familias: de humanos y unicornios, diseñaron un plan de acción. Justo el día en que Emilie cumplía años, su familia, le dio la oportunidad de bajar a la Tierra para hablar con los humanos y decirles todo el daño que les ocasionan cada vez que cazaban a alguien de su especie. Los humanos comprendieron y agradecieron las palabras de Emilie, pararon de cazar a los unicornios. Y colorín colorado este cuento muy feliz ha terminado.

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