Un perrito bailarín

Por: Flora

Había una vez en un pueblo muy bonito llamado Limoneros, un perro bailarín. Cada que sonaba música, éste movía su colita y sus patas de una forma muy divertida. A los perros que tenían dueño les ponían unos collares para que la gente pudiera entender sus ladridos, pero como el perro bailarín era muy chistoso y no tenía dueño, nadie supo por qué bailaba tan bien.

Un día caminando por la calle, el perrito bailarín se encontró con una joven muy guapa llamada Karen Polinesia que quería aprender a bailar, pero nadie le enseñaba, así que se le ocurrió ir con el famoso perro del parque. Para poder entender lo que decía el animalito, Karen le puso el collar de Mika, un perro que había sido suyo, pero había muerto hace poco tiempo. Todas las tardes iba con él, hasta que un día la mandaron a estudiar muy lejos de Limoneros.

Pasaron muchos años sin ver a Karen y aunque el perrito bailarín tenía el collar para que los humanos le pudieran entender, no quiso ladrar más porque la extrañaba mucho. Tampoco quiso volver a bailar.

Un día mientras el perrito estaba en el parque esperando que alguien le diera de comer, apareció Karen y, los dos se pusieron muy contentos, tan contentos que el perrito ladró y volvió a mover la cola y las patitas.

–Me da mucho gusto que hayas regresado ¬– dijo el perrito ladrando.

–Ya sé, yo también te extrañaba mucho –contestó ella. – Por fin terminé mis estudios y ahora podré hacer lo que realmente quiero. Fíjate que hay un concurso de baile donde podemos participar, ganar mucho dinero y hacernos muy famosos.

–¿Todavía sabes bailar?

–¡Pero claro! –dijo Karen emocionadísima.

Y nuevamente todas las tardes Karen y el perrito practicaban sus mejores pasos de baile. Escogieron el vestuario, la música, la coreografía, el peinado y todo lo demás.

El día del concurso estaban muy felices y emocionados. Karen no podía controlar sus nervios que cuando pasaron a bailar, se resbaló, no pudieron seguir concursando y los descalificaron. Toda la gente se quedó callada, pero después empezaron a reclamarle a los jueces que les dieran otra oportunidad porque eran los mejores de la competencia. Los jueces aceptaron y los amigos lo hicieron mejor que nunca. Ganaron todas las rondas y todas las medallas.

Después del concurso decidieron abrir su propio canal de YouTube para enseñarle a la gente a bailar canciones como La Macarena, que era muy famosa en el pueblo. Desde ahí se hicieron inseparables, muy famosos y los mejores amigos.

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