Pasamanos

Por: Pasamanos

Había una vez una niña que se llamaba Jacky. Tenía 8 años y le encantaban los pasamanos, cada que veía uno sentía la necesidad de subirse. En un viaje con su familia a la playa, vio uno altísimo y no dudó en probarlo, pero era tan grande y alto que no logró llegar ni a la mitad, cayó en la arena y lastimó la muñeca derecha de su mano. Pensó que no era nada grave y se fue con su mamá, pero no le dijo nada.

Pasaron los días y la muñeca de Jacky se había puesto roja y le dolía mucho. Seguía sin decirle a su mamá porque sabía que, si le contaba, la llevarían al doctor y ella les tenía pavor a los hospitales. En la escuela no podía escribir bien, sus ejercicios y apuntes no se entendían y sus compañeros se burlaban.

Un día caminando con su mamá por un parque cerca de su casa, vieron a lo lejos un pasamanos. La mamá de Jacky le dijo:

–Anda, ve a probarlo y acá te espero.

–No, gracias ¬– respondió Jacky apenada agachando la cabeza.

Su mamá la conocía muy bien, sabía que algo estaba pasando porque ella no dejaría jamás pasar la oportunidad de probar un pasamanos, así que le preguntó:

–¿Qué es lo que te pasa?

Jacky nerviosa le mostró su muñeca y le contó lo que le había pasado. Su mamá se preocupó mucho al ver su mano tan roja y le recordó lo importante que era confiar en ella, sobre todo si estaba nerviosa o tenía miedo. Se dieron un fuerte abrazo y le susurró al oído:

¬–No te preocupes todo va a estar bien, el doctor Cardona te va a curar.

Aunque le daban mucho miedo los hospitales, Jacky fue muy valiente al ir al doctor. Además, ya no quería que sus compañeros se burlaran de ella. La acompañó su mamá y cuando fue el turno de Jacky, la tomó muy fuerte de la mano y no la soltó hasta que el doctor terminó. Se había roto la muñeca y tendría que usar un yeso durante un mes. El doctor Cardona le dejaría elegir el color de su yeso si prometía quedarse muy quieta cuando se lo pusiera. Y así fue.

Al día siguiente, Jacky llegó a la escuela con un yeso de color rosa. Todos sus amigos y compañeros estaban sorprendidos; no podían creer que se había roto la muñeca, pero, lo que más les sorprendió fue que durante los recreos, Jacky puso una especie de puestecito para atender a los niños que se lastimaban por algún accidente. Llevó material de su casa como curitas, vendas, alcohol, etc. Si un accidente había sido muy fuerte o grave y ella no podía ayudar, los acompañaba con la enfermera.

Todos sus compañeros le ofrecieron una disculpa por haberse burlado de ella y de cariño, le pusieron palabras bonitas en su yeso.

A partir de ese momento Jacky dejó de temerle a los doctores, entendió la importancia de cuidarse y avisar a sus padres o a un adulto lo que le pasaba. Le gustó tanto su puestito en el recreo y las atenciones del doctor Carmona, que había descubierto que de grande quería ser doctora, la mejor de todas.

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