La feria

Por: Humano

Esta increíble historia se desarrolló en Estados Unidos, en una feria que era el sueño de todo niño porque en ella estaban las montañas rusas más grandes de todo el mundo, incluso una llegaba hasta el cielo. Una de las condiciones para subir a los juegos era medir 1.20, porque si no cumplías con ese requisito, podías salir lastimado. Pedro, el personaje principal de esta historia, tenía 7 años, pelo negro, era chistoso, muy amigable y estaba a punto de cumplir uno de sus sueños: visitar esa feria espectacular.

La familia de Pedro: su papá, Juan; su mamá María y su hermano mayor, Pepe, lo llevaron a la feria para festejar su cumpleaños. Estaban en la fila de la taquilla para poder adquirir los boletos y Pedro estaba realmente muy emocionado. Cuando por fin llegó su turno de comprar las entradas, se acabaron los boletos. Pedro no lo podía creer, se enojó tanto que salió llorando y corriendo hacia la salida de la feria para donde estaba su coche.

Los papás de Pedro salieron corriendo atrás de él, pero no lograban encontrarlo. Lo buscaron por todos lados hasta que a Pepe se le ocurrió ir a donde estaba su coche. Y sí, ahí lo encontraron agachado llorando. Cuando se acercaron, el señor Juan vio algo arriba del coche: ¡eran 4 boletos para la feria!

–¿De dónde salieron esos boletos? –preguntó Pedro con la voz llorosa cuando escuchó lo que su papá había dicho.

–No sé – contestó su papá. –¿Pero no te alegra? ¡Venga, vamos a la feria!

Pedro se secó las lágrimas, agarró a su mamá de la mano y caminaron de vuelta a la feria. Él sólo quería subirse a esa montaña rusa que llegaba hasta el cielo. Sentía que todo era un sueño y más cuando le pareció ver a sus amigos de la escuela. Pero no, no era un sueño: ¡sus amigos estaban ahí!

–¿Qué hacen aquí? –preguntó Pedro asombrado.

–¡Sorpresa! ¬– gritaron todos juntos.

Se trataba de una fiesta sorpresa por su cumpleaños. Incluso lo de los boletos había sido armado para darle más emoción al asunto.

–Espero que te haya gustado tu sorpresa –le dijo su mamá. –Sólo debes prometer que por ningún motivo puedes salir corriendo, es muy peligroso para ti.

–Sí mamá –contestó apenado Pedro. –Estaba muy triste y molesto que por eso no me pude contener, pero no lo volveré a hacer.

–Está bien hijo ¬– dijeron sus papás.

Cuando se subieron a la montaña rusa, llegaron hasta el cielo donde, sobre una nube, estaba su pastel. Esa fiesta fue una de las más divertida de Pedro y uno de sus mejores días.

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