El universo de los valores

Por: El Astronauta

En una ciudad llamada Interlomas, vivía un niño que se llamaba Daniel. Él tenía un sueño muy especial: ser astronauta para poder ver el mundo desde otro punto de vista, pues le costaba mucho entender a sus compañeros de clase cuando pensaban diferente a él; no le gustaba ayudar, siempre estaba de mal genio y prefería siempre trabajar solo.

Un día que hizo muchísima tarea, se fue a dormir temprano, miró el techo blanco de su cuarto y empezó a soñar. En ese sueño él construía un cohete para poder ver y viajar a otros mundos y así tener nuevas aventuras. Cuando terminó, se puso su casco, se subió al cohete y se fue a viajar.

Durante el viaje, Daniel se dio cuenta que su cohete tenía muchas fallas y se enojó con él mismo porque no lo había construido bien. A lo lejos vio el primer mundo y como su cohete estaba descompuesto, se estacionó rápidamente ahí. Ese primer lugar que conoció se llamaba “Alegría” y ahí le ayudaron a arreglar su cohete de la mejor forma.

–¿Ya ves que con alegría todo es mucho mejor? –le dijeron los habitantes de ese primer mundo.

–Sí, muchas gracias– dijo Daniel muy contento. Gracias a ellos podría seguir viajando.

Pero el cohete seguía presentando algunas fallas, así que paró en el siguiente mundo que vio. Ese mundo se llamaba “Valor”. Se dio cuenta que le hacía falta gasolina y no había traído suficiente para recargar. Apagado su cohete no podía ir por más combustible, pero, unos niños muy arriesgados decidieron agarrar el cohete de su papá y fueron por gasolina a otro mundo

Cuando regresaron, Daniel se dio cuenta que en este planeta la gente tenía mucho valor y por eso se llamaba así. Durante el trayecto de su viaje conocí lugares llamados “Valentía, Esfuerzo, Gratitud, Trabajo en equipo y Responsabilidad”. En cada uno de ellos le ayudaron muchísimo a arreglar su cohete hasta que estuvo completamente listo. A pesar de que ya no tenía fallas su cohete, supo que el objetivo de su viaje se había completado: entender el mundo desde otros puntos de vista, así que decidió volver a casa. De repente, escuchó el sonido de su despertador, era momento de ir a la escuela.

A partir de ese sueño, algo en él había cambiado, pues todas las cosas que aprendió las sintió como si fueran reales. Se dio cuenta de los valores que necesitaba para ser astronauta.

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