El club de la ensalada

Por: Slime

Esta es la historia de una niña enojona que se llamaba Galia. Todo le molestaba, hasta cuando su maestra le mandaba corregir algún ejercicio de Matemáticas, ella lloraba de coraje. Sus compañeros de grupo ya no sabían cómo tratarla, siempre que jugaban, ella se enojaba por casi cualquier cosa. Cuando comenzaba a enojarse se ponía tan roja de su cara que los de su salón de clases la apodaron Galia “La Tomate”. Su mamá siempre decía que era muy chiquita para enojarse tanto, pues apenas tenía 9 años.

En el salón de Galia había otra niña que no tenía amigos, se llamaba Sonia y era un poco agresiva, contestaba feo, también se enojaba por todo y por esos sus compañeros la apodaban “La Cebolla”, ya que los hacía llorar con sus groserías.

Galia y Sonia siempre estaban solas porque no podían controlar sus emociones. No sólo en su salón eran famosas por su carácter, sino en toda la escuela las conocían muy bien. Cuando salían al recreo o a algún evento, sus compañeros decían: “miren, ahí va Galia, “La Tomate” y Sonia, “La Cebolla”. Era muy triste para ellas todo eso. Todos las llamaban así, menos un niño. Un grado más arriba del de Sonia y Galia estudiaba un niño muy alegre, su personalidad era ligera y fresca y por eso le decían Pepe “El Pepino”.

Un día en la escuela, la maestra de Galia les recordó que tendrían examen de Matemáticas muy pronto y que no olvidaran estudiar, pero Galia lo olvidó: se fue de vacaciones con su familia a Disney y cuando regresó, fue el día de la prueba. Galia no sabía nada de nada, comenzó a ponerse roja y quería copiarles a todos los de su salón. Al comenzar el recreo le preguntó a Sonia que qué había contestado en algunas preguntas y ella le respondió que nada porque tampoco había estudiado. Las dos estaban muy nerviosas porque no querían reprobar. No se habían dado cuenta que Pepe, su compañero un año más grande, las había escuchado.

–Pero no se preocupen, yo las ayudaré a estudiar– les dijo Pepe.

Galia y Sonia estaban sorprendidas que alguien estuviera siendo amable con ellas.

–Muchas gracias– dijeron juntas.

Todas las tardes Pepe se quedaba con las niñas para estudiar los temas que no entendían.

–Deberíamos ser amigas– le dijo Galia a Sonia.

–Me gusta mucho tu idea ¬– le respondió Sonia.

Pepe estaba muy feliz de ver lo que estaba ocurriendo. Los días pasaron y los tres se hicieron muy buenos amigos, así que se les ocurrió una súper idea: hacer un club de estudio. Niños de otros salones iban al club de estudio y mejoraban sus calificaciones. Pero lo mejor, fue que Sonia y Galia aprendieron a convivir con los demás, se volvieron más amables, tranquilas y sabían controlar mejor sus emociones. Aunque eso no hizo que les quitaran sus apodos a los tres: Tomate, Cebolla y Pepino por eso su club se llamó “El club de la ensalada”.

admin