El unicornio travieso

Por: Brillante escritora

En un bosque muy pero muy lejano vivía una familia de unicornios. Los papás tenían dos hijas, la mayor, se llamaba Raquel y la más pequeña Lily. Raquel, a veces, terminaba metiéndose en problemas pero la verdad es que eso no le importaba, ella disfrutaba mucho haciendo travesuras.

Un día fue a un parque con toda su familia y le dieron muchas ganas de explorar el lugar. A pesar de que el parque se encontraba lleno de personas y sus padres le aconsejaron no alejarse mucho, ella no se preocupó y decidió comenzar su aventura, claro está… se perdió.

Raquel por más que buscaba a su familia no los encontraba. Entonces, decidió abandonar el parque, pensando que podría regresar a casa caminando… Caminó, caminó y siguió caminando sin rumbo fijo hasta que sin querer llegó a un lugar conocido… ¡era su escuela! En el colegio se encontró con su maestra, quien le preguntó:
¿Por qué estás sola Raquel?
La unicornio le contó rápidamente todo lo que había sucedido y que al final sin quererlo se había perdido. La maestra se tomó el tiempo para platicar con ella y tranquilizarla, se le ocurrió la idea de llamar a su mamá por el celular, lamentablemente, la madre nunca respondió. Raquel, más tranquila, convenció a la maestra de que la dejara seguir su camino a casa, asegurando conocer la ruta.

Raquel se encontraba una vez más caminando sola, el tiempo pasó y la casa no aparecía. Cuando se dio cuenta de que estaba anocheciendo y estaba muy cansada, decidió sentarse en una banca de la calle para reposar, sin darse cuenta cayó en un profundo sueño. Cuando despertó, no entendía lo que pasaba, hasta que vio a un policía manejando pudo comprender que se encontraba en un coche patrulla. Raquel estaba preocupada, confundida, llena de miedo, sin embargo, reunió el valor necesario para preguntar:
– Señor policía ¿por qué estoy aquí?
El policía le contestó:
-Te encontré durmiendo sola en un banco a mitad de la calle y me pareció peligroso dejarte ahí.
Rumbo a la estación de policía, se comunicó con sus compañeros, quienes le informaron que en la comisaría había unos padres preocupados porque su hija había desaparecido, así que la llevaría con ellos. Cuando Raquel se reencontró con su familia, se abrazaron muy fuerte, la llevaron de regreso a casa y Raquel aprendió una lección muy importante.

Días después, la hermana menor, Lily, quiso copiar el comportamiento despreocupado de Raquel y salió de su casa dispuesta a explorar el mundo. Llegó hasta el aeropuerto y aprovechando que era muy pequeña logró burlar la seguridad del lugar sin que nadie la notara. Se escabulló hasta trepar a un avión con rumbo a Nueva York. Ya en un nuevo y desconocido país, Lily tuvo la fortuna de conocer a una gran familia que decidió adoptarla, la niña creció con ellos y se olvidó de su pasado.

Muchos años después, Lily, se dirigía a su trabajo cuando tropezó con un hombre extraño que aseguraba conocerla, le explicó que él era vecino de la antigua casa, en la que vivía con sus verdaderos padres. En un inicio Lily no lo creyó, pues habían pasado mucho años y no recordaba nada, sin embargo, el misterioso hombre comenzó a contarle varias historias, Lily empezó a recordar, hasta que decidió creerle. El hombre le dio la dirección de su antigua casa, convenciéndola de visitar a sus verdaderos padres. Lily se encontraba muy confundida, con mucho temor al imaginar cómo reaccionarían sus verdaderos padres, por lo que tardó muchos meses en decidirse a hacer el viaje. Cuando por fin se reencontró con sus verdaderos padres, la abrazaron muy fuerte, la invitaron a quedarse a vivir con ellos pero Lily ya había construido toda una vida en Nueva York, por lo que no pudo aceptar la propuesta, pero desde ese día se hizo la promesa de regresar a visitarlos cada vez que tuviera la oportunidad.

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