La kipá y el Tzitzit

Por: Mr. Cool

Había una vez un niño que se llamaba Moy, era un niño que le gustaba cumplir Mitzvot y desde que cumplió 3 años siempre se ponía Kipá y Tzitzit, eso le hacía sentir la protección de Hashem y se sentía feliz cumpliendo estas Mitzvot.

Un día, Moy se levantó muy tarde en la mañana y se apuró rapidísimo para no perder el camión del colegio, corrió y logró alcanzarlo.
Cuando se fue, la mamá de Moy estaba cocinado y en eso empezó a escuchar que alguien lloraba y pensó… – ¡Qué raro! Moy ya se fue a la escuela -.

La mamá de Moy empezó a buscar de dónde venía ese llanto, se asomó en el baño, en la sala, el comedor y la despensa, pero no venía de ahí el sonido. Se acercó al cuarto de Moy y dijo: – ¿quién está llorando? – y escuchó dos vocecitas que decían: – ¡aquí, aquí! ¡Somos nosotros, en el cajón! – Rápidamente abrió el cajón la mamá de Moy y vio que era la Kipá y el Tzitzit de Moy.

– ¿Por qué lloran? -, preguntó la mamá y ellos contestaron: – ¡hoy nos olvidó Moy! y estamos muy tristes de no estar con él, seguramente no va poder cumplir la Mitzva de decir la Berajá del Tzitzit, tampoco va a poder decir Tefilá y las berajot con la Kipá puesta.

Sin pensarlo mucho, la mamá de Moy agarró una bolsa, metió la Kipá y el Tzitzit y fue corriendo a la escuela. Cuando le entregaron la bolsa a Moy, se le iluminó la cara y dijo: – ¡gracias Hashem por ayudarme! ¡Ahora sí podré cumplir la Mitzvá! -. Dijo la Berajá con mucha Kavaná y se sintió muy contento.

La Kipá y el Tzitzit se sintieron orgullosos de Moy, también su mamá, su Moré y por su puesto Hashem. Desde ese día, Moy no olvidó ponerse su Kipá y su Tzitzit que lo acompañaron por el resto de su vida.

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