El pulpo

Por: Constanza

Lucía se despierta con miedo y remordimiento, como todas las mañanas desde hace cinco años. Ya no se acuerda de la ilusión y el agradecimiento que sentía antes. Ser la esposa perfecta y la madre ideal desgraciadamente ya no llenan toda su existencia. Al principio era solo una diversión, pero un día se dio cuenta que la fiera la perseguiría el resto de sus días.

Esa doble vida de la que le habían hablado tanto sus amigas, de lo prohibido, la emoción del engaño. Planear el momento, eso es lo más difícil pero suculento, esa adrenalina que te llega hasta los huesos. La Bestia cobró forma, era como un pulpo abrazador, calientito y pegajoso. Imposible huir de sus tentáculos, ya lo necesitaba y lo quería (como el famoso cariño que le toman los secuestrados a su secuestrador).
Ella pensaba todo el tiempo -esta es la última vez- se lo repetía seis veces al día- cuando quiera lo dejo y ya-.
Al paso del tiempo las mentiras tenían que ser más estructuradas, primero para los demás y después para ella. La emoción de armarlas, el momento exacto de soltarlas, la salida de la maldita rutina, el grito desesperado de no ser la niña buena. Las primeras veces eran sencillas, después necesitaba más, nunca es suficiente.
Cada vez que estaba en sus brazos pensaba que podía parar. Pero no. Era como si su cuerpo se acostumbrara a ingerir toneladas de chocolates sin empalagarse. Alcohólicos que no se emborrachan, aunque tomen diez whiskies en dos horas.
¿Que tenía que nunca la cansaba? Quién puede ser tan poderoso y encantador que siempre quieres estar a su lado. Esa respuesta nunca llegó.
Un amante que siempre te espera mudo pero alegre, no reclama y no pide nada. Cuando estaba ahí se daba cuenta que había otros cientos, más almas perdidas como la suya inmersas en sus encantadoras garras. Sin darse cuenta se convertían en cómplices del pecado.
Lucía se daba por completo cada vez, se divertía, se emocionaba, cuando estaba ahí no tenía que pensar en nada. Las obligaciones, las responsabilidades y todo lo que le pudiera causar alguna molestia se quedaban como guardadas en un cajón. El tiempo pasaba rápido pero ligero, se sentía flotando entre nubes. Un viaje al Limbo, un lugar entre el cielo y el infierno
Las luces de colores la recibían con alegría. Esta vez la coartada era su amiga María, comerían en un restaurante muy al sur. Antonio, el esposo de Lucía, nunca frecuentaba esa zona de la ciudad. María estaba avisada, eso le daba por lo menos tres horas para disfrutar, se sentía libre y feliz. Llevaba una hora ahí, donde nadie la juzgaba, donde no tenía que pensar.
Saldo insuficiente
Se acabó el dinero, en el peor momento, en su momento estrella. Él la abrazó con fuerza murmurándole al oído-no sufras ahí está el cajero-. Lucía sintió su aliento hirviendo, sus tentáculos fuertes alrededor de su cuerpo.
Se levantó como siempre idiotizada, mareada, enamorada; una vez más se repitió a si misma que no le hacía daño a nadie y que esto era como una de esas mentiras blancas, las que no afectan, las que nos enseñaron desde chicos que si están permitidas. Recordó una frase que había leído alguna vez …Para no perder, el jugador no cesa nunca de perder
Así regresó tres veces más como hipnotizada hasta que dejó la tarjeta en ceros, entonces empezó a sudar, la cantidad ya no era de las que pasan desapercibidas. Pero nada le importaba tanto como para dejarlo.
Entonces sintió un apretón muy fuerte en el hombro izquierdo, desgraciadamente ya no podía ser él, este era real.
Dio un giro hacia atrás y lo vio, era Antonio parado atrás de ella, la mentira al descubierto, la humillación. El banco le había mandado mensajes automáticos a su correo del monto y las cantidades sustraídas y obviamente de la ubicación del cajero. Casino Big Bola Antara.
Los tentáculos del amante se esfuman, la dejan al descubierto, desnuda, frente a su marido. En ese instante cuando sentía que el mundo se derrumbaba la maquina empezó a parpadear y la bocina gritaba sin parar
. ¡Ganaste el acumulado! ¡Ganaste el acumulado!
Las lágrimas no la dejaron ver la cantidad del premio, en un mismo instante, se vio a si misma caminando al altar con la bestia y dejando al hombre que más había amado en la vida.
El tamaño de su triunfo la aplastó de un golpe, con la misma fuerza de su derrota.

admin