El limpia vidrios

Por: SNS

Es analítico, observador, detallista y calcula todo siempre con rigurosidad. No se olvida de ningún cumpleaños, ni pierde la oportunidad de hablar con las personas que se cruza, observa el comportamiento de la gente todo el tiempo. Es el típico hombre que si tiene algo en mente, por más absurdo que sea, lucha hasta las últimas consecuencias para lograrlo. Ese es Don Julián.

Don Julián trabaja en el edificio Villa Alta de 19 pisos, al sur de la ciudad y su función es dejar impecable cada centímetro, de cada placa de vidrio, de cada piso de la edificación.

Abrí la puerta de cristal y salí de la regadera, me elevé de puntillas para alcanzar la toalla y me enrollé en ella, escurriendo aún cantidades importantes de agua. Salí del baño, después de la habitación, y me senté en el sillón marrón de la sala, colocando mis pies en la mesa de enfrente. Encendí el reproductor de música y cerré los ojos. Aprecié mi estado de tranquilidad. Pasaron un par de minutos y comencé a escuchar ruidos, no logré distinguir si venían del exterior o eran producto del mismo interior de la sala. Voltee hacia afuera y ví una cuerda cayendo transversalmente ante mi ventana, la cuerda que indicaba que debía cerrar la persiana e irme de la sala inmediatamente, pues el limpia vidrios de mi edificio, vaya que era un mirón.

Julián sube a la azotea, se pone un arnés especial, casco de seguridad y overol, y se amarra de la soga. Se lanza de espaldas hacia abajo y comienza a limpiar la amplia ventana del piso 19. Sin duda es uno de los trabajos de mayor riesgo, pues Julián, junto con todo el equipo de limpiadores, se someten a alturas sumamente amenazantes. Entre cubetazos de agua fría y salpicaduras de jabón, Julián sólo piensa en llegar al piso 4. Ansía ver a Daniela a través de esos mojados y cristalinos vidrios del edificio. Puede sonar algo acosador, pero Julián la espía secretamente cada vez que pasa por su planta.

Ví los pies colgantes desde mi habitación, definitivamente reconocí esos zapatos. Es ese mismo hombre, que comoquiera que se llame, me mira cada vez que “limpia” mi vidrio. Me miró de una diferente manera, como si me conociera de hace ya mucho tiempo atrás. Fue extraño, pero por un momento quise que me mirara. Decidí regresar a la sala y entreabrir las cortinas. Es algo que nunca hubiera hecho meses atrás, pero me invadió una sensación de ¿Por qué no?. Debo admitir que la atención siempre me ha gustado, pero esta vez la necesidad de captarla, fue inmensa. Parecía surgir como algo nuevo en mí. Sigilosamente me recosté en el sillón, carente de ropa, pero aún con la toalla color palo de rosa ocultando mi desnudez.

Después de un arduo trabajo y y 15 pisos recorridos, Julián por fin llega al piso 4. Al principio ve la sala vacía, pero unos seis minutos después ve a Daniela pasar, Daniela parece tímida, y algo dudosa de cada paso que da. Sin embargo sus ojos dicen algo diferente esta vez. No se esconde ni se encierra en su habitación. El corazón de Julián late tan rápido que comienza a balancearse sin control alguno, pero unos segundos después, recupera el equilibrio. Julián parece estar en otro planeta, no cree lo que ve. ¿Acaso Daniela Sereira, la mujer del cuarto piso de Villa Alta, de cabello rubio arenoso, y ojos color canela se encuentra seduciendo al limpia vidrios de su edificio? Pues en efecto; Daniela está ahí, frente a sus ojos. Julián traza en su ventana con la blanca y burbujeante espuma del jabón, un inmenso corazón acompañado de una letra D de Daniela y sigue su camino bajando lentamente hasta llegar a la tercera planta.

Y ahí me encontraba, recostada en horizontalidad, en toalla, con el cabello húmedo y con la mente en blanco. El hombre detrás de esa ventana es interesantemente atractivo y de una agilidad especial, el detalle del corazón fue algo infantil, pero me agradó de cierta manera. Me puse de pie para ver desde arriba su fuertes músculos moviéndose de lado a lado con cada movimiento que daba, la soga iba recorriéndose lentamente hacia abajo. Una parte de mí no entendía porqué de repente tanta obsesión con el hombre que pasa por afuera de mi sala cada siete días, además, ¿No es algo espeluznante que sepa como me llamo? Pero todos esos pensamientos se esfumaban de mi mente. Como si no existieran. Ahora sólo pensaba en él, y solamente él.

Julián pasa las siguientes siete noches en vela, sin dejar de pensar un segundo en ella y ansiando regresar al apartamento de Daniela.
Durante sus jornadas de trabajo, Julián disfruta de observar cada domicilio; la luz, los muebles, el comportamiento de la gente, las mascotas. Sin embargo, casi nadie se percata de su presencia, pues no prestan atención al limpia vidrios. No obstante, Julián quiere y anhela por primera vez, estar del otro lado del cristal.

Continué con mi vida y rutina como si nada hubiese pasado, pero ese hombre aparecía en mis sueños cada noche y cada día, mis ganas de verlo me consumieron tanto, que para el jueves 14, que sería el siguiente, lo esperaría con una sorpresa. Adorné mi sala con velas aromáticas y pétalos de rosa, puse música lenta a un volumen tan fuerte que se escucharía hasta afuera y esta vez me encontré sentada mirando hacia la ventana con las cortinas un poco más abiertas que la anterior ocasión. Ésta vez llevaba menos ropa, el cabello recogido y un labial muy rojo.

Overol, casco, arnés, soga y Julián repite el procedimiento de trabajo. Baja a toda prisa hasta llegar a Daniela. Al llegar, la ve directamente a los ojos, como si nada los separara, se miran, se tocan pero a través de un vidrio. Julián con los pies y el corazón en el aire; la lencería de Daniela, reflejada en el cristal con algunos destellos de luz. Durante minutos se miran fijamente deseando estar juntos. La música introduce a ambos en el mismo deseo. Mientras Daniela se baja los tirantes de su sujetador, Julián suelta la soga con ambas manos, y se comienza a tambalear fuertemente. Su desconcentración le impide sujetarse de manera correcta y su pie izquierdo rechaza la tabla de madera. Cae. Daniela grita desde su ventana y lo ve cada vez más pequeño, hasta dejarlo de ver.

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