Estimado Ladrón

Por: Doña Quejumbres

El viernes 16 de agosto pasado trató usted de arrebatarme mi cadena y mi estrella de David de mi cuello apenas me había subido al taxi, a un lado de la hermosa Catedral de Guadalajara.
Le comunico, respetuosamente, que ambas cadena y medalla quedaron en mi ropa, cuando apenas se rompió un pequeño eslabón, luego usted se echó a correr en sentido contrario a la circulación de coches.

No lo reconocería a usted, ni a su compañero, ni a 10 centímetros de mi vista, pero estoy seguro que se siente orgulloso de ser tapatío, ama sus comidas, su cielo limpio y porque no, es un buen patriota.
Mi primer recuerdo de su tierra, fue cuando del Colegio de Ingenieros nos llevaron, hace casi 60 años, a la Presa Santa Rosa, en construcción en aquella época. La empresa constructora, ICA, nos invitó a los 40 miembros del grupo a comer y nos sentamos junto con los ingenieros que acababan de salir del cuarto de máquinas en el fondo de la presa, comían hambrientos y no reparaban en las bellísimas muchachas que servían la comida, nosotros también devoramos la comida (a esa edad uno come piedras), pero no pasaron desapercibidas las tapatías que servían. Desde entonces a la fecha, de vez en cuando, cuando se me va el sueño recuerdo a esas morenas claras con ojos de ensueño, pelo largo y cinturita talla cero.
Eso es Jalisco para mí, obras de ingeniería ejemplares, gente bonita y comida de ángeles.
Permítame decirle cómo lo imagino a usted, para ello recordaré una antigua canción y pondré a un lado el comentario:
“Managua, Nicaragua”. ——– una Patria, en su caso México
“Dónde yo me enamoré”, ———- sin amor no se puede vivir.
“Tenía mi vaquita”, ——— leche, queso como alimento.
“Mi burrita”, —————— transporte.
“Y mi buey”, ——————- para trabajar con el arado.
“ y por supuesto mi mujer también” ……………….
A ese hombre no le faltaba nada!!! Tenía todo.
A usted, Sr. Ladrón, lo imagino en su rancho, trepado a un tractor donde se subió a trabajar apenas salió el sol, regresaba a su casa donde lo esperaba su esposa bonita, los hijos llegarían de la escuela y llenarían la casa peleándose por la bicicleta.
Así lo imagino y así lo deseo.
Reciba un apretón de manos de su servidor, hijo de inmigrantes

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