Mi día

Por: Omagilop

7h00. Abro un ojo.
Mozart. Para despertar… Mozart. Es mi alegría para empezar el día. Hoy escogí el concierto para flauta y harpa. Es él concierto, porque no sólo fue lo único que compuso para harpa, sino el único concierto que existe para ambos instrumentos. Lo hizo porque su mecenas, que era flautista, quería tocar con su hija, a la que le gustaba el arpa https://youtu.be/nheif2BuFz0.

Mientras me levanto, mis pensamientos vuelan entre el harpa y la flauta. Qué curiosa combinación. Y oigo como esta última, con su canto suave encamina al oyente hacia las cristalinas notas de su pareja. Al meterme a la regadera, el chorro de agua acompaña a la arpista pellizcando las largas cuerdas…
Me enjabono rápido para salir antes de que inicie el segundo movimiento, y me visto junto con el adagio y sus contrapuntos, que son como la plática entre mi camisa y el pantalón, entre los zapatos y los calcetines. El tercer movimiento me lleva a la cocina a disfrutar alegremente del desayuno.

8h30. Me subo al coche.
Beethoven. Para darme energía. El día va a ser largo: juntas y estudio de estados financieros. Beethoven es lo adecuado. Escojo 3 Oberturas.
Primero la de Egmont para salir de las Lomas de Chapultepec https://youtu.be/pkxXFLRmqvw .
Imponente. Las primeras notas me ayudan a salir del estacionamiento. Estoy escuchando la grabación hecha en la iglesia de San Nicolai en Leipzig, el 9 de octubre del 2009, dirigida por Mansur. Ese día conmemoraron 20 años de lo que se llamó la Peaceful Revolution que inició el 9 de octubre de 1989 con un concierto en esa misma iglesia, bajo la dirección del mismo hombre y que llevaría un mes después a la caída del muro de Berlín. Me embarga la emoción al escuchar el solo del oboe, del fagot y después las flautas. Tatata..¡ta! La música me jala a lo largo de Virreyes y a través del tráfico de Alencastre. Diez minutos flotando sobre las calles.
Llegando al periférico, Coriolan con Bernstein https://youtu.be/Vvn2oGyji8s. Las primeras medidas, cinco veces la misma nota, corresponden exactamente a los coches que voy evitando para meterme a los carriles centrales, y lo que sigue fluye con mi auto con velocidad hasta el viaducto. La música describe mis rebases, mi hábil deslizar. Nueve minutos como ¡volando!
Fidelio, y otra vez Bernstein https://youtu.be/dRhwyzJABvI. Esta vez, primero los alientos alternan con los violines, pero rápidamente aumenta la velocidad. Y parece que desaparecen los autos. Cuando se acaba la obertura, entro a la oficina.

9h30. Empiezo a trabajar.
Bach. El ritmo constante, la elaboración progresiva de los temas y su solución, exacto lo que voy a hacer. Empiezo con el concierto para violín y orquestra en A menor https://youtu.be/A4bUCMV2oCE . La música está llena de misterios. Todavía no entiendo la diferencia entre A menor y Do mayor, pero creo que Bach sí la entendía, ya que hizo obras para clavecín en ambas tonalidades.
Cuando termina el primer movimiento ya arreglé mi escritorio y arranqué la computadora. Le pido a mi asistente que venga, y el adagio, ese movimiento lento y dulce me acompaña mientras le doy instrucciones y imperceptiblemente admiro su belleza natural.
Después de su salida empieza el tercer movimiento. El concierto culmina con intensidad, repasando los temas anteriores y llevándolos a su conclusión lógica. Eso hago, por medio de llamadas y mails.
Cuando me enfrento al primer conflicto del día, dejo a Bach y me paso a Schubert: la sonatina en G menor https://youtu.be/gFN7Hsx-mOI . La lucha entre el piano y el violín por llevar la melodía describe con precisión el enfrentamiento que tengo que llevar en contra del vendedor, que no cumplió con las instrucciones. Y cuando tengo que comunicarme con el proveedor que me quedó mal y además pretende subir los precios sin razón alguna, tomo unos momentos para relajarme y lo ataco junto con Haydn y su obra más intensa: Las Siete Últimas Palabras de Cristo. Compuso una pequeña pieza para cada frase que pronunció Jesús antes de morir en la cruz. Dada la situación, escojo la sexta: ¡Todo Está Acabado!, y mando a volar al proveedor https://youtu.be/hHAe_zNi198 .

13h00. Tomo un descanso.
Ahora le toca a Chopin. La hermosa Balada #1. La he escuchado muchas veces. Su tema principal es de tan sólo 15 notas, y se repite 7 veces, con variantes, al principio de la obra. La octava y novena notas son las mismas, también la décima y onceava. La forma de tocar estas repeticiones es lo que me llena de emoción. Richter transmite firmeza, y hasta que descubrí a Ushida, pensé que era lo mejor. Pero a sus 19 años, el joven japonés me conquisto con esas dos notas repetidas. Toca la primera reteniéndola y suave; la segunda más larga y más fuerte. La combinación le da relieve al conjunto y lo hace entendible https://www.youtube.com/watch?v=lZCZI_UT50w. Ese tema se queda en mi cabeza, después de escuchar los últimos acordes, y de regresar al trabajo.

13h30. Sigo trabajando.
Ahora voy a analizar los estados financieros del mes. Para eso, Mendelssohn y su famoso concierto para violín. Cuando lo oí por primera vez, sentí que había algo que se me hacía familiar. No podía poner el dedo sobre el renglón, hasta que habiéndolo escuchado muchas veces, lo entendí. El shtetl. El sonido del violín, la melancolía, la tristeza, la inspiración del Klezmer. Sólo pudo haber sido compuesta la obra por un judío alemán https://youtu.be/WPi7LrQ1rNg. Y qué mejor que escucharlo acompañado por los signos que describen los movimientos del gelt…

15h00. La comida.
Dvorak. Sinfonía desde el nuevo mundo https://youtu.be/VuaTY3zHO8Q. Los pobres estadunidenses no habían tenido un solo compositor de música clásica. Les hacía falta cultura, les hacía falta historia (estamos en 1890). Tuvieron la idea de invitar a Antonin Dvorak, un compositor checoslovaco a Nueva York para dirigir el Conservatorio Nacional de Música. Durante su estancia, compuso esta sinfonía que según él se inspira en las melodías de los negros y las de los indios americanos, mezclado con temas de su Bohemia natal. Claro que tienen cultura, les dijo: ¡sale de las plantaciones y de las reservas!
Los primeros tres movimientos acompañan la entrada, el plato principal y el postre. Para el café, escucho el cuarto, dirigido por ¡Dudamel! https://youtu.be/vHqtJH2f1Yk. Ese director venezolano, que creó las juventudes musicales bolivarianas, es el ídolo de todas la mujeres por su simpatiquísima personalidad.

16h30 a 19h00. Junta. Silencio, lo más importante en la música.

19h30 Regreso a casa.
Wagner: obertura de Tannhauser https://youtu.be/SRmCEGHt-Qk. Dicen que Wagner es mucho ruido. Sin embargo esta obertura empieza calmada, y así poco a poco voy despejándome de los asuntos mundanos que acabo de tratar: mi gerente de ventas está enojada con el contador; éste ya no aguanta la presión; el de sistemas está perdido en el espacio. Wagner me lleva lejos, en ese mundo fantástico en donde la diosa Venus manda, el erotismo prevalece y me prepara para una noche llena de emociones.

20h Me recibe mi esposa.
El Claro de Luna. Uno de tantos… el de Beethoven. Belleza pura. Felicidad por haber terminado un día más en esta tierra. Y para gozarlo al máximo, la llevo al piano, la ayudo a sentarse en el banco, le beso suavemente el cuello y empieza a tocarlo…

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