Una experiencia como agente de seguros

Por: Estrella

Hay vivencias, que no se borraran. Cómo olvidarlas si el cerebro la conserva mejor que un disco duro de una computadora.
Haciendo memoria de un caso ocurrido en los 80s, digna de haber sido investigada por aquel hábil detective de ficción Sherlock Holmes, cuyo razonamiento deductivo, hubiera pescado desde su inicio la tenebrosidad del caso.

En esa etapa centraba mi ferviente deseo de lograr una identidad emocional, una transformación positiva del amor, no permitir contagios de las malas relaciones; demostrando con fuerza, que, al dar, se solidifica el uno al otro.
En esos años, observaba a mi esposo en su trabajo; nació entonces en mí, la necesidad de convertirme en avatar; juntos abrir camino, alternar con las diferentes circunstancias propias del negocio de seguros con sus nombrados siniestros como; accidentes, hospitalizaciones, incendios, filtraciones de agua y hasta la muerte. E inicie mi labor con la atención a los asegurados, mientras el salía a visitarlos enfrentando las vicisitudes.
Comencé a apoyar con la prospectación; los primeros fueron, ¡los vecinos!, coincidiendo en el elevador, saludos matutinos algo de conversación, germinara con tiempo. El edificio era nuevo y nos encontrábamos frecuentemente a un Médico Psiquiatra, que salía atender sus pacientes del Hospital Español a la 8:00 AM, luego regresaba por la tarde, para su consulta privada, ahí mismo.
Después de 1 año, quería una póliza de Gastos Médicos Mayores, mostrando su interés en proteger a su mejor amiga; unos días después acordamos, visitarla juntos, para hacer la entrevista con el llenado de un cuestionario de salud habitual para poder dar el trámite.
Al entrar a la mansión de la Señora, se trataba de una mujer refinada, de facciones finas, de cabello rubio entrecano, que lucía bien a sus 50 años, casi en igualdad de su buen amigo el doctor. Al estrechar su mano, sentí su energía, algo que circulaba por sus venas, que se transmitía eléctricamente. De pronto percibí una suave voz que me alertaba … ¡cuidado! En fin… solo dentro de mí, creí haber percibido algo extraño, que no podría explicar. Al paso de 2 horas desapareció la duda.
Posteriormente al realizar el cuestionario médico, nos dio confianza el que ellos se abrieran, declarando las enfermedades que había tenido, citando los nombres de medicamentos, que dañaron su visión, por lo que tenía que usar gafas especiales de varias dioptrías, era curioso como tomaba una gran lupa apoyada de una lampara, para casos de lectura.
Como efectos secundarios; padecía en forma ocasional de una gastritis controlada con ranitidina. Nos compartió en una pequeña historia, sobre una cesárea, donde casi le cuesta la vida, con un bebe prematuro también con escasas posibilidades por su bajo peso de 1.300 kg, sobreviviendo a las crudezas de salud que después se convirtió en un orgullo de vida.
Su Medico amigo, nos proporcionó un amplio informe de sus diagnósticos, en papel membretado, todo esto lo enviamos a la aseguradora, pensamos que quizás, le pondrían una exclusión, o la rechazarían. Pero ¡sorpresa!, la Cía. solo le puso una exclusión temporal de la visión, además de un periodo de espera de 3 años por todas sus preexistencias. Fue de gran tranquilidad, tener plasmados sus antecedentes, punto básico para tener una excelente protección.
Transcurrieron los 3 años, todo seguía su curso, año con año, sin contratiempos con amabilidad social, envuelta en una superficial amistad. Cuando al cumplir el 4to aniversario, la póliza pagada por adelantado, como usualmente lo hacían. Nos avisaron por teléfono del ingreso de la Señora al Hospital más afamado de la ciudad. A lo cual notificamos a la Cia de Seguros. Había sido internada por un dolor agudo, algo relacionado con una aneurisma de la aorta abdominal.
Fuimos a visitarla al hospital, cuando al acercarnos al mostrador para preguntar el número de habitación, nos comenta-pregunta una enfermera así; ¡ah! ustedes vienen de la Cia de Seguros!?, me adelante, ¡Si Claro!, pero algo en nuestro interior dio un revuelco al corazón. Nos dieron en mano …”la Historia Clínica” . Rápidamente la escaneamos con la mirada, era un 2do intento de suicidio. Diagnóstico, y antecedentes que están fuera de cualquier cobertura de Seguros.
Nos miramos sorprendidos, devolvimos el expediente original, dimos las gracias, ahí se mostraba el número de habitación, como también aparecía el nombre de otro Psiquiatra renombrado, ¿¡Que extraño!? caminamos a encontrarla, pensando en la explicación que debíamos darle. De no cobertura. Al tratar de ingresar al cuarto, notamos la presencia de otras personas, que le estaban anunciando el fallecimiento de su madre que estaba internada en el área Psiquiátrica del Hospital Español.
Volvimos mi esposo y yo, intercambiamos miradas, no se necesitaban palabras, nos retiramos, comentamos ya en el auto, de esperar a que esto tomaría su tiempo, a la Cia le llegara la información médica directamente.
Al regreso a casa, consternados, necesitábamos hablar con el vecino, era definitivo reclamar; su mentira, engaño, premeditación, alevosía, ventaja, trampa; descargar toda la ira, sintiéndome arrepentida, culpable de haber influido en mi esposo, para incursionar en otros círculos sociales, ¡oh nooooooo! como pude ser tan ingenua. ¿Por qué no escuche mi voz interna?, eso que inexplicablemente nos sucede, ese 6to sentido, esos ángeles que nos previenen. ¡Lagrimas! no valían, solo de ver a mi esposo pensativo, que se tragaba su dolor por esta situación tan delicada.
Al entrar al edificio me dirigí al depto. del Médico, otra sorpresa, estaba reposando, convaleciendo un reciente infarto que había sufrido días antes, me informo su enfermera que lo cuidaba. No la escuche, me dirigí a verlo, a lo cual le reclame por su infamia, le exigí que hablara con su amiga, para notificarle que no le cubriría la Cia de Seguros. El asintió con la cara, con las manos me pedía calma y qué él lo arreglaría.
Regrese a casa, converse con mi esposo, pasaron 2 días, murió el vecino. Subsiguientemente 5 días más tarde, salió la paciente del hospital, sonó por la tarde el timbre telefónico, era ella, reclamando con voz de enojo, que no cubrió el seguro su hospitalización. Le pedí una cita para platicar al respecto, fui sola a visitarla, cometí el error de encararla, por sus antecedentes extremos.
Me preguntaba a mí misma, cómo se puede tratar con alguien que engaña. Ella, me amenazó invertir en el uso de todo su poder, le conteste con voz firme, serena; puede usted hacerlo, antes debo aclararle que poseo una copia de su expediente clínico, donde narra claramente lo ocurrido, si usted decide proceder igualmente presentare su reporte; no me importa lo que esto traiga como consecuencia, pero nos iremos juntas. Sali de su casa, reflexionando lo ocurrido, pasaron horas en esta pesadumbre. ¡De pronto! otra vez la voz interna…. “debes arreglar este asunto de forma pacífica, se trata de una enferma mental, ya no está su amigo, ese que la mantenía equilibrada y convencida de olvidar su pasado.
Dejé pasar 2 días, le pedí una nueva cita, volví a visitarla. Entre a su casa, me recibió despeinada, sin maquillaje, con una mirada fría, su mayordomo me ofreció un té, tome la tasa, pero no le di ni un sorbo, solo lo simule. Sentí claramente la desolación, la obscuridad de su vida, el sufrimiento, la negación de su realidad, hablé con ella largo tiempo, percibiendo en su mirada un cambio, mi concentración fue taaaan profunda para poder calmarla expresando mi comprensión por su tragedia. Sali despidiéndome, brotaron lágrimas de sus ojos. Igualmente agradecí su atención, conservaba en mi bolsa unos chocolates que ofrecí para endulzar su dolor, así simbolizar la paz que ese instante surgió.
Volví a casa, corrí a los brazos de mi esposo, que esperaba con angustia mi llegada. ¡Que confortable es sentirlo! estar juntos en todo esto.
Decidimos conservar su archivo por algunos años; 5 años más tarde ella murió.
¡Descanse en paz su alma!

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