Sólo escribir…

Por:Azul

El día amaneció perfecto, ni lluvioso, ni demasiado borchonoso, sin aires que te despeinan, ni fríos que te calan los huesos. Es esta época del año en la que no hace ni mucho frío ni mucho calor, solo de vez en cuando, aparece una pequeña brisa que refresca o un sol que calienta sin quemar y arder o un poco de lluvia que limpia la ciudad contaminada y alimenta los árboles sedientos. Daría todo para que así se quedara por el resto del año…

Hoy es domingo, un día sin obligaciones, sin rutinas, horarios y exigencias, un día solo para descansar y disfrutar del tiempo libre. La oferta de entretenimiento afuera es vasta… salir a correr, pasear al perro, organizar una parrillada en la casa para la familia o los amigos, comprar boletos para la película que se acaba de estrenar, o visitar el homenaje al pintor recientemente fallecido en el Palacio de Bellas Artes. Quedo muy tentada de acudir a la última porque tras la muerte de ese gran artista que en vida ya era grande, me parece que con su muerte se volverá una leyenda y definitivamente no quisiera perderme los homenajes que le están haciendo. Por otro lado también están los paseos domingueros en bicicleta por la bella Avenida Reforma para luego ir a comer en un restaurante que me recomendaron en la colonia Condesa, totalmente orgánico y vegetariano, con platillos alusivos a las diferentes épocas del año, hoy seguramente tendrán chiles en nogada (orgánicos por supuesto), y se me hacen agua a la boca sólo de pensar… Aunque las opciones son muchas mi decisión ya está tomada. Después de haber procastinado por semanas o meses el sentarme a escribir, definitivamente hoy me quedaré en la casa para cumplir mi propósito y aunque afuera el mundo me llama, los bares, teatros, conciertos y ballets internacionales, podrán esperar. Me quedaré entre cuatro paredes, sí yo sola con mis pensamientos. Me sentaré a escribir y daré riendas suelta a mi imaginación. Quiero soñar, fantasear, inventar, relatar, describir… Sé que para poder crear es preciso conocer mundo para plasmar mis experiencias vividas en el papel, sin embargo llega un momento en que si uno quiere realmente dedicarle el tiempo a la escritura tiene que sentarse frente a la pantalla y dejar que las palabras lleguen y que fluya la imaginación.
Decido entonces hacerlo, estoy convencida y a la vez emocionada del momento. Ya todo lo demás queda fuera de mi espectro. Busco la inspiración. Antes que nada el definir el tema. No quiero otro escrito más para que se quede atrapado en mi disco duro de la computadora, sin ver nunca la luz del día, esta vez no, pienso que será diferente, ahora lo publicaré en una revista o lo mandaré a los periódicos, alguien va a querer publicarlo, seguro lograré que se interesen por mi texto. Quizá si logro plasmar lo que le pasa a los que queremos escribir, muchos se identificarán con mis ideas, no serán solo elocubraciones de mi cabeza sino un relato muy apegado a la realidad de quienes escriben. Sí esto haré. Escribir… esta pasión que te transporta, que te relaja, que te ocupa y te cura del dolor del alma, de la tristeza, de la agitación, de barullo de la calle, de la correría del día a día, de la saturación de la televisión, del uso desmedido del celular y de las redes sociales que nos atrapan cada día más y ya no nos dejan respirar. Escribir trae tranquilidad después de un día agitado, aquieta la mente, transforma la imaginación en realidad, plasma en un plano concreto lo que nos preocupa y trae en este ejercicio de reflexión pausada, respuestas a inquietudes que nos ocupan. Porque cuando escribo entiendo, me entiendo, exploro lo desconocido, conozco y reconozco. Escribir es también una catarsis, un desahogo, una explosión de lo que uno trae adentro.
Y para lograrlo, simplemente hay que dejar fluir, dejar que salgan las palabras, que se conjuguen los verbos y se formen las frases. Unas tras otras hasta crear un párrafo que se transforma en hoja, luego en capítulo y porque no también, si uno logra tejer un pensamiento con otro, una idea con otra y crear una secuencia sostenible, transformarlo en libro. En cuanto al género de lo que escribiré necesito escoger entre descripciones del día a día, lo que me pasa, lo que veo, lo que experimento o decidirme por la poesía y ponerme a componer rimas perfectas. En la gran lista de opciones están relatos que cuentan historias extraordinarias, o las historias de terror y también las fantásticas que nos transportan al mundo de la imaginación. Porqué no también las historias de suspense, las de misterio, o un romance, una tragedia, o quizá, si me pongo muy valiente decidirme por mi autobiografía, abrir mi mundo íntimo y compartir mis historias, mis propios miedos, sueños, anhelos, traumas, dolores, logros y vivencias… volverme un libro abierto sin miedo de lo que dirán.
Las opciones son muchas, las posibilidades infinitas… miro la pantalla en blanco que me desafía, me reta pero que también me invita… aprieto la primera tecla, escribo, borro, corrijo, quito, pongo, escribo más, pasan los minutos, las horas, sigo escribiendo. Pero no me gusta, borro todo. Me levanto, voy por un cigarro pero recuerdo que ya deje de fumar, agarro el electrónico pero tampoco lo utilizo porque ya me dijeron que es igual de malo para la salud, no encuentro escapatoria, me siento otra vez frente a la pantalla y vuelvo a empezar desde cero. Me concentro más esta vez, ya no escucho nada afuera, sólo estamos las palabras y yo. Empiezo a crear, esto sí me gusta, me gusta cada vez más, me convence, me atrapa, me siento satisfecha, aunque quizá todavía lo podría mejorar más. Hago un último esfuerzo, en esto me acuerdo de ideas que se me ocurrieron mientras me transportaba del trabajo a la casa y que garabateé en unos papeles de reciclado, voy por ellas, las incluyo, trato de enriquecer mi relato… sigo escribiendo de un jalón, sin parar, sin treguas, sin descanso. Al cabo de unas cuantas horas, las principales ideas están ya en la pantalla pero reviso cien veces cada palabra, quito algunas, añado otras. Cambio totalmente el sentido de un párrafo, corrijo, pongo bien los acentos, substituyo otras palabras, encuentro adjetivos más adecuados para describir cada situación. El tiempo se estaciona para mí, no me percato de nada más, si ya se puso el sol, si es de día o de noche, si hay que darle de comer al perro, si tengo mensajes que contestar, soy totalmente presa de mi texto, de lo que escribo, de las palabras y de los sentidos que aquí expreso. Y cuando menos lo espero pongo el punto final. Firmo mi nombre, especifico la fecha. Y ahora la pregunta más importante: ¿qué haré con esto? La idea de participar en aquél reconocido Certamen Literario me regresa con fuerza. ¡Cuanto me encantaría llevarme un premio, o aunque sea alguna mención pero sobretodo que le guste a la gente que lo lea, que no se quede sin ser leído por nadie y que le haga sentido a otros! Y si no llega el premio cuando menos reconozco que a mí ya me sirvió, me ocupó, me relajó, me apasionó, me hizo pasar mi domingo acompañada de mis letras y sin el menor remordimiento de no atender a todo lo que me llama afuera. Porqué escribir para mí… solo escribir, lo es todo. Y aunque solo con esto ya estoy satisfecha, las ganas de compartirlo me vencen, invento un pseudónimo, le doy click al botón para enviar el documento, cierro los ojos contenta de mi decisión… pero en este preciso instante mi cabeza se conecta con el siguiente escrito, las ideas me asaltan, me vuelvo a sentar frente a la pantalla en blanco y la historia recomienza.

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