Cinco minutos…

Por: Davinovich

Dicen los que lo vivieron, que la vida no siempre termina con la muerte. Algunos pasan 5 minutos en otra dimensión y regresan. Yo supe una historia, no es como la historia que dicen que le sucedió al amigo de un amigo, esto le pasó a mi abuelito David, el papá de mi papá hace varios años; yo lo supe porque es un relato que en las reuniones familiares comentamos como un milagro.

A los 38 años, después de hacer un coraje muy fuerte en su fábrica, le dio un dolor de estómago tan fuerte que decidió ir al hospital.
Después de muchos estudios, los doctores le dijeron a mi abuelita Vicky que mi abuelito tenía pancreatitis, la cual es una enfermedad muy delicada. Lo internaron en el hospital en terapia intensiva, donde estuvo muchos meses, ya que poco a poco se le detectaban más y diferentes infecciones.
Mi abuelito permanecía aislado en la sala de terapia la mayoría del tiempo, y solo se permitían dos visitas al día de media hora. En ocasiones mi abuelito estando sedado escuchaba a las enfermeras hacer apuestas de si pasaba esa noche o moría. También, cuando cambiaban las sábanas, en ocasiones, lo dejaban en el piso. Él se daba cuenta de lo que estaba pasando pero estaba sedado y no podía hablar.
Tuvo siete cirugías en dos meses y dos paros respiratorios, en uno de ellos los doctores le declararon clínicamente muerto. Ninguno de mis familiares se enteró, solo los doctores que lo atendían los cuales, antes de dar la noticia los familiares, lo iban a declarar oficialmente muerto. De repente, después de 5 minutos (esto lo supe
por relato directo) mi abuelito comenta que vio una luz y creyó que estaba en el cielo e iba caminando hacia ella; de pronto, sintió que regresó al hospital. Se dio cuenta que Dios le había dado una segunda oportunidad y que no podía dejar este mundo porque su misión apenas estaba empezando, ya que mi papá tenía apenas 15 años, mi tía Grace 13 años y mi tía Ellen 10 años.
Cuando mostró una ligera mejoría, los doctores, junto con mi abuelita, tomaron la decisión de llévaselo en un avión ambulancia a San Diego. Ahí fue mejorando cada vez más. Le pasaban videos de sus hijos para que “le echara ganas” y mejorara todavía más rápido. Después de estar 8 meses hospitalizado lo dieron de alta. Ahora tenía que tomar mucha rehabilitación para ejercitar todos los músculos de su cuerpo, ya que al estar en una cama de hospital durante 8 meses, éstos perdieron casi toda la fuerza.
Al llegar a México quiso inmediatamente regresar a trabajar pero se topó con la noticia de que su fábrica estaba casi quebrada ya que durante 8 meses nadie la supo trabajar como él lo hacía. Con todas las ganas y ayuda de sus proveedores, poco a poco puso de pie su fábrica de colchones otra vez.
Ahora, después de 19 años, mi abuelito vio crecer a sus hijos y vio nacer a sus nietos y por supuesto que él siempre ve la vida de otra manera, no deja de decir que vive una segunda oportunidad y nos relata su experiencia con alegría, pero siempre diciéndonos que nosotros debemos aprovechar siempre la primera oportunidad y hacerla durar más de cinco minutos.

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