Una Sucá inesperada

Por:La princesa corazón

¡Hola, cómo están! Yo soy Daniela y les voy a contar una historia fascinante acerca de la casa de mis bisabuelos Teresa y Marcos. Ella era una mujer muy generosa. Un día, un señor vio por afuera la Sucá que había en la casa de mis bisabuelos y dijo:

– ¡Wow! ¡Qué Sucá tan grande! Voy a tocar, a ver si me reciben en esta casa para Sucot. Así lo hizo y Teresa, que siempre recibía a sus invitados con una alegría que es difícil imaginar, le abrió y preguntó qué se le ofrecía. Con mucha pena el hombre respondió:
– Es que…. ¿sabe qué? Yo nunca he podido cumplir la Mitzvá de una Sucá y vi la suya y… me preguntaba si podría venir en Sucot a su hermosa Sucá. D-s no me ha dado la Berajá para hacerla porque no tengo el dinero. No la conozco, pero siento que usted es una buena persona.
– ¡Sí, claro! – dijo Teresa con todo su entusiasmo. – Para mí es un honor poder ayudarlo a que cumpla la Mitzvá. Me llena de orgullo poder hacer una Mitzvá como Abraham Avinu. Gracias por confiar en mí, lo espero hoy en la noche.
El señor corrió a su casa a prepararse, con mucha emoción y agradeciéndole a Dios por ayudarlo. Al llegar la noche, llegó a la casa de Teresa y se sorprendió: nunca había visto una mesa tan bonita como esta. Durante todos los años siguientes siguió yendo hasta que se volvieron buenos amigos.
Cuatro años después de que pasara esto, Teresa le dijo a su esposo:
– Marcos, hay mucha gente que no puede pagar un banquete, así que, qué te parece si hacemos la Sucá de toda la comunidad.
Marcos respondió:
– ¡Qué gran idea! Puedo trabajar como 3 horas extra a la semana para poder hacerlo.
.Teresa pensó en lo afortunada que era por haberse casado con un gran hombre. También Marcos pensaba lo mismo de ella, que era un gran mujer.
– Vamos a preguntarle al rabino.
Llegaron con el rabino y expresaron sus preguntas:
– Hola rabino. Estamos aquí porque queremos hacer la Sucá de toda la comunidad en nuestra casa.
Perdón por decirles, pero no me parece una buena idea. Mi respuesta es un no, lo siento.
Ellos se fueron desilusionados a su casa. Al otro día, cuando Marcos llegó a su casa, le dijo a su esposa muy preocupado:
– Qué crees mi amor, me despidieron de mi trabajo. Dicen que ya consiguieron mejores trabajadores que yo.
– Ve y demuéstrales lo que eres capaz de hacer – respondió Teresa muy enojada – y si no te valoran, no vale la pena continuar en ese trabajo.
. Los dos fueron al trabajo y después de escucharlo, el jefe le dijo:
– Tienes un día para hacer un trabajo.
Hizo un trabajo extraordinario todo el día. Tan es así, que recibió un sueldo de $8,000 pesos por día. Entonces fueron con el rabino y lo convencieron. Le dijeron que había recibido mucho más sueldo y que podían comprar comida kosher y hacer la Sucá lo triple de grande que la anterior.
Cuando llegó Sucot, hicieron una Sucá muy grande y disfrutaron todos juntos y con toda la comunidad 15 años de esa Sucá. Veintiocho años después, fue la Shiba Berajot del hijo del rabino Anidjar y la hija del rabino Abishai de Miami. Fue en casa de mis bisabuelos y todos contaban que eran grandes personas y contaron historias fascinantes sobre ellos y su casa. Y aunque ya murieron, siempre los recordaremos como gente luchadora.
Moraleja: siempre hay que ayudar, hay que echarle ganas a lo que quieres lograr, no rendirte y siempre recibir a tus invitados con alegría, aunque tengas que trabajar mucho para hacerlo.

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