El milagro prematuro

Por: Charola

Les quiero contar una historia que a mí me gustó mucho.
Hace mucho tiempo, en 1965, mi abuela estaba embarazada. Cuando tenía 5 meses, de repente le empezaron unos dolores tan fuertes que fue al hospital. Ahí le dijeron que tenía contracciones.
Estuvo varios días internada hasta que el doctor le dijo a mi abuelo:

-Tiene que tomar una decisión. Si no operamos a su esposa ahora, ella corre peligro, pero si lo hacemos, lo más probable es que no se salve el bebé porque es muy pequeño ¿qué hacemos?
Mi abuelo estaba muy nervioso y no sabía qué decirle, pero pensó, “lo más importante es que se salve mi esposa”, así que le dijo al médico:
-Adelante, háganlo. Opérenla.
En la sala de espera, el tiempo pasaba lento, los minutos pasaban como horas.
Mi abuelo empezó a pedirle a D-os que todo saliera bien.
Cuando terminó la operación y el médico salió del quirófano, mi abuelo corrió hacia él:
– ¿Cómo salió todo?
El cirujano le contestó que había una muy buena noticia: ¡Se habían salvado los dos! ¡Qué emoción!
El bebé tuvo que estar en la incubadora por tres meses. Mi abuela me contó que era chiquitito. Me impresioné mucho cuando me dijo que era tan pequeño que cabía en una caja de zapatos, ¡imagínense! Tenía que ir a diario a darle leche y tuvo que tomar un curso para saber cómo bañarlo, cómo cambiarle sus pañales, cómo vestirlo, en fin, cómo cuidarlo. Sin embargo, valió la pena el esfuerzo porque el bebé creció fuerte y sano.
Cuando mi abuela me la contó, me dijo que esta historia era especial y muy valiosa para mí. En ese momento yo no entendí de qué estaba hablando. Sí, gracias a D-os tuvo un final feliz, pero ¿por qué era tan importante? Cuando ya me iba de su casa me dijo:
– ¿Sabes quién era ese bebé? Tu papá.

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