La sonrisa

Por: La reina de los chochitos

Hola, yo les quiero compartir algo que me pasó a mí y a mi familia.
Mi papá conoció a un rabino muy buena onda, chistoso y amable. Como a mi papá le cayó muy bien, lo invitó a pasar Shabat en mi casa. Ese Shabat fue inolvidable y muy divertido: jugamos juegos de mesa, platicamos, nos contó unos chistes muy chistosos y todos nos reímos muchísimo. Ese rabino es papá de un cantante muy famoso y nos cantó una de sus canciones.

Tiempo después, durante el verano pasado, mi familia y yo nos fuimos a Israel y quedamos de ver a ese rabino en un supermercado y vimos que tenía un carrito lleno de comida y dulces: eran tantas cosas que hasta se habían caído al suelo del estacionamiento. De repente, el rabino empezó a meter todo a nuestro coche. ¡Había comprado todo eso para nosotros! ¡estábamos felices! Luego fuimos a un restaurante delicioso. Al terminar, fuimos a caminar y tomamos unos jugos muy ricos. Fue un día maravilloso.
Después de una semana nos fuimos a otro hotel y junto al hotel estaba un viejito pobre que siempre se acostaba en la calle y se dormía solamente con un cojín que parecía muy viejo y una cobija sucia. Tenía una cara de inmensa tristeza.
Cuando ya nos íbamos a regresar a México nos dimos cuenta de que nos había sobrado muchísima comida de la que el rabino nos había regalado. Era tanta que ya no nos cabía en las maletas. No sabíamos qué hacer con toda esa comida y no la queríamos tirar al bote de basura. Entonces a mí se me ocurrió dársela al viejito pobre.
Fuimos a darle fruta, pero estaba dormido; se la dejamos junto a él y así no lo avergonzamos. Al siguiente día, le fuimos a dar pan y ahora sí estaba despierto. Cuando se lo dimos le dijimos que todo estaba limpio. Entonces vimos su hermosa sonrisa de agradecimiento. Mi familia y yo también estábamos muy felices por haber ayudado a una persona necesitada y darle un momento

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