Alcanzando los sueños

Por: GVG

Había una vez, un niño llamado Roberto. Él era argentino, tenía 10 años, sus papás lo abandonaron cuando era chico y era muy pobre. Le gustaba el fútbol y su sueño era ser futbolista profesional, pero no tenía dinero para entrar a una academia; apenas le alcanzaba para comer. Para sobrevivir vendía mazapanes y en las noches se iba a dormir a un gimnasio que siempre estaba abierto.

Un día empezó a llover muy fuerte, Roberto tenía que caminar mucho para poder llegar al gimnasio. Mientras iba caminando pasó un coche rojo a su lado y se frenó al ver que había un niño solo caminando por la lluvia.
Del coche rojo se bajó un señor y le preguntó: ¿Qué haces solo caminando por la lluvia?… ¿En dónde están tus papás?… Roberto le contó que sus papás lo habían abandonado y que estaba camino al gimnasio para irse a dormir. El señor le dijo que fuera a su casa, que lo invitaba a dormir en lo que le encontraba un hogar.
Cuando llegaron a la casa todos se presentaron, la familia Philiphs, el señor se llamaba Alfonso, la señora Hilda, y su hijo Peter. Alfonso le dijo a Roberto que lo iban a meter a la escuela y él aceptó, pero la verdad es que Roberto nunca había ido a una escuela, pero aceptó porque sabía que era un obstáculo para poder jugar futbol.
En la escuela estuvo todo el día con Peter, aprendió, se divirtió, pero se le había dificultado mucho, aunque sus maestros lo habían ayudado. Cuando llegó a la casa de los Philiphs le dijeron que lo iban a adoptar. Roberto estaba muy contento porque le gustaba esa familia, también le dieron otra noticia, ellos ya sabían que le encantaba el fútbol por lo que lo iban a meter a una academia. Se emocionó tanto que les agradeció como nunca lo había hecho.
Después de ir a la escuela, Roberto llegó a su primer entrenamiento, los Cocoteros de Buenos Aires. Él no sabía jugar muy bien, pero los otros niños sí, él era el peor de su equipo. Mientras entrenaba, Peter lo estaba grabando desde las gradas. Cuando acabó su entrenamiento Roberto estaba muy triste porque lo habían molestado diciéndole que era el peor del equipo; entonces entre Peter e Hilda le quitaron ese pensamiento de la cabeza y él empezó a mejorar.
Llegó su primer partido, empezó en la banca, estaba muy desilusionado pero al minuto 60, el delantero central se lesionó; era la misma posición que jugaba Roberto, entró, metió gol y su equipo ganó. Todos lo felicitaron por el buen partido que había tenido. Llegó a su casa y le hicieron una fiesta por su desempeño, comieron pastel, jugaron y se divirtieron. Estaba muy cansado pero contento, entonces se fue a dormir.
Poco a poco fue sumando más minutos y a mitad de año ya era el mejor de su equipo; empezó a ser titular en todos los partidos, a meter gol en todos los partidos; hasta se convirtió en el capitán. A final del año le dieron una beca para entrar en las fuerzas básicas del Boca Junior. Roberto aceptó porque sus calificaciones habían subido y la familia Philips, ahora su familia, lo apoyó.
Roberto subió su nivel. Su familia estaba muy contenta pues lo empezaban a llamar “el jugador franquicia” para el futuro de Argentina. Estaba muy contento y nunca volvió a sentirse solo después de que los Philiphs, su familia lo adoptaron.

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