Una misión para vivir

Por: Chiniguas

Hola, mi nombre es Mike, tengo 28 años, vivo en México y no sé qué es lo que tengo.
A los 25 años, me pasó algo muy extraño, iba caminando rumbo a la biblioteca de la universidad para hacer un proyecto en la computadora, encendí el ordenador y al tocar la tecla de “enter” sentí una descarga eléctrica que pasó por todo mi cuerpo y el equipo explotó; en ese momento, un fuerte escalofrío recorrió mi ser e inmediatamente desapareció.

A la mañana siguiente, en la universidad, un compañero me pidió que si le podía pasar su telefono y lo hice rapidísimo, al grado que no sabía qué estaba pasando en ese momento conmigo ya que me sentí con demasiada energía. Fue muy extraño.
Desde ese momento, las horas parecían minutos y los minutos, segundos. Pasó un tiempo y volvió a suceder algo inusual. Decidí comer algo así que fui a un restaurante a comprar una hamburguesa con queso, la recogí y caminé a mi casa ya que había quedado de jugar futbol con mis amigos.
Al llegar a la cancha abrí mi comida, al darle una mordida, escuché el grito de una señora pidiendo ayuda porque la carreola de su bebé se estaba yendo por la colina, así que corrí para tratar de detenerla y de un pestañeo mis manos ya estaban en el manubrio del carrito del bebé. Nuevamente estaba sorprendido de la velocidad y energía que tenía. Sentí una adrenalina que corrió por todo mi cuerpo, al darme cuenta que toda la gente me observaba y me aplaudía… Sé que puede parecer sorprendente el nivel de energía que tengo, para mí lo es también, no entiendo ¿qué me está pasando?
Después de unos días de notar este extraño comportamiento, analicé todos los sucesos y decidí sacar un cita con el neurólogo para ver qué me estaba pasando. Me urgía una respuesta.
Pasaron tres días y por fin llegó mi cita con el especialista, le conté mi historia y todo lo que me había sucedido. Al ver su cara, mientras yo hablaba, me daba cuenta que el doctor no podía dar crédito a semejante suceso, por lo que después de pensarlo varios minutos, me dijo:
-Necesitas hacerte unos estudios especiales, además de tomar unas píldoras que te ayudarán a relajarte.
Él creía que yo lo estaba inventando.
Salí muy molesto del consultorio del médico ya que no podía soportar la idea de que el doctor pensara que estaba loco o estresado; yo seguía teniendo momentos de energía incontrolable.
Después de pensarlo mucho tiempo, decidí tomar las pastillas para demostrarle al doctor que su diagnóstico era incorrecto y que en verdad yo tenía algo en mi cuerpo… ¡Tenía que dar una solución a este pavoroso problema!
Los días pasaban y el medicamento no hacía nada, no notaba mejoría, al contrario mi cuerpo seguía teniendo momentos de energía extrema y conforme el paso del tiempo eran más frecuentes. Pero lo peor de mí situación estaba por llegar, hasta la fecha sigo sin entender cómo sobreviví a ese espantoso día… Odio recordarlo… Odio el 17 de diciembre.
El 16 de diciembre a las 11:53 p.m., estando a siete minutos de cumplir años, empecé a sentir la sensación que tanto me estaba preocupando. Tuve una necesidad de correr, gritar y brincar como nunca antes había tenido. Mi cuerpo se volvió loco y empecé a correr por toda mi casa hasta que de manera inconsciente abrí la puerta, crucé la calle y repentinamente sentí un golpe de mi lado izquierdo que me hizo estrellarme contra la pared y estallar… Lo último que recuerdo fue un dolor intenso en la cabeza y aunque grité para pedir ayuda, mi voz nunca salió… Estoy inconsciente, necesito ayuda y todos están dormidos…
-¿Qué pasó? ¿Qué me golpeó? ¿Qué me sucede?
Pareciera que casi no sobrevivo, desperté desorientado, lo que alcancé a ver fue a una persona tratando de ayudar.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien? -me dijo.
-¿Quién eres? -respondí.
-Quiero ayudarte, solo te vi corriendo y después recibiste un golpe muy fuerte en tu cadera -me dijo asustado
-Eso sí lo recuerdo pero después de eso, todo lo tengo borrado de mi memoria – contesté aturdido.
-Te voy a llevar a tu casa para que descanses -me dijo amablemente y me ayudó a levantarme.
-Esta bien, gracias.
Al llegar a casa le agradecí mucho y me quedé dormido el resto del día.
Después de un largo tiempo del suceso logré pensar tranquilamente y me dije:
-Noto que tengo mucha energía, he logrado desplazarme más rápido de lo normal, siento que tengo demasiada fuerza y aunque sigo sin entender qué es lo que me sucede y por qué me está pasando esto, lo que sí sé es que tengo que hacer un cambio significativo en mi vida, voy a buscar un lugar en la sociedad donde pueda desarrollar mis habilidades de manera adecuada.
Comencé a investigar cómo enfocar mi energía y mi mente y me sobrevino una idea ¡¡Ayudar a los demás!! Decidí enfocarme en algo, me puse a pensar y dije -tengo que ser más empático, soy muy afortunado con todo lo que tengo y hay gente que no lo es.
Mientras buscaba qué podía hacer para ayudar, descubrí que podía dedicar mi tiempo al altruismo, me interesé mucho en el tema, algo me decía que esto era para mi, ya que desde pequeño sentía la necesidad de ayudar, de hacer una buena acción por alguien cada día…
Así, cierto día, iba caminando por la calle, cuando escuché a un niño sollozar, atento, busqué de dónde provenía el llanto y llegué a un barranco, en el fondo vi a un niño, con la ropa rota y llorando, cuando yo lo vi mis ojos se desvanecieron totalmente y sentí una necesidad de hacer algo por él; rápidamente sentí como mi sangre corría por mi cuerpo, me llené de adrenalina y sin pensarlo logré bajar al fondo del barranco.
Me acerqué a él y le dije:
-¿Te encuentras bien?
-No, me lastimé la rodilla, no tengo nada estoy solo -me dijo llorando
Me senté a lado suyo y una lágrima salió de mis ojos, lo llevé en mis brazos y en unos instantes ya estábamos en el hospital. Los doctores me agradecieron demasiado, yo estaba sumamente feliz de que el niño logró curarse gracias a mi ayuda.

Pasaron muchos sucesos donde yo pude ayudar a la gente y cada vez que ocurría esto sentía una alegría y satisfacción imposible de sustituir o igualar, así que decidí poner manos a la obra y abrir mi fundación para poder ayudar a todos los niños que requieren un impulso o apoyo para poder salir adelante.
Me puse a pensar en el nombre de la fundación y decidí llamarla “Fundación ENERGÍA EXTREMA” así que inicié todos los trámites asesorandome con personas expertas en el tema y de esta forma conocí que muchas personas también se dedican a ayudar y a regresar a la sociedad un poco de lo que han recibido. El trámite, a pesar de que fue largo, valió la pena ya que logré arrancar las actividades de mi fundación.
Ahí conocí a Roberto, nunca lo olvidaré, era un muchacho alto, de pelo güero, flaquito, con muchas ganas de vivir y de salir adelante, ya que es huérfano. Pero lo mejor del caso, con mucho orgullo, es que sufre lo mismo que yo, tiene la misma necesidad de ayudar y servir a toda persona que requiera apoyo. Cuando nos conocimos, lo primero que dijo es que le estaba buscando un lugar en el que pudiera realizarse como persona realizando actividades de ayuda a la sociedad ya que tenía lo mismo que yo… ENERGÍA EXTREMA!!!
Roberto y yo decidimos asociarnos y decidimos seguir tres pasos para nuestras actividades:
1) Somos una fundación abierta a ayudar a todas las personas sin discriminar por raza, creencias, gustos, etc.
2) Buscar a más personas como nosotros que tengan en su interior ENERGíA EXTREMA para ayudarlos a enfocar lo que tienen en hacer el bien y no en actividades que dañen a la sociedad.
3) Nacimos para ayudar y morimos para ayudar pero el compromiso no es solo con la sociedad, también es con nosotros para ser hombres de bien y tener una vida plena y sana

A partir de ese momento, la fundación empezó a crecer y cerramos nuestro primer año ayudando a más de 325 personas, de las cuales el 80% eran niños que no contaban con apoyo, no solo económico, para salir adelante.
Este año, queremos lograr nuestro “Apoyo 1000”, con lo que estaremos logrando uno de los objetivos que Roberto y yo nos propusimos cuando decidimos iniciar con ENERGíA EXTREMA.
Hoy tengo 28 años, toda una vida por delante, y me siento cada día más contento y agradecido de tener esta gran enfermedad que me ha llevado a ser la persona que soy hoy.

“Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida” Albert Einstein

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