¿En qué me metí?

Por: Miss Lupita

Y vivimos felices para siempre…
¿Quiénes? Estás a punto de descubrirlo.
Hola, soy Ian. Tengo siete años. Vivo con mi mamá, la Sra. Sánchez, con mi papá, el Sr. Ramírez y mi abuela a la que le llamo “Abu”. Curso clases en línea, por lo que no voy a la escuela y mi sueño más grande siempre ha sido ser un espía encubierto, ¡Internacionalmente reconocido! Pero falta mucho para cumplir ese sueño, así que siempre espío a mi Abu.

Querida Abu, si estás leyendo esto quiero decirte que estás…¡LOCA! Así es. La he cachado haciendo cosas muy raras: comiéndose los mocos, tratando de bailar Break Dance y hasta hablando con su propio televisor.
Cierto día, por la mañana escuché unos gritos:
– ¡NOOOOOOOO! -gritó Abu.
Fui corriendo hacia su recámara y noté que había un espacio vacío, ¡ERA DONDE ESTABA SU VIEJO TELEVISOR! Fue ahí cuando supe que era la oportunidad perfecta para empezar mi exitosa carrera como un espía encubierto.
Así, al día siguiente me desperté muy temprano en la mañana pensando en el vestuario adecuado para esta misión. Fui a mi clóset para ver qué encontraba. Se me ocurrió la mejor idea de vestuario que he tenido: transformé un viejo gorro negro que me había tejido mi Abu. Fui a la cocina por unas tijeras, le corté dos hoyos a la altura de mis ojos para poder ver, quedó genial.
No obstante, en lo único malo que pensaba, era en lo que pasaría si me cachaban a media noche en el patio de mi casa “espiando”. Aunque finalmente pensé que no importaba porque sé que no pasará.
Cuando estaba preparando mis cosas para salir al patio, mi mamá me volteó a ver, hubo un silencio incómodo. Antes de que ella preguntara, le dije que estaba empacando cosas para ir a casa de mi mejor amigo Tony. Mamá, respondió: “Ok, está bien”. Ahí comenzó mi primera misión.
Mordiéndome las uñas de nervios, me oculté detrás de la vieja maceta de mi Abu, alcancé a escuchar unos ruidos que venían de la cosecha de zanahorias de mi Abu. Cuidadosamente me dirigí hacia ahí. Volví a escuchar los mismos ruidos detrás de mí, muy aterrorizado volteé lentamente y…
-¡AHHHHHHHHH!- tan sólo era una gallina. Seguí caminando. Me encontré con una de mis peores pesadillas: mi prima Brenda. Ella me amenazó diciéndome que si no regresaba a casa me iba a acusar con Abu, pero yo, confiando en que no era muy capaz de hacerlo, la ignoré y seguí con mi misión.
Volví a escuchar los mismos ruidos de antes y volteé atemorizado nuevamente y -¡AHHHHH!- era mi abuela. Me agarró de la oreja y me llevó a casa. Ya odiaba a mi prima Brenda, pero en ese momento me di cuenta de que la odiaba profundamente porque sabía que había sido ella quien me acusó con Abu.
Al día siguiente, yo ya tenía el peor castigo: ¡Me tenía que quedar a dormir una noche en la casa de Brenda! Me quedé boquiabierto cuando mi mamá me dijo que empezara a empacar la ropa para irme a la casa de mi prima.
Cuando empecé a empacar, se me ocurrió la mejor idea que pudo haber existido en este mundo: guardaría cosas para hacerle bromas a Brenda, pero nuevamente, no dejaba de pensar en las malas consecuencias: -¿Y si culpo al primo Óscar?, por si no lo había mencionado antes, el primo Óscar es igual de insoportable que Brenda.
En fin, nos fuimos a la casa de mis primos que viven enfrente de mi casa y llegó el momento que todos estábamos esperando: la tía Mila le dio el beso de buenas noches a Brenda y a Óscar. Ellos se quedaron dormidos, justo cuando prepararía las bromas, me di cuenta de que la prima Brenda, antes de dormir, estaba viendo un programa de televisión, se me hizo muy raro porque hace una semana yo había ido a su casa y en su cuarto no había una televisión. Por quedarme pensando en ello, no pude hacer las bromas, pero descubrí que Brenda había sido quien robó el viejo televisor de Abu y por suerte tenía pruebas contra ella.

Fui a mi casa y les conté todos esos detalles a mis papás y a Abu. Esta última, muy enojada, fue a casa de mis primos para darle una buena lección a Brenda por haber robado su televisión.

Brenda lo reconoció. ¡Se lo confesó a sus papás! Terminó seriamente castigada. La abuela quedó muy feliz con su televisor. Yo les demostré a todos que podía ser un muy buen agente secreto. ¿Ahora si entienden por qué vivimos felices para siempre?

FIN.

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