Una doble vida

Por: Ritush

Nunca había sentido un dolor tan fuerte como este. El muslo de mi pierna derecha arde muchísimo. Cuando toco la herida, mi mano queda ensangrentada. Incluso, cuando intento ver la hora en mi reloj, noto que también está manchado de rojo, con mi otra mano lo limpio, alcanzo a distinguir que son las 8:30 p.m. del 10 de septiembre del 2019.

Cierro los ojos para intentar concentrarme en algo distinto al malestar. Parece que da resultado, pues, de repente, un año de mi vida retrocede. Aparezco en la preparatoria, con mis amigas y en la clase de matemáticas. El reloj con forma de balón deportivo que cuelga de una de las paredes del salón indica que son las 9:30 a.m. De reojo veo escrita la fecha en mi cuaderno es el 15 de junio del 2018. Rápidamente reviso mi muslo, no encuentro ninguna anomalía. Sin poder evitarlo, gritó:
-¿qué está pasando?, ¿qué hago aquí?
Mi maestro no entiende por qué estoy tan angustiada. Le pide ayuda al director, quien a su vez llama a mis padres. Dado que ellos son espías, pienso: “son los únicos que pueden ayudarme a resolver este misterio”. Cuando al fin llegaron a la escuela, les dije:
-Mamá, papá…. -Ellos me interrumpieron y susurraron:
-Hija, eres una espía. Estabas en una misión cuando te lastimaron la pierna. Tras la revelación, toda mi vida cambió.
Mis papás me explicaron que los espías tenemos un chip incrustado en el cerebro que nos permite viajar en el tiempo con solo desearlo. Contar con dicho recurso ha salvado la vida de muchos espías. Quiero regresar al momento en que me hirieron, pero mi mamá me aconsejó que antes debo ejercitar mi cuerpo para que cuando me hieran tenga una excelente condición física. Así que, aquí estoy a mis 19 años invirtiendo mucho tiempo de mi vida en el gimnasio, en vez de salir a divertirme.
Por su parte, mi papá, me explicó que cuando uno viaja en el tiempo muchas cosas se olvidan. Me puso al tanto de que me lastimó un malhechor llamado Santiago, a quien apodan “El Santi”.
He entrenado alrededor de ocho meses mi cuerpo, así que falta poco tiempo para estar en forma y viajar en el tiempo para intentar atraparlo. Está programado un concierto de Taylor Swift en diciembre de 2021. Mis papás tienen información clasificada de que el “El Santi” intentará robarle sus joyas a Taylor durante el evento, pues estará infiltrado como el responsable del sonido. Yo estaré ahí para impedirlo, seré una de sus muchas bailarinas.
Al fin ha llegado el día. En una mochila he acomodado un gas pimienta y unas esposas. No suelo usar armas porque considero que personas inocentes pueden salir heridas. Así que un año de gimnasio y de entrenamiento Krav Magá deben ser suficientes. Aprieto mis ojos con fuerza, me concentro lo más que puedo, imagino el concierto. Cuando vuelvo a abrirlos, de inmediato, procuro seguir la rutina de baile de las demás mujeres que acompañan en el escenario a Swift. Wow, ahora tengo 22 años y mucha fortaleza física, no me resulta difícil seguir el ritmo de las bailarinas durante varias canciones.
Busco con la mirada a “El Santi”, pero no lo encuentro. Él me encuentra primero a mí. Desde lejos me observa con odio. Noto que lleva un arma. ¡Vaya inconsciencia! Conociéndolo no le importará afectar al público. Debo actuar con rapidez. Aprovecho que nos suben por el aire con un arnés para quedar a la altura del equipo de sonido. En respuesta, él intenta correr hacia la artista, quien luce unas joyas valuadas en millones de dólares. Yo, oprimo el botón de seguridad de mi arnés para abrirlo y caigo encima de él. Me cuesta trabajo quitarle el arma que tenía en su mano, la aviento hacia el escenario, alguien de la producción la recoge rápidamente del suelo. Yo respiro aliviada, las personas ya no corren peligro. Ahora sí me dedico a someterlo, “El Santi”, es fuerte, pero yo lo supero en agilidad y en técnica de combate. Después de unos minutos, él implora clemencia pues el gas pimienta en sus ojos le arde muchísimo. Colocarle las esposas me causa satisfacción. Él no lo sabe pero permanecerá el resto de su existencia en una cárcel de alta seguridad. En cuanto a mí, mi única angustia es decidir en qué época de mi vida quiero quedarme un tiempo. ¿Cómo seré a los 30, a los 40?, ¿Valdría la pena volver a gozar de mi infancia? En fin…debo pensarlo muy bien.

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