La última lágrima

Por: Sharon

Hace mucho tiempo en las décadas de los noventas había un señor que amaba a los niños, se llamaba Joe, ese señor ya estaba llegando a la vejez y cada vez que veía a un niño se acordaba de su infancia. Había tenido una infancia muy interesante pero a la vez muy rara… Él tenía un trabajo de niñero por su amor a los niños, y aceptaba ir a trabajar le pagaran o no. Cada vez que el señor Joe iba a trabajar se acordaba cada vez más de su infancia, pero la verdad a veces era un poco triste.

Había un niño que lo amaba porque estaba más tiempo con él que con sus papás, el niño se llamaba David. Un día el señor Joe le contó toda su infancia a David, la cual fue complicada, triste, rara pero a la vez fue interesante. Cuando el señor Joe era chiquito, en la escuela le hacían mucho bullying y además no tenía tan buena relación con sus papás porque siempre peleaban, a la vez que consumían sustancias prohibidas; regañaban mucho a Joe porque en la escuela él permitía que le hicieran bullying. En vez de que ellos lo ayudaran, lo regañaban más.
Así era toda su vida, era difícil. El señor Joe abandonó a los 18 años su hogar, dejó todo con tal de ya no ver más a sus padres. A pesar de que abandonó todo él nunca se rindió, nunca probó drogas y siguió adelante. Él no tenía un solo
peso, con lo único que se quedó fue con la ropa que tenía puesta el día que se fue.
Pasaron varios años y él seguía en la calle. De repente llegó un niño que tenía mucho dinero. Su nombre era Carlos. A él le daba mucha tristeza ver a personas pobres en la calle; y porque él valoraba mucho lo que tenía decidió junto con su papá apoyar a Joe como para que pudiera tener todo lo necesario. Por esa razón, lo cual es raro, todo su amor se lo dedica a los niños; es raro porque solo un niño le salvó la vida y él le tenía tanto amor a todos los niños.
Cuando el señor Joe le terminó de contar toda su infancia, a David le dio mucha tristeza y sin que el señor Joe se enterara, quería descubrir una manera de llegar más rápido a la vejez junto con el señor Joe. David descubrió drogas especiales, entonces se hizo pasar por un niño mayor de edad disfrazándose para que poderlas comprar. Joe no se podía enterar por nada y cuando le tocaba cuidar a David, David no estaba en la casa porque estaba comprando esas drogas.
Un día Joe decidió quedarse ahí y esperar a que llegara David porque no tenía idea de dónde podía estar un niño de 8 años solo. Mientras David de regreso no se iba a quitar el disfraz hasta que llegara a su casa, pero no sabía que le tocaba que el señor Joe lo cuidara. Cuando David entró a la casa disfrazado, el señor Joe se asustó mucho porque pensó que era un ladrón; David se quitó el disfraz para enseñarle que estaba todo bien, que era él, pero cuando David se quitó el disfraz el señor Joe se dio cuenta de que algo estaba pasando.

David trató de convencer al señor Joe de que no pasaba nada, pero Joe insistió. David, finalmente, le dijo lo que pasó: David ya había consumido las drogas que compró pero tardaban en hacer efecto y ya no podían hacer nada. Joe estaba decepcionado pero a la vez un poco feliz porque ya no iba a estar tan solo e iba a tener compañía.
Una semana después… El efecto de las drogas ya se había notado. David estaba muy contento porque no era muy seguro que sí le fueran a servir. Cuando Joe vio a David se sorprendió muchísimo y tuvo emociones encontradas entre el gusto y la tristeza. Era raro porque esas drogas que compró eran especialmente para envejecer y no eran comunes, lo cual a los vendedores no se les hizo raro que un niño apenas de 18 años las comprara.
Sin embargo David tuvo problemas de salud, ya que no leyó las instrucciones de la caja por tanto entusiasmo, entonces tomó más de la dosis de pastillas y se enfermó mucho.
Un mes después… David ya estaba muy mal y Joe lo llevó al hospital y con un par de análisis que le hicieron a David, se dieron cuenta los doctores de que necesitaba muchas transfusiones de sangre A negativa; y como ese tipo de sangre no era muy común, no estaba tan fácil conseguirla; pero resultó que el señor Joe tenía ese tipo de sangre y no dudó en donarla a su amigo. Donar esa cantidad de sangre era cómo donar tu vida, porque era mucha y, a pesar de todo, Joe se la donó a pesar de que no sobreviviera.

Dos meses después… Joe ya le había donado la sangre a David y le hicieron unos estudios para ver si lograba sobrevivir. Los estudios salieron positivos porque su cuerpo estaba muy saludable, por lo que Joe iba a poder seguir con su vida normal. Los dos amigos hicieron su vida feliz en la vejez.
7 años después… David se empezó a sentir un poco mal pero no se imaginaba que podía ser algo grave. Al día siguiente le dio un infarto y la ambulancia se lo llevó al hospital, el problema era que algo salió mal en la donación de sangre y David no iba a sobrevivir. A David le quedaba un mes de vida pero no podía hacer muchas cosas… David trató de disfrutar su vida al máximo en ese mes.
Un mes después… El cuerpo de David comenzó a mejorar por que la sangre de Joe reaccionó ahora de manera positiva al tipo de David, a quien también le dieron medicinas para disolver el poder de las drogas de envejecimiento. Poco a poco iba siendo más fuerte; sin embargo existía el riesgo de que la última vez que se la dieran podría quedarse dormido para siempre. Joe estaba muy triste y lloró una última lágrima, se sentía muy culpable por haberle contado toda su infancia y que David hubiera decidido envejecer prematuramente.
Cuando llegó el momento en que David se iba a quedar dormido para siempre, Joe estuvo ahí en todo momento. El doctor había dicho que si no le hacían efecto las pastillas, no se las podía dar más, pero si el efecto era positivo le

dijo que iba a poder vivir más tiempo, pero con un poco de problemas en su cuerpo. Le dio la medicina a David y…
Más de un mes despues… Los dos vivieron mucho más tiempo de lo que estaban pensando y al final los dos murieron, así es la vida y tiene esta un final. Sin embargo el tiempo que vivieron después de lo que pasó lo aprovecharon al máximo. Los dos vivieron satisfactoriamente en ese tiempo extra que, parece raro, no se imaginaron que iban a tener.

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