El ratero más grande del mundo

Por: Yalala Catarina

Había una vez un pueblo muy lejano llamado Labaro, era un lugar lleno de gente alegre, buena y amigable.
Un señor, el ratero más grande del mundo, escuchó acerca de ese maravilloso lugar y decidió planear un robo ahí.
Este ratero llamado Sander, era muy profesional, siempre se salía con la suya y la policía nunca lo podía atrapar.

Él robaba sin ninguna compañía y siempre salía victorioso.
Sander viajó a ese pueblo y una mañana fue a ver los posibles lugares de ahí para planear sus robos. Primero fue a observar un banco, fingió hacer fila para cambiar un cheque y mientras estaba ahí, vio todos los movimientos, dónde guardaban el dinero, dónde había cámaras y cuál era la mejor ruta para escapar; después decidió ir al supermercado, ahí también vio todas sus posibilidades para planear su robo.
También fue a conocer la ciudad poquito a poquito, planeó todo y decidió que el próximo miércoles iba a robar varios lugares de ese pueblo.
El martes por la tarde, Sander estaba sentado en el parque descansando y vio algo que cambió su manera de pensar para siempre. Los niños grandes cuidaban a los más chicos, los ayudaban en los juegos y no peleaban. Las mamás se ayudaban entre sí para cuidar a los niños y todos llevaban comida para compartir con los más necesitados. Toda la gente era muy amable, se ayudaban unos a otros, se respetaban y se querían mucho, toda la gente de ese pueblo era muy unida.
Sander pensó, ¿cómo voy a hacer daño a esta gente?, no se lo merecen, ya no quiero lastimarlos, es gente muy buena y yo quiero ser como ellos. Ya no quiero ser un ratero, quiero cambiar y ser como ellos, realmente no se siente bien hacer daño a los demás, mejor quiero ser feliz.
Al siguiente día, Sander caminaba por la calle y encontró a una señora viejita y la ayudó a cruzar la calle, después ayudó a un pobre dándole de comer, hizo muchos favores y se empezó a encariñar con la gente.
Él estaba muy contento con su vida nueva y decidió seguir así toda su vida.
– Es mucho mejor vivir tranquilo y feliz haciendo el bien, que vivir escondiéndose por hacer daño a las personas que nos rodean – se dijo a sí mismo.
Desde ese momento, dejó de ser el ratero más grande del mundo y ya nunca volvió a robar más. Decidió cambiar su vida para siempre y comenzó a ayudar a los demás.

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