La araña confiada

Por: El escritor de la araña

Había una vez una araña que vivía en un árbol viejo, el cual estaba a la orilla de un río. La araña no sabía tejer su propia telaraña, así que mejor pensó en dedicarse a viajar y para hacerlo buscó a su amiga, la serpiente de pestañas.
La arañita viajó, viajó y viajó. En su camino encontró a unos animales que se burlaban de ella y su amiga la serpiente de pestañas, porque pensaban que no podía existir una amistad así.

Ellos les dijeron:
– Ustedes deberían ser enemigas, ya que todo el mundo sabe que la serpiente de pestañas come arañas, es su platillo favorito.
– ¡¿Eso es cierto?! – preguntó la araña a la serpiente.
– Es cierto – respondió – pero yo soy tu amiga sincera.
-¡Todo el tiempo me engañaste! Ya no puedo seguir siendo tu amiga, hasta nunca – respondió la araña sin querer escuchar más y comenzó a correr hasta que llegó a la sabana. Allí se encontró con el león y le preguntó:
– Amigo, ¿me podrías enseñar a tejer mi telaraña?
– No puedo hacer eso, pero si encuentras al duende enojón, él de seguro que sí lo hará.
– ¿Y dónde vive?
– En el “hongo del duende orejón”.
La araña fue a ver al duende, quien le concedió su deseo. Pero ojo: ese deseo puede ser contraproducente. La araña festejó y gritó durante cuatro días e invitó a casi todos sus amigos. Tanto era el alboroto y los gritos, que el árbol se empezó a caer al río. La dueña de la casa estaba tan feliz que no se dio cuenta. Todos salieron corriendo menos ella, que seguía y seguía festejando.
– Es más, les voy a demostrar cómo hacer una telaraña – les gritó sin ver lo que estaba sucediendo a su alrededor.
Pero en lugar de hacer una buena telaraña, se enredó en ella. Cuando al fin se dio cuenta, el árbol ya estaba cayendo sobre ella.
La serpiente de pestañas, que pasaba por allí en ese momento, corrió y corrió en su ayuda. La casa ya se había caído, pero en el último momento la serpiente se estiró y alcanzó a atrapar a la araña en el aire y la rescató.
A partir de ese momento, la araña comprobó que la serpiente de pestañas era su amiga sincera y su amistad duró para siempre.
Moraleja: No hagas caso de lo que te digan los desconocidos y mucho menos te alejes de un amigo fiel.

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