El nuevo faraón

Por: Fuso

Hace muchos años, en un país del noroeste llamado Egipto había un faraón muy querido por su pueblo. Este faraón tenía 5 hijos llamados Asim, Bakari, Baal, Fadil y, por último, Adofo, cuyo nombre significa “luchador”; y éste lo era, pero por el trono. Él era el menor y quería gobernar, pero sabía que no iba a poder, ya que era el descendiente más pequeño.

Él y su papá eran muy cercanos. Cuando era pequeño siempre jugaban juntos, también tenía un diario y siempre escribía sobre las cosas que hacía con su papá.

Conforme los años, el faraón empezó a envejecer; se enfermó y él sabía que ya no iba a poder seguir gobernando. Le avisó a sus hijos y a Bakari, uno de los hijos del faraón, e hiciera una convocatoria para que cualquiera de los descendientes realizara una presentación y, la que sorprendiera al faraón, lo iba a poder sustituir.

Adofo, en cuanto escuchó esto, se emocionó porque era su oportunidad de demostrarle a su padre y a sus hermanos lo que era capaz de hacer. Comenzó a crear algo muy emocionante para su presentación y trabajó en esto por varios días, hasta que terminó.

Un día quiso caminar por el desierto, como lo hacía antes con su padre, y tropezó con algo, se fijó y era un libro de hechizos. Al principio no supo qué hacer con él, sin embargo prefirió quedárselo. Al principio aprendió algunos hechizos pero después empezó a usarlo para aprovechar la oportunidades que pudiera generar con él.

Llegó el día de la presentación que esperó por semanas para demostrarle a su padre lo que era capaz de hacer. Estaba dudando sobre usar el libro, pensó hasta que una idea se posó en su cabeza y mentalizó que no era lo suficientemente bueno como para sorprender a su padre, así que decidió llevar el libro de hechizos.

Adofo hizo una presentación increíble gracias al libro, pero no lo hizo por su propia capacidad. A su papá le encantó y rápidamente lo convirtió el sucesor al trono. Él se sintió feliz y recibió el puesto pues para eso hizo todo; bueno, eso suponía él. Una vez que tenía la corona le ganó la ambición y ya no le importaba nada más. Con su poder sentía que ya nada lo podía detener, así que encarceló a sus hermanos porque no quería que nadie le quitara el trono; y con uno de los hechizos del libro hizo que su papá no se recuperara y comenzara a envejecer más rápido.

Pasaron los años y Egipto se empezó a hacer cada vez menos alegre y más pobre porque Adofo, el nuevo faraón, les había quitado todo. Un día en la noche estaba guardando su libro de hechizos, cuando de la repisa cayó un pedazo de pergamino; Adofo la levantó, la leyó y decía:

Recordatorio:

Hoy estuve todo el día con mi papá, estuvo muy divertido y él estuvo muy orgulloso de mi por lo que hice hoy, ¡LOGRÉ ANDAR EN MI CARRUAJE CON CABALLOS POR PRIMERA VEZ! Mi papá me dijo que iba a ser el faraón algún día, el mejor de los tiempos porque confía en mí.

Adofo, en cuanto leyó esto, se dio cuenta de que no estaba haciendo lo correcto y reflexionó un poco; miró hacia la ventana y mientras veía al pueblo apagado, sin alegría o entusiasmo no creyó que él lo había hecho todo. Decepcionado se fue a la cama a dormir y relajarse, con la esperanza de que al otro día pueda arreglar todo.

Llegó el día siguiente, despertó y rápidamente corrió hacia el calabozo, donde se encontraban sus hermanos, y los sacó inmediatamente de ahí, después fue por su libro de hechizos para retirar el hechizo a su padre y le devolvió a todo el pueblo su dinero de los impuestos cobrados injustamente.

Ahora Adofo usó la magia para que Egipto fuera un mejor lugar, obviamente hubieron consecuencias sobre lo que hizo, pero fuera de eso Egipto fue un lugar lleno de armonía y paz.

Finalmente, para corregir su mayor error y doblegar su ambición, le dio la corona a su hermano mayor Asim, la persona que la merecía desde un principio. Su padre le agradeció su honestidad e hizo una ceremonia para celebrar que todo, después de un par de años, volvía a la normalidad.

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