La pesadilla

Por: El Olmeca

Esteban miraba la ventana esperanzado, con sus ojos perdidos en la distancia mientras contemplaba la tormenta que azotaba el bosque. Su esposa llevaba varios días enferma y cada vez se ponía peor. Tomó unas leñas y las arrojó al fuego que calentaba la pequeña habitación. Su esposa, una señora vieja con los cabellos grises y la cara llena de arrugas estaba acostada en un pequeño sillón al lado del fuego, tapada con mantos tejidos y vestida con ropa de invierno.

Su cuerpo temblaba cada vez más y su piel se tornaba pálida conforme pasaban las horas. Pasaron unos minutos que a Esteban le parecieron horas hasta que alguien golpeó la puerta. —Adelante —Dijo Esteban con voz ronca y áspera.

El viejo cazador se levantó de la silla donde estaba sentado para recibir al médico. Le señaló con la mano el sillón donde estaba su esposa y el doctor se dirigió hacia el. Se arrodilló frente al sillón donde estaba recostada su esposa, le tomó el pulso y escuchó su respiración. El doctor abrió su bolsa y sacó un puñado de hierbas y bayas silvestres, las trituró y las metió en un recipiente de barro que después llenó con agua que le dio Esteban.

Puso el recipiente sobre el fuego hasta que el agua empezó a hervir y dirigió el humo hacia la cara de la señora, que comenzó a toser cada vez más intensamente hasta que el ruido cesó y la expresión de su cara se relajó. Los temblores cesaron y su respiración se tornó ruidosa e irregular. —¿Estará bien? —Preguntó Esteban. —No lo sé Respondió el médico— nunca había visto algo así y por lo que veo esto no es una infección. Un ruidoso trueno interrumpió su conversación y el rayo que lo acompañaba iluminó la habitación por una fracción de segundo, lo suficiente como para que pudieran ver con claridad el lecho de la vieja señora. Un chorro de sangre corría a través de sus ojos y su pálida piel se había tornado grisácea. El cuerpo de la vieja comenzó a levitar sobre la sala hasta que se paró frente a ellos.

En la oscuridad solamente se veían unos centelleantes ojos rojos que se clavaron en los de Esteban mientras este se quedó paralizado de terror. Estaban despertó de un salto en su cama respirando rápido sin darse cuenta mientras la pesadilla recorría su mente una y otra vez.

—Solo fue un mal sueño —Le respondió su esposa desde el otro lado de la camaduérmete otra vez.

Esteban se recostó en su cama, aterrorizado por la pesadilla y un poco despistado por el cansancio y se quedó dormido en pocos segundos.

Despertó al día siguiente y se levantó de la cama aun drogado por el cansancio buscando a su esposa para contarle la pesadilla que tuvo, pero no la encontró en ningún lado. Decidió volver a su cama y dormir más tiempo. —Es cierto —dijo Esteban, justo antes de quedarse dormido— Mi esposa murió hace 4 años.

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