Esther y el tercer protocolo

Por: Milena

Hace no mucho tiempo había una niña llamada Esther que llegaba de la escuela a su casa y todo era normal. Todos los niños de la escuela pensaban que ella era una persona normal pero lo que no sabían es que, cuando llegaba a casa, todo era diferente, ya que donde vivía era normal por fuera pero por dentro era un paraíso, ya que en realidad era la central de una organización secreta de espías.

Pero eso no era todo, en su recámara había una pequeña puerta a la que ella, y solo ella, podía entrar. Ésta siempre estaba cubierta por las cortinas porque solo ella y su familia sabían de la existencia de esa puerta. Lo que hacía especial a esta pequeña puerta era que cuando la abría tenía un tobogán que la llevaba a cualquier parte del mundo. Ella solo podía utilizar el tobogán cuando iba a resolver un caso o solo si sus papás la dejaban.

Un día ella debía llegar a Brasil a resolver un caso, pero el tobogán se atoró de repente y solo marcaba señales de error,. Esta situación la puso muy nerviosa por lo que pensó en llamarle a su mamá pero, desafortunadamente, no podía llamar a nadie de su familia ni de sus amigos desde el cuartel o desde el lugar de los tubos, ya que nadie podía saber dónde estaba; entonces le habló a la general por la radio y le dijo lo que había sucedido, la general mandó refuerzos inmediatamente y la ayudaron a salir de ahí.

Luego de unos días ella decidió volver a usar los tubos, pero recordó que le había llegado una carta unos días antes que decía: “Veo que no eres muy lista, ya caíste una vez, ¿vas a volver a caer acaso?…”. Ante eso decidió pedirle a la general que si la podía ayudar a resolver ese misterio, la general le dijo es que escribiera una carta, la cual decía:

“Hola quien seas.

Yo no voy a parar hasta descubrir quién eres, aunque sea lo último

que haga”.

Después de una semana llegó una tableta y un paquete, ella abrió el video… este decía lo siguiente:

“Hola. Supongo que has estado tratando de encontrarme, ¿cierto?

Bueno, aquí te dejo un “regalo”…”

En ese momento se empezó a perder la señal y el video terminó, ella abrió el “regalo”, el cual era en realidad una caja fuerte que tenía que abrir para descubrir la siguiente pista. Hizo un intento pero falló. La caja se abría con un código escondido dentro del video y en la carta que le había enviado; sabía que no iba a parar hasta descubrir el código de la caja fuerte. Vio el video una y otra vez, repasó la carta una y otra vez y se dio cuenta que si volteaba la hoja para que se viera en donde estaba escrito, se traspasaba del plumín con el que él había escrito. El texto escondido revelaba los siguientes números: 4 0 4 1.

Esther fue directamente a la caja fuerte a teclear los números, la cual al confirmar el registro lanzó un pitido y se abrió. Había una placa dorada por la que había estado luchando en su organización, pero ella no entendía por qué le habían hecho creer esto. Inmediatamente después de que ella la agarró, se prendió un video en la pantalla central del cuartel y se veía a la general diciendo: “…sabíamos cuánto ansiabas esta placa, pero no sabíamos si en realidad te la mereces entonces hicimos este caso falso para ver si lo podias resolver; y si lo lograbas, te quedas con la placa… has descubierto dos códigos… sólo falta que captures el tercer protocolo en la caja… busca dentro de ti… cuenta regresiva activada.”

Ella estaba muy emocionada, pero no se imaginaba cuál era el tercer protocolo. Se sentía como caperucita roja al ser atrapada por el lobo; una cuenta regresiva se veía en el display de la caja, no sabía qué sucedería.

Esther solo cerró los ojos y trató de pensar velozmente… el primer número tenía que ser 3, tercer protocolo, lo digitó en la pantalla, luz verde… “Piensa Esther, piensa, busca en ti, soy de origen judío… ¡siete!”; luz verde.

Sin embargo después solo un destello… oscuridad… silencio. El juego había terminado.

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