Cero, el amigo imaginario

Por: Yaha

Hace mucho tiempo había una niña que se llamaba Rebeca, vivía en una casa muy grande a la que le daba siempre la luz del día y aunque estaba en una calle solitaria, era una casa muy bonita.

Tenía muchos amigos imaginarios porque no tenía amigos más que una, quería tener muchísimos pero no lo lograba, entonces su mente empezó a crear amigos y así surgió Cero su mejor amigo.

Rebeca le puso Cero a su amigo, porque tenía cero de calificación y cero de amigas, de allí que tomó la decisión de ese nombre, además le gustaba mucho como sonaba, muy fuerte.

Cero era de piel obscura de grandes ojos negros y pelo chino, siempre usaba una playera azul, shorts rojos y siempre la hacía reír.

Siempre solía salir con él a jugar e inventaba muchas aventuras juntos, y nunca la dejaba sola, así que siempre lo buscaba.
Un día Rebeca se estaba peinando viéndose al espejo y vio como Cero se espantó, pero siguió peinándose.

Cero sorprendido le preguntó que a dónde iba a ir, pero Rebeca sólo dijo que iría a la casa de su amiga Rosa pues era su cumpleaños.
Cero, sorprendido, le preguntó si iba a ir con ella, a lo que Rebeca le contestó que no, porque era un cumpleaños y no quería que pensaran que estaba mal de la cabeza y que lo vería hasta la noche.
Cero no dijo nada y se quedó solo viendo cómo se iba Rebeca.

Cuando Rosa la amiga de Rebeca le abrió la puerta, Rebeca le dio un regalo y una abrazo y al momento de darle el abrazo Rebeca sorprendida empezó a dejar de pensar en Cero, y muy emocionada Rosa la jaló para presentarle a otras niñas y cuando menos lo pensó estaba jugando y riendo con otras muchas nuevas amigas, cuando de repente vio la imagen de Cero reflejada en una ventana y caminando hacia ella y poniendo su mano en el frío vidrio le dijo a su amigo…

– Perdóname Cero, te tengo que dejar ya tengo más amigas
reales- y con una lágrima rodando por su mejilla- te quiero mucho pero debo dejarte e irme con ellas.
A lo que Cero le contestó:
– Rebeca, amiga querida, me da gusto verte con más niñas, nunca me olvides pues siempre formaré parte de ti, estoy siempre contigo pues soy tú. – y con un beso enviado por su mano le dijo adiós.
Llegando Rosa por ella y tomándola del hombro, le dijo:
– ¿Qué haces Rebeca? ¡vente! todas te estamos esperando.
Y juntas corrieron con las demás niñas para seguir en la fiesta jugando.

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