Manos a la masa

Por: The Queen

Había una vez un niño de nombre Joaquín que quería ser como su papá, quería ser un panadero.
Un día en la escuela les preguntaron que quisieran ser de grandes, unos dijeron astronautas, otros futbolistas, maestros, abogados, bailarines, etc… pero Joaquín dijo muy orgulloso

– “Yo quiero ser panadero como mi papá, pero no uno cualquiera, quiero ser el mejor panadero del país”.
Todos su compañeros se burlaron de él, la maestra los calló y les dijo que cada quien era libre de elegir lo que quisieran ser y que nunca se deberían de rendir y luchar por lo que querían.
Joaquín empezó a acercarse a su papá, para ir aprendiendo poco a poco todo lo que sabía, su papá le contaba lo importante de hacer el pan con cariño y como mezclar todos los ingredientes, que el pan llevaba su propia alma y corazón.

Así Joaquín empezó a hacer una receta casera que llevaba harina, agua, leche, levadura, sal y azúcar., y se dio cuenta que su papá tenía razón, sentía en sus manos algo mágico y disfrutaba el amasar los ingredientes, se le ocurrió poner un puesto en medio de la calle, y así empezó a dar a conocer su pan, hasta que la gente empezó a amar su pan y le quería comprar.

Un día, pasado el tiempo, Joaquín siendo un adolescente de 16 años, decidió abrir una panadería, y empezó a tener más variedad de productos, muy feliz pues la gente hablaba de su pan y vendía mucho.
Los que fueron sus compañeros de salón estaban muy sorprendidos y tan celosos que planearon ir a destruir la panadería sólo por la envidia que sentían.

Una noche fueron vestidos de negro y con máscaras, para no ser descubiertos, robándole pan y destruyendo materiales, en fin la panadería; al día siguiente que llegó Joaquín acompañado de su padre, estaba totalmente destruida; empezó a llorar, sentía que todo se había ido a la basura, entonces su papá le dijo:
– “No hay manera de que te des por vencido hijo”- tomándolo de los hombros- yo te apoyaré a reconstruirla y volverás a tenerla y mejor.
– “Gracias Papá” – dijo Joaquín secando sus ojos y abrazando a su papá.
– “Además hijo”- dijo su papá molesto – “investigaremos quién fue”.
A Joaquín le regresó el ánimo y junto con su papá reconstruyeron la panadería.
Así que hablaron a la policía y levantaron una investigación, y la policía se encargaría de dar con los responsables.

Al paso de unas semanas la policía les dio la noticia que habían sido los que fueron sus compañeros, se sintió muy triste, y dijo a la policía que no levantaría cargos, se sintió devastado porque nunca se imaginó que ellos fueran, pero eso lo motivó para abrir la panadería y que no fuera una panadería cualquiera; sería una panadería mucho más grande, pero lo diferente era que la gente vería cómo hacían el pan él y su papá.

Cuando Joaquín se encuentra con los compañeros, ellos no podían ni verlo, él les dijo:
– Tranquilos, no les haré nada, ni daño alguno- muy tranquilo – yo sólo quiero decirles que lo que hicieron fue malo, me lastimó y sé que fue por envidia o celos, pero sé que no lo volverán a hacer.
– ¿Qué podemos hacer para que nos perdones?- dijo uno muy arrepentido
– Pues si quieren- dijo Joaquín con miedo- pues seamos amigos.
Y viéndose entre ellos dijeron que sí.

El niño que empezó con un deseo de querer ser como su papá, que ya era conocido por su pan y que demostró que la unión familiar siempre salva los problemas y que el perdón genera amigos, logró que sus amigos trabajarán con él y abrieran más tiendas y a su panadería le puso el nombre de “Manos a la masa” refiriéndose al dicho, en que sólo las personas que hacen las cosas sin rendirse pueden alcanzar sus sueños.

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