El mundo de la felicidad

Por: Neli

Hace muchos años vivió una niña muy curiosa que se llamaba Ariela. Ella era muy alegre, pero se sentía muy sola en su casa. No tenía hermanos con quien jugar, su papá siempre estaba trabajando, su mamá siempre estaba fuera de la casa y no tenía vecinos ya que vivía en una casa en el campo, de vez en cuando su abuela la iba a visitar y se pasaban toda la tarde jugando….

Los papás de Ariela le llegaron a preguntar si se quería mudar a la ciudad, pero ella prefería un lugar lleno de naturaleza….

Un día, mientras sus papás no estaban en casa y ella estaba jugando en el campo con los insectos, vio entrar a su ventana a un pajarito que llevaba una hoja verde en el pico, fue rápido a ver qué hacía ahí, pero cuando entró a su cuarto el pájaro no estaba. Se sentía tan cansada, que se tiró a la cama. En ese instante sintió que algo le picaba la espalda; se volteó y vio la misma hoja verde que tenía el pájaro en el pico aunque la hoja era de un árbol y no para escribir, pudo ver que había una especie de mapa trazado en ella. Se le hizo muy extraño que un pájaro le hubiera dejado un mapa en una hoja. ¿Será una señal? se preguntaba. A pesar de eso no buscó el supuesto tesoro y no lo tomó en cuenta.

Unos días después, cuando no tenía nada que hacer, decidió investigar un poco mejor qué era esa hoja, la sacó del bote de basura y la miró por un buen rato. Se dio cuenta de que era el mapa del campo, pero había una parte que no reconocía. Era donde estaba la x, donde se localizaba un bonito árbol con muchas hojas verdes. Se veía un hoyo en el tronco pero no le dio importancia a eso.

Después de mucho pensar, decidió seguir el mapa. Primero se encontró con una colina muy empinada la cual le costó trabajo subir ya arriba vió muchos animales muy bonitos de los que no se quería alejar, luego se encontró con muchos arbustos que tuvo que cruzar y le costó trabajo salir de ahí, después encontró hermosas flores que reconoció porque estaban en el mapa. Cuando dejó de ver flores se encontró totalmente perdida no veía el siguiente punto del mapa que era el árbol con el hoyo en el tronco.

De repente vio un árbol que se veía igual, excepto por el hoyo se acercó y supuso que ahí era empezó a excavar como normalmente se hace en las búsquedas de tesoros y después de un largo rato, no encontró nada, estaba muy cansada y sin esperanzas, rodeó el árbol para ver si encontraba algo más. De repente vió que algo se abría en el tronco. ¡Era el hoyo del tronco! Ahí adentro estaba su abuela y Ariela se confundió mucho.

Su abuela le dijo- no tengas miedo querida, ven conmigo. Ariela se metió al hoyo y apareció en un lugar lleno de dulces. ¡Esto es tuyo!— dijo su abuela. Todo estaba hermoso los árboles eran paletas de dulce, el lago era chocolate derretido, el cielo era de colores, las montañas de algodón de azúcar y las casas de caramelo. Ahí vivían todas las criaturas más increíbles y buenas. También su abuela le dijo que si pedía un deseo y aventaba algodón de azúcar al lago, su deseo se iba a cumplir. Ella con mucha esperanza pidió el deseo de tener una hermana, aventó el algodón al lago y vio que nada pasó.

Su abuela le explicó que ella cuando era niña también vivía ahí y había pedido un deseo mientras estaba frente a ese árbol. Ese deseo era que hubiera en el campo un mundo hecho de dulces y fantasía. Su deseo se cumplió y le explicó que ella era la nueva heredera de ese mundo y que podía ir ahí cuando quisiera. Muy confundida, regresó a su casa. Al día siguiente su mamá le anunció que iba a tener una bebé. Se emocionó tanto que casi se desmaya.

Después de un tiempo Ariela compartía momentos increíbles con su hermana. Ellas eran muy unidas.

El mundo de dulces fue usado por muchas generaciones para el bien y la felicidad.

Desde ahí, ella no se volvió a sentir sola en toda su vida.
Fin…..

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