El camino al paraíso

Por: Lichi

Era un reino muy lejano y hermoso, toda la gente era muy amable, pero había algo que sobresalía, los árboles eran de colores impresionantes que nunca había visto la gente, lo mejor es que eran mágicos. La gente los miraba y pasaba lo que se imaginaba. Hasta que un día, una mujer mayor, miró al más hermoso de todos, era de todo tipo de colores y tonos diferentes; la señora se llamaba Marta y deseo irse al paraíso.

Marta pensó que no había sucedido nada y se fue caminando a su casa. Se fue por un camino que no conocía, había árboles cada vez más hermosos que ella no conocía. Caminó y se asustó porque no llegaba a donde ella quería, hasta que se sorprendió cuando llegó a un lugar increíble ¡nunca lo había visto! Había árboles mucho más hermosos que antes y descubrió que era el paraíso.

Estaba muy emocionada de estar en el paraíso, empezó a hacer todo tipo de cosas como: comer helado y bailar bajo la lluvia. Estaba tan feliz pero había algo, se sentía sola, no había nadie al menos es lo que ella pensaba.

Pasaron los días y Marta estaba muy aburrida, hasta que a lo lejos vio a alguien. Tenía barba y era calvo, se veía como de 70 años más o menos igual que Marta, se llamaba Luis.

Marta fue hacia Luis y se presentaron, fue mágico. Hasta que Marta dijo: ¿Cómo llegaste aquí? Luis le contestó que todo el mundo llegaba ahí cuando muere y señaló diciendo: todos están por allá, refiriéndose a un lugar horrible lleno de fuego y remolinos. Marta se sintió horrible cuando se dio cuenta que estaba en el infierno.
Cada vez extrañaba más a la gente del pueblo; no entendía por qué había llegado al infierno en vez del paraíso. No tenía nada que hacer y se puso a pensar ¿por qué llegué aquí? ¿Qué hice para merecerlo?

Pasó el tiempo y a Marta se le ocurrió algo, pensó que los árboles eran malos, así hubiera llegado al infierno en vez del paraíso. El tiempo seguía avanzando y Marta no podía descifrar cómo llegar a su casa (día con día extrañaba más a sus seres queridos). Estaba muy triste.

Un día se sintió algo raro, era como un terremoto, se sintió mareada, cerró los ojos y cuando los abrió estaba en su cama. Todo había sido un sueño. Se asustó muchísimo y a partir de esa fecha aprendió a aprovechar lo que tenía y a no pedirle deseos a los árboles.

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