Andrea y Daniela

Por: Alegría

Había una vez unas gemelas que se llamaban Andrea y Daniela, vivían en la Ciudad de México con sus papás, ellas tenían 8 años y eran muy diferentes
Andrea era alta, buena hermana y muy independiente y Daniela era bajita y le costaba trabajo hacer algunas cosas en ocasiones se frustraba porque se le dificultaba cambiarse de ropa, amarrarse las agujetas de los zapatos y bañarse; por todo eso no se sentía independiente y creía que sus papás no la querían tanto, porque era muy diferente a su hermana.

Ella se sentía muy decepcionada y se encerraba en su cuarto y como le encantaba pintar, bailar y cantar lo hacía para distraerse y no pensar más en que no era buena para realizar otras cosas.
Un día, Andrea le dijo- ¡ven a jugar escondidillas!- y jugaron por un rato pero luego Daniela le dijo -me da daba tristeza no poder hacer tantas cosas de manera independiente como ella y que por eso sus papás no la querían tanto-.

Andrea le dijo que ella prometía ayudarle a ser más independiente enseñándole a vestirse, amarrarse las agujetas y así no sentiría que sus papás no las querían, pero también le explicó que los papás siempre quieren a los hijos sin importar qué hagamos bien o mal, que para ellos lo más importante es que seamos felices y que hagamos lo que más nos gusta.

Tiempo después Daniela aprendió a ser más independiente pudo cambiarse sola porque organizaba lo que se iba a poner un día antes, logró amarrarse las agujetas con ayuda de Andrea, se bañaba sola y ya no pedía ayuda para el agua; también aprendió apenarse porque le gustaba peinar a sus muñecas y sus tareas del colegio las pudo cumplir porque ponía atención. Ella cambió y ya no se deprimía porque aprendió a ser más independiente con ayuda de su hermana y entendió que sus papás la quería sin importar lo que hiciera.
Andrea y Daniela estuvieron más juntas desde ese momento porque compartían y se ayudaban y una aprendía de la otra para que sean mejores cada día.

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