La espada mágica

Por: La sirena azul

En el continente de la Magia, hubo una gran batalla entre dos reinos, uno dirigido por el Rey Julián de Meredonian y el otro por la Reina Merida de Klong. La batalla duró días. Al ver que su ejército fracasaba, la Reina Merida de Klong dijo: maldigo al Reino de Julián, cuando vuelvas a casa todos los habitantes de tu reino se volverán animales. Diciendo esto, Merida desapareció. El Rey Julián no le puso atención a su maldición y regresó a su reino donde fue recibido con una gran comida por parte de su hija. Al día siguiente cuando el rey estaba en la sala real, cada uno de sus ministros se convirtieron en animales. El rey Julián dijo: ¡oh no! La maldición ha funcionado, la hija dijo: padre no solo son nuestros ministros sino que todos los habitantes en nuestro reino se han convertido en animales. El rey Julián le dijo que convocara a las hadas quienes llegaron rápidamente pero no lograron revertir la maldición. El ermitaño dijo: -¡mi rey, la maldición es irreversible! Solo el que haya originado el hechizo podrá revertirlo, lo siento mucho! El rey y la princesa estaban tristes, en ese momento la princesa tuvo una idea – Padre ¿recuerdas a Doniel, tu sabio consejero? – ¡Por supuesto que lo recuerdo!- Dijo el rey. -Se ha convertido en un perro ¡cómo me hubiera gustado su ayuda en este momento de crisis!-
-Todavía puedes padre-. musitó suavemente su hija.

-¿A qué te refieres?- preguntó intrigado el rey.

-La maldición convirtió a nuestros habitantes en animales, pero no les ha quitado el poder del razonamiento humano y del habla- explicó la princesa. El rey se quedó encantado al escuchar eso y le dijo a la princesa que llamara a Doniel, que se presentara de inmediato.
Doniel llegó ante el Rey -Es bueno verte Doniel, aunque no en estas condiciones ¿cómo podemos quitar la maldición?-.
Doniel les dijo que como había dicho el ermitaño, solo podría romperla quien la originó, y así, parecía que solo había una solución. El rey escuchaba atento a su sabio colaborador -vamos a tener que firmar la paz con la reina Merida, bueno, ya la conoces, ella nunca aceptaría la oferta de paz, entonces dale lo que ella quiere-.
Ante esto el Rey Julián se quedó callado y triste. Su hija le preguntó qué era lo que la reina solicitaba. – Mi princesa, ella quiere la espada de la Magia. A lo largo de generaciones en nuestra familia, su energía hace que nuestro ejército sea inmune al hambre, a la lluvia, al calor, al las tormentas e incluso a las enfermedades; dándonos ventaja sobre el ejercitó oponente. Tu abuelo me la heredó a mí y yo esperaba algún día entregársela a tu esposo. Lo que ahora parece no ser posible. Envía a las hadas para invitar a la reina Merida a nuestro concurso anual de saltos y dile, que al final del evento, le entregaré la espada Mágica-.
Las hadas se presentaron ante la reina Merida para comunicarle la invitación del rey y ella aceptó con un gesto vencedor.

Llegó el día del festival anual de saltos, todos estaban emocionados. La Reina Merida estaba presente. El conejo y el saltamontes eran considerados los mejores saltadores del reino. El conejo saludó a su majestad. -Soy el conejo de las colinas del este-. El conejo era muy tranquilo y educado, lo que le agradó al rey, el conejo tomó fuerza y saltó aterrizando justo delante del rey. El rey se sorprendió y le dijo –
¡increíble conejo, bien hecho!- y finalmente se presentó el saltamontes. El saltarín permaneció en silencio y no dijo ni una palabra, ni siquiera saludó al rey. Se sabía que venía de una buena familia y que era muy arrogante. Saltamontes se colocó en posición e inmediatamente justo cuando estaba a punto de saltar, sus sentidos captaron algo que venía de atrás rascando el aire, e inmediatamente comprendió que era una flecha que se dirigía hacia la reina Merida. Justo entonces saltó y con una poderosa patada, cambió el curso de la flecha. La flecha no alcanzó a la reina y se clavó atinadamente en un árbol. La reina Merida estaba tan asombrada como el rey Julián. En ese momento un águila que llevaba un arco y una flecha, apareció en el cielo y comenzó a gritarle al saltamontes: -¡Has salvado a la malvada reina que maldijo a nuestro pueblo! Saltamontes lleno de asombro le gritó al ave que la reina había llegado como invitada real y estaba bajo la protección del rey Julián, que mientras estuviera dentro del reino era su responsabilidad. Todos comprendieron que al atacar a la reina, el águila había arruinado la reputación del rey y lo dejaba en vergüenza. Al oír esto, la reina Merida comprendió la nobleza del reino que visitaba. El rey dio las gracias al saltamontes y dirigiéndose a la reina dijo: – ¡lo siento muchísimo, por

favor! perdona al águila porque la ira la dominó. Merida le dijo que no le importaba en absoluto el águila, pues su flecha no podía causarle ningún daño, incluso aunque la hubiera tocado, ella era inmune a las heridas provocadas por el odio.
Ambos habían librado muchas batallas y se conocían muy bien, sin embargo, Merida no podía ocultar su asombro ante la hazaña del saltamontes. Súbitamente, la reina apuntó al saltamontes y lo transformó en un guapo soldado. Era Rony, el soldado gallardo y valiente, de quien la princesa estaba secretamente enamorada. Merida le dio las gracias por no preocuparse por la competencia y arriesgar su vida para salvarla y por la reputación del rey. -Puedes pedirme lo que quieras-. dijo la reina a Rony, quien le agradeció profundamente y externó su deseo de que a todos los seres de Maredonian se les quitara el hechizo y volvieran a su forma humana. La reina se sorprendió al escuchar esto -¿estás seguro que no deseas otra cosa?-. estaba muy impresionada porque nunca había visto un soldado tan fuerte y leal a su rey y a su pueblo. Merida dio un mensaje a los habitantes de Meredionan: -¡Acabemos con esta rivalidad, primero me gustaría decir que adoptaré a Rony como heredero a mi reino!-. El rey preguntó a Rony si estaba de acuerdo. Rony asintiendo, contestó -Nunca he experimentado el amor de una madre porque mi madre murió cuando yo nací. Si su majestad me lo permite diré que sí estoy de acuerdo- La reina propone que la princesa y el príncipe se casen, si la princesa acepta al príncipe. La bella princesa

confirmó estar de acuerdo. El rey miró a la reina y dijo: Merida, propuesta aceptada ¿Existe alguna otra propuesta? -No, eso es todo-.
Al decir esto abrió los brazos y dijo: ¡Abracadabra! y los destellos mágicos alcanzaron a la gente y dejaron de ser criaturas una por una y todos regresaron a sus formas humanas. ¡Wow!, he vuelto dijeron las personas. Ese mismo día, también anunciaron al ganador del salto anual. Rony y la princesa se casaron y vivieron felices para siempre.

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