Tito y los molestones

Por: El mecánico

A Tito lo molestaban, sentimental y psicológicamente, un grupo de niños en la cancha de futbol y en la escuela por no saber jugar muy bien futbol.
Físicamente Tito era niño flaco, rubio, chaparro, callado y organizado. Tenía 14 años, de mente muy eficiente para el conocimiento escolar.
El grupo de niños que lo molestaban eran físicamente gordos, estatura mediana y hábiles para la cancha de futbol, pero incapaces para el aprendizaje escolar.
Tito era un niño humilde que vivía en Madrid, en un pueblo chico en donde había una escuela pública. Tenía dos amigos, que al igual que a él los molestaban por no ser muy buenos en la cancha y envidiados por ser delgados. Los amigos de Tito querían que las agresiones físicas y psicológicas de las que eran víctimas terminaran, entonces lo que planearon fue que Tito y sus amigos retaran a los molestones a jugar un partido de fútbol, dejándoles claro que si en ese partido Tito y sus amigos ganaban, se se acabarían las agresiones y los incluirían en el equipo para jugar. Los molestones obviamente aceptaron burlonamente, confiando en que les ganarían hasta con los ojos cerrados. Tito y sus amigos se quedaron pensando estrategias para ganarle al equipo contrario, empezaron a entrenar

en secreto, corrían todas las mañanas para tener condición y fueron a varios partidos que los ayudaron para aprender nuevas estrategias de juego.
Llegó un día que inesperadamente los molestones se pusieron de para averiguar qué estaba tramando el equipo de Tito, porque los veían muy calladitos. Tito se dio cuenta de que los estaban espiando y les dijo a sus amigos que ese día no entrenaría para que no se dieran cuenta de lo que hacían.
Tito y sus amigos siguieron entrenando para que sus estrategias tuvieran un mejor resultado y cómo se alimentaban mejor ya no solo eran delgados, sino musculosos. Esperaban ansiosos la llegada del día del partido de fútbol, entonces los niños les contaron a sus papás sobre la apuesta y las estrategias pensadas para el partido, sus papás se entusiasmaron tanto que se pusieron de acuerdo y les hicieron sus uniformes, compraron tambores para las porras, aguas, pizarrón para mostrar las jugadas, sillas para el descanso de las porras, medicamentos para las lesiones y todo lo necesario para el día especial, pero eso solo era sorpresa de los papás para el equipo de Tito.
Los niños le pidieron al profesor de educación física que arbitrara el partido de la verdad para que no hubiera trampas ni malos entendidos y el juego se llevara a cabo perfectamente, como debía ser. El pequeño detalle es que el equipo de los molestos no sabía nada de esta petición, ellos nada más estaban esperando el día del partido muy tranquilos y relajados, no

imaginaban lo que el equipo contrario había aprendido y entrenado para poderles ganar.
El día del partido llegó, de pronto llegaron los papás del equipo de Tito con los uniformes nuevos, termos, tambores, sillas, un maletín de primeros auxilios y ¡¡una porra enorme!!! conformada por todos sus amigos y compañeros de clase.
El profesor de educación física llegó a la cancha y se reunieron los equipos de Tito y los molestones. El árbitro dio el silbatazo de inicio. Empezaron a jugar, los molestones metieron rápidamente el primer gol, dejando sorprendido al equipo de Tito, que aunque preparados, estaban temerosos por enfrentarse a esos rivales. El silbatazo del medio tiempo llegó con el marcador 3-0 a favor de los molestones. Tito y sus amigos estaban muy agotados, pensaban cosas negativas, tenían el ánimo por los suelos. Uno de los papás de los integrantes del equipo de Tito, se acercó a hablarles, les recordó las estrategias que habían practicado, lo duro que habían entrenado pero sobre todo, lo que significaba ganarle a los molestones. El equipo de Tito sintió una fuerza interior y se concentró más en el juego. Empezó el segundo tiempo, el equipo de Tito jugó como sabía, con todas las jugadas practicadas. Cuando metieron el primer gol, sintieron una gran confianza y se fueron con todo hacia delante. En el minuto 40 empataron el partido 3-3 y así se mantuvieron hasta el último segundo. Como era un partido de “vida o muerte” el árbitro indicó que se irían a penales. Tirarían 5 penales cada equipo.

Los molestones ganaron el volado y empezaron a tirar, anotando el primer gol, dejando a los de Tito, fríos. Tocaba que ellos tiraran… el más pequeño del equipo tiró y ¡¡lo falló!!!
Confiados, los molestones tiran y ¡la fallan! dejando un luz de esperanza en el equipo de Tito. Con más confianza, el equipo de Tito tira su segundo penal y
¡lo meten! ¡goooooooool!

Los molestones se preparan para su tercer intento . . . tira y mete ¡goooooool! Lleno de confianza, el portero del equipo se prepara y mete ¡goooooool!
Van 2-2 en 3 intentos, momento de gran emoción.

Tito siente que se le sale el corazón. Sus papás gritan hasta desgañitarse, se oyen los tambores y porras ¡Titos! ¡Titos!
Toca el turno de los molestones, todo se vuelve silencio. El más alto de ellos toma el balón, lo pone en la marca, da dos pasos hacia atrás corre, corre
tira y ¡lo falla! ¡falla! ¡falla!

¡La porra vuelve a gritar! ¡Titos! ¡Titos!

Llega el pelirrojo del equipo de tito, acomoda el balón, ve a su equipo y le guiñe el ojo a Tito, tira y mete ¡¡¡¡goooooooooooool!!!! ¡¡¡¡GOOOOOL!!!!
El equipo de Tito se coloca en ventaja, de 3 a 2.

Ahora va el líder de los molestones, rápido y visiblemente enojado, cobra el penal y lo mete, es su último tiro… empatan a 3.
El equipo de Tito tiene que cobrar su último tiro. El más importante de sus vidas, hasta este momento. Todo es silencio y expectativa.

Tito se prepara, cuando coloca el balón en el pasto recuerda todas las humillaciones que los molestones le hicieron y lo que pasó hasta llegar a ese momento… siente que el corazón se le va a salir pero no duda ni un segundo, ve la portero, toma vuelo, tira y . . .
Es lunes por la mañana, después del juego del domingo, el primero en llegar es profesor de educación física, quien aguarda en la puerta a sus alumnos.
Tito y sus amigos llegan a la escuela juntos, como antes; el profesor los saluda y les pide que esperen al equipo de los molestones, quienes llegan… saludan al profesor, a Tito y a sus amigos. El profesor los felicita por el gran juego que dieron. Todos abrazados se meten a su salón, se terminó el hostigamiento, todos se hicieron amigos gracias a un buen partido de fútbol.

FIN

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