La casa del árbol

Por: Eli

Mi nombre es Moy, soy un niño normal como cualquier otro. Me gusta jugar y divertirme. Un día mientras jugaba videojuegos, entró a la casa una persona que dijo ser de un banco a quitarnos muchos objetos por una razón imposible de entender para un niño de 10 años… nos quitaron joyas, aparatos electrónicos, algo de dinero, etc.

He sabido que esto pasa todos los días en México, personas que se hacen pasar por alguien de un banco, te engañan y te roban en tu propia casa. En nuestro caso, nos quitaron hasta el auto. Después del robo tuvimos que caminar hasta la casa de mi abuela y me pasó algo muy raro: me encontré un tipo de moneda rara en la que aparecían dibujos extraños, no le conté a nadie y solo la guardé en la bolsa de mi pantalón.

Como nos habían quitado todo nuestro dinero, mi abuela nos prestó unos 1000 pesos, además nos dejó quedarnos en su casa por un tiempo. Al estar solo, corrí muy rápido hasta la computadora de mi abuelo y en internet encontré que la moneda rara tenía algo muy peculiar: que solo la encontraba la gente con muy buena suerte­­, aunque de su valor no decía nada. Para ser honesto, pensé que era una tontería, porque hasta un niño de 10 años sabe bien que casi todo lo que dice en Internet, es mentira. Además no podía entender qué había de buena suerte en lo que le estaba pasando a mi familia en estos momentos.
Buscamos un lugar donde podríamos vivir, encontramos una casa que era llamada por algunos: “la casa del árbol”, era un misterioso terreno en Bosque Real, pero, como era la mejor opción que teníamos, nos quedamos ahí. En el camino, observé más detenidamente mi moneda, así noté que aparecía una imagen de una casa construida sobre un árbol, se me hizo muy raro lo que estaba pasando. Cuando llegamos vimos que realmente era una casa del árbol, todo parecía cada vez más extraño… adentro nos recibió un tipo raro, con capucha negra, nos dijo que teníamos mucha suerte de haber encontrado esa casa ya que había muchas cosas ocultas dentro de la casa, pero, solo podíamos quedarnos si pagábamos con una moneda muy especial. Recordé que yo tenía una y muy rara, por cierto, la saqué con un poco de miedo y pregunté si esa moneda servía, al verla el hombre de la capucha, abrió enormemente los ojos y dijo que sí, entonces pudimos quedarnos con la Casa del árbol. La verdad por algún momento dude en entregarla, yo no quería pero, no tuve otra opción… antes de irse, nos repitió que aunque la casa era pequeña tenía grandes, pero grandes sorpresas, en fin, no quiso decir nada más.

Pasaron unas 3 semanas, ampliamos un poco la casa para poder vivir mejor, por lo menos un tiempo. En un momento de tantos, corría por la casa, cuando accidentalmente cayó un pedazo de madera que tenía escrito el número 301210009, me espanté y corrí hacia mi mamá pensando que yo había hecho algo mal, se lo enseñé, pero no le dio mucha importancia, es más me dijo que lo tirara, pero a mí, me dio mucha curiosidad así que lo guardé en mi cuarto. Comencé a pensar qué podrían ser esos números, así que se me ocurrió que a lo mejor 3012 podría ser una fecha, como el día 30 del mes 12, es decir 30 de diciembre… me emocioné más porque era ¡el día de mi cumpleaños!
Ese día noté que en la casa del árbol, había un hueco, metí la mano y se abrió un espacio secreto, había un tipo de pantalla con números. Se me ocurrió teclear el resto del número escrito en la madera o sea 10009, ¡wow! de pronto, se oyó una voz que dijo: ¡Bienvenido a Dreamland!, de repente sentí una fuerza rodeándome, no entendía qué pasaba, pero creo que me teletransporté a un lugar increíble, un lugar muy raro y sorprendente para mí… tenía mucha hambre y justo cuando pensé en lo que se me antojó, de la nada ¡apareció una pizza!… me di cuenta que Dreamland no era un lugar tan diferente, pero, ahora podía tener todo lo que yo quisiera con tan solo pensarlo. En 3 días, recuperamos todo lo que teníamos antes y hasta más. Mis papás estaban muy contentos y yo entendí por qué haber encontrado la moneda misteriosa en verdad me había dado muy buena suerte, tanto que hasta logré entregar a tiempo un trabajo de la escuela para un certamen literario, con tan solo pensarlo…

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