El legado de los dioses

Por: Lobo negro

Era una mañana fría y áspera como cualquier otra en la época de invierno en el pequeño pueblo de Ealdor. Su estilo medieval le daba un toque legendario y añejo, ahí vivían granjeros, pescadores y marineros. En el pueblo se contaba una leyenda que pasaba de generación en generación. Hablaba de la maldición que los Dioses hicieron a los habitantes de Ealdor que los condenaba a vivir con sufrimiento y dolor por toda la eternidad. Los Ealdorianos tenían estrictamente prohibido por los Dioses salir de los límites de su pueblo, durante muchos años las personas de ese pueblo habían vivido con miedo, pero con el tiempo se dieron cuenta de que la consigna era más por su bien que por hacerles mal.
Un joven viajero, fuerte y perseverante llamado Ares, llamado así para halagar a los Dioses, decidió buscar evidencias del castigo proclamado y para saber si no solo fue un invento de sus antepasados por mantener la creencia en los Dioses. Tan pronto pudo, partió hacia las montañas cerca de la frontera de Otamano, una ciudad avanzada tecnológicamente; en el camino se enfrentó con diferentes retos como cruzar ríos caudalosos y cazar animales para su sobrevivencia. Cuando al fin llegó a la montaña vio una cueva y pensó que tal vez ahí habría alguna evidencia, decidió entrar. La cueva se iluminó en cuanto Ares pisó la entrada, dentro, había dos caminos y arriba de cada uno, un

nombre: en la de la izquierda decía Otamono y en la de la derecha Ealdor. Ares decidió entrar primero al de la derecha y vió una serie de pinturas rupestres en las que se mostraba el mal comportamiento de los habitantes de Ealdor hacia los Dioses e ilustraba el castigo para sus habitantes: Habría una dura batalla con el vecino pueblo de Otamano y los Ealdorianos se extinguirían, cediendo así su territorio. Al ver esto, decidió revisar la cueva de Otamano y observó en las pinturas, el comportamiento de envidia hacia los Ealdorianos y cómo los Dioses les imponían a perder muchas vidas en la batalla contra el pueblo de Ealdor. Ares dedujo que Otamano se expandiría y podría desarrollar más, su ya avanzada tecnología. Salió directamente a su pueblo a contarles lo que había visto en la cueva y como nadie le creyó, fueron a aquella cueva para comprobar si lo que él dijo Ares era verdad, al verlo, todos estaban muy apenados con Ares y lo hicieron jefe del pueblo, Ares ordenó que se mostrará la cueva al jefe de los Otamanianos, enviaron a una tropa a la frontera de Otamano y pidieron a los drones guardines una cita con su jefe, los drones exclamaron que él no era, “su jefe era su rey David”, un hombre decidido. después de unos instantes los drones los llevaron con el rey David, cuando llegaron con él le informaron sobre la cueva como había ordenado Ares y tambien le dijeron que si no va él no iba a revelar esa información, después de un tiempo el rey David decidió hacerles caso a las tropa de Ealdor y partió de inmediato hacia allá al ver la información que le brindó esa cueva regresó directamente a Otamano y creó un plan de ataque para conquistar Ealdor, cuando lo terminó mandó

a 100 hombres a Ealdor para robar sus armas y a otros 100 para ver su estrategia de defensa, como Ares ya sabía cómo reaccionaría al ver esa información dedujo que le declararía la guerra para tomar Ealdor y envió a 200 hombres armados a capturar a los 100 hombres que buscaban robar las armas y a otros 200 para capturar a los que iban a descubrir su plan de batalla, los cuales fueron entregados en sacrificio a los Dioses para calmarlos y para que los ayudaran en la guerra, cuando el rey otomano David, se enteró de lo que hizo Ares mandó a todos sus hombres con armas mortales para asesinar a todos los Ealdianos y Ares envió a todos sus hombres armados con sus mejores armas a su frontera para que se enfrentarán en la gran batalla que se había planeado por los Dioses desde la antigüedad.
Mientras que Ares se dirigía a la montaña para ver el resultado de su estrategia, entró a la cueva, vio nuevamente en las pinturas la batalla, cómo se iba a librar, quién iba a morir, también vio las consecuencias territoriales, ambos pueblos quedarían hechos pedazos y todos los habitantes de Ealdor serían aniquilados. Decepcionado volvió a su castillo y buscó la forma de salvar a ambos pueblos, su mente no podía dejar de pensar que si no se apresuraba, todos serían destruidos por la rivalidad creada por los Dioses. Hasta ese momento, el ejército de Otamano iba perdiendo la batalla y se retiraron momentáneamente mientras planeaban otra estrategia; eso le dio a Ares más tiempo de pensar cómo podría arreglar la rivalidad sin necesidad de una lucha cruel que cobrara vidas y destruyera territorios. En eso estaba Ares

cuando el ejército de Otamano empezó a lanzar bombas desde sus aviones eso le dio otra cosa en la cual pensar a Ares y ordenó deriven esos aviones como sea porque si no nos van a matar a todos el ejército de Ealdor les estaba lanzando piedras a los aviones y cuando una de esas piedras le cayó a la turbina lo derribó y entendieron que tenían que apuntar a las turbinas del avión. Lograron derribar todos los aviones pero habían causado mucho daño y eso le dio una gran idea a Ares y decidió hacer un tratado de paz con Otamano para cambiar totalmente el castigo de los dioses.
Cuando fue a ver al rey David personalmente y le propuso su idea, el rey lo tomó como un acto de cobardía y eso le daba motivos para acabar con su pueblo, aunque tuviera que sacrificar muchas de las vidas de su ejército. Ares le preguntó que si estaba dispuesto a sacrificar su vida para acabar con su pueblo, el rey le dijo que no necesitaba sacrificarse para ganar esta guerra y Ares le respondió si seguía con la idea de pelear, moriría como se predecía en la cueva, David no le creyó, así que Ares lo retó a comprobar por él mismo yendo a la cueva. Al llegar, el Rey David no podía creer lo que veía, y para no arriesgar su vida y la de los suyos, decidió terminar con la rivalidad entre los dos pueblos.
Finalmente, al acceder a firmar la paz, la cueva se desmoronó, dejando bajo escombros todas las pinturas de los designios de los dioses. Ambos jefes pensaron que esa cueva más que un castigo, significaba un reto para los dos pueblos, para demostrar sus ideas y creencias y sobre todo, para volver a creer en la paz y en la unidad.

A partir de ese día los habitantes de Ealdor y Otamano convivieron felices por toda la eternidad en paz consigo mismos y con los dioses.

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