Los perros súper ruhff

Por: Tuti

Era el mejor de los tiempos en la ciudad de Peniwais, una ciudad llena de amor, ternura, amistad y sobre todo muchos perritos, la Pandilla Súper Ruhff.

Muy pronto sería el cumpleaños de un perrito llamado Rukci, y todos sus amigos perros estarían ahí para festejar con él, inclusive su mejor amigo llamado Cuki. Su fiesta de cumpleaños iba a ser increíble, Rukci invitó a todos los perros de los edificios green, blue y pink: Lola Pifington, Ponpon, Loro, Cuki, Ashlie, Huellitas y Chistosín, aunque no se conocían. Sin embargo, eso estaba por cambiar.

Lola Pifington no tenía muchos amigos porque venía de Paris. Pero eso sí, Rukci y Cukie se amaban, a pesar de que Rukci vivía en el edificio green y Cukie en el edificio blue. Siempre encontraban la forma de verse, pues o Cukie o Rukci cruzaban la calle, saltando de alegría para encontrarse.

Cukie estaba preocupado porque no podría asistir a la fiesta de cumpleaños de Rukci, ya que tenía su cita en el veterinario; eso le entristecía mucho y trató de buscar a Rukci y darle una explicación. Sin embargo, era demasiado tarde ya que sus amos se disponían para llevarlo al veterinario y lo tomó por sorpresa, no se lo esperaba y, mucho menos, su temible vacuna.

La fiesta de cumpleaños se iba a festejar en el parque principal de Peniwais Sabía que se iba a perder el delicioso pastel de su mejor amigo Rukci, hecho de croquetas, carne y papilla de bebé y, por supuesto, se iba a perder el festejo de cumpleaños de su súper amigo.

Llegó el día de la gran fiesta, Rukci estaba desconcertado ya que no veía por ninguna parte a Cuki, sin embargo, le prestaba atención a sus otros amigos. Durante el festejo Ponpon se acercó a Rukci y le dijo:
–Oye Rukci, ¡vamos a lanzar palos!
Obviamente Rukci no se pudo resistir, amaba jugar a lanzar palos; corrió y corrió aunque estaba un poco triste, porque no entendía la ausencia de Cuki. Mientras tanto, los cachorros hermanos Huellitas y Chistosín comían del pastel, se acercó a ellos la preciosa y mandona cachorra Ashlie, y les dijo mientras sacudía su linda colita:
–Disculpen, ¿saben dónde se encuentra Lola Pifington? La quiero conocer, ruhff ruhff”…
En ese preciso momento se acercaron a ellos Lola junto con Loro el cachorro y comenzaron todos juntos a jugar, los nueve perros. Pero algo faltaba, necesitaban la presencia de Cuki, que era considerado como la cereza del pastel por divertido. Pensaban que para divertirse aún más juntos, Cuki era indispensable por ser un cachorro increíble.

Mientras eso ocurría, sin que nadie viera a Rukci, éste se encargaba de enterrar un palo que le pertenecía a Cuki, ya que estaba muy enojado con su mejor amigo por no haber asistido.

Llegó el final de la gran fiesta de cumpleaños de 4 años de Rukci, y todos los demás perros se marcharon a su casa, pues ya era un tanto tarde, pero Rukci permaneció en el parque contemplando las estrellas en esa hermosa noche. De pronto apareció Cuki, obviamente ya vacunado, con temor de acercarse, pero aún así lo hizo para pedirle una disculpa y ofrecerle una explicación, Rukci al verlo pretendió marcharse ofendido sin querer escucharlo, de todas formas Cuki insistió en acercarse aún más para disculparse, pero Rukci no aceptó sus disculpas, estaba muy sentido de que no asistiera a su fiesta de cumpleaños y en su pensamiento se dijo a sí mismo: “estaría loco si lo perdonase y, encima, la hora que decide llegar”, mientras se marchó a su hogar con sus amos a toda prisa.

Pasaron dos días de la gran fiesta de cumpleaños de Rukci, cuando a Cuki se le ocurrió una maravillosa idea. Fue a toda prisa a juntar los ingredientes necesarios para prepararle una sorpresa a su gran amigo, reuniendo los ingredientes favoritos de su amigo para ofrecerle una gran comida; así que mezcló todo perfectamente y lo puso en su plato favorito para llevárselo a su mejor amigo. Al ver este detalle, Rukci no se pudo contener más y perdonó a Cuki, haciéndose de nuevo los mejores amigos de siempre.

Esa misma tarde estaba ocurriendo algo muy extraño, cuando Lola Pifington corría súper asustada en dirección hacia Rukci y Cuki; detrás de Lola corrían también a toda prisa los demás cachorros; ella, un poco mayor que los demás era más veloz y cuando por fin llegaron con Rukci y Cuki, Lola les trataba de explicar que había ocurrido una tragedia, pero nadie lograba entenderle. Loro se dispone a decirles que se habían robado a unos cachorritos:

–Unos ladrones se han llevado a unos bebés cachorros–,
Fue cuando Huellitas y Chistosín, mencionaron que ellos sabían donde vivían los padres de los cachorros robados, Choco y Late, pero que probablemente iban a necesitar la ayuda de Rukci y Cuki.

En ese instante no lo pensaron más y salieron a toda prisa a buscar a los padres de los bebés cachorros que se habían robado los supuestos ladrones. Al llegar al hogar de los padres de los bebés cachorros les explicaron lo que había ocurrido con sus cachorritos; los padres muy angustiados se los agradecieron, pero decidieron ir en busca de sus propios bebés, pero toda la pandilla de súper perros Rhuff decidieron colaborar en la búsqueda de esos perritos.

Según decía Ashlie, ella sabía exactamente dónde estaba la guarida secreta de los ladrones; Ashlie los había seguido a toda prisa y memorizado el camino, para poder ir en busca de ayuda, y contarle a sus amigos, lo sucedido.

Todos los perros llegaron a la guarida de los ladrones de perros, gracias a la buena memoria de Ashlie, pero en un abrir y cerrar de ojos los ladrones lograron atrapar a toda la pandilla de perros incluso a los padres de Choco y Late. Los encerraron en un cuarto con los otros cachorritos.

Como Huellitas era muy pequeño y ágil por ser un maltés, logró jalar una cuerda que abría la puerta del cuarto donde estaban todos encerrados y así pudieron salir a toda velocidad absolutamente todos los perros; los ladrones quedaron paralizados y confundidos con tal acto de parte de los perros, y no lograron atraparlos de vuelta. Esto fue un gran acontecimiento, todos juntos ladraban de felicidad huyendo a toda prisa al parque principal de Peniwais, donde se disponían a reunirse para ver que todos hubieran llegado sanos y salvos.

Ya con la certeza que todos estaban bien los primeros en marcharse a su hogar fueron los padres y los bebés cachorros; ese día había sido de mucha aventura y muy agotador para absolutamente todos los perros, por tanto todos decidieron que lo mejor sería ir a sus propias casa y descansar ya que mañana sería otro nuevo gran día.

Al día siguiente, como todos los días, todos los perros se reunieron de nuevo en el parque principal de Peniwais Fruti no había llegado, se había quedado dormido en su casa, ya que su entrenador no llegó por él, porque se había enfermado. Por otro lado, Ponpon llegó súper temprano y antes que los demás, quería aprovechar para comer un pedazo de pastel que había sobrado del cumpleaños de Rukci.

Más tarde decidieron ir juntos a la tienda de mascotas de Peniwais, para comprarse un collar, ropa, comida y demás accesorios como juguetes y premios para perros. Al finalizar sus compras se dirigieron al mercado de Peniwais para festejar y jugar con sus nuevos premios, estrenar su ropa y sus accesorios. Ahí mismo decidieron crear un club llamado los perros Súper Ruhff, Recolectaron sus huesos dulces que habían conseguido durante todas sus aventuras y tomaron la decisión de enterrarlos en el parque principal de Peniwais.

Gracias a este divertido momento de esconder sus huesos, los demás perros que no pertenecían a la pandilla de perros Súper Ruhff, se sintieron celosos, con un poco de envidia y su envidia fue aún mayor que su corazón, fue cuando quisieron arruinar todo lo que perteneciera a la pandilla.

Cuando los perros de la pandilla se dieron cuenta de las intenciones de los demás perros decidieron acudir con el perro sabueso que es quien mantiene la paz y la amistad entre todos los perros.

La decisión del perro sabueso al escuchar las intenciones de los demás perros fue llevar a todos los perros al callejón principal para que se disculparan con la pandilla. La pandilla que tenía perros de gran corazón decidieron perdonarlos; jugaron por un rato y estuvieron muy felices.

Decidieron que la unión hace la fuerza y de ahora en adelante resolverían todos los problemas y los casos que acontecían día a día juntos y unidos, los perros de la pandilla de los perros de Súper Ruhff aprendieron una gran lección: todos juntos se dieron cuenta que obteniendo lo mejor de los demás, estando unidos y resolviendo los problemas en paz era mucho mejor. Decidieron adoptar un lema: “La unión hace la fuerza”. Por lo tanto, de ahora en adelante todos los problemas los resolverían juntos, de manera proactiva y con la idea de siempre ganar– ganar.

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