La mejor amistad

Por: Güero

Lalo y Luis eran dos niños que jugaban en el kínder como si fueran hermanos: siempre estaban juntos en el camión que los llevaba a la escuela y los dejaba en su casa al terminar la escuela, a la hora del lunch, en el recreo… También cuando se portaban mal con los maestros o hacían una travesura en la escuela se ponían de acuerdo y los dos siempre se protegían uno al otro.

Cuando pasaron a primaria siempre se sentaban juntos en las clases, se ayudaban en los exámenes y en las tareas, también estudiaban juntos. Los fines de semana Lalo se quedaba en casa de Luis a dormir y jugar con sus juguetes, también veían la tele o jugaban con el juego favorito de Luis, el dominó, en el que nadie le podía ganar.

El tiempo pasó y Luis y Lalo crecieron y pasaron a la secundaria. Ya no les gustaba tanto quedarse en su casa y preferían tomar la clase de fútbol juntos o pedirles a sus mamás que los llevaran al cine. Cada vez estaban más unidos, parecían almas gemelas, ya que todo el horario de la escuela estaban juntos, tenían más amigos pero nadie era tan especial para ellos.

Pasaron a la preparatoria y ahora se presentaban novias para salir a cenar y al cine o quedaban de acuerdo para irse de vacaciones a Cuernavaca o Acapulco y disfrutar de días festivos y puentes.

Llegó el momento en que estos mejores amigos se casaron y tuvieron hijos, pero nunca se dejaban de ver siempre buscaban el momento de estar juntos para ellos convivir al igual que sus esposas e hijos. Todos los fines de semana se veían para ir a comer y divertirse.

Siempre estaban juntos en las fiestas de sus hijos o para divertirse los domingos con las familias reunidas o también para irse a la feria, teatro, o donde fuera, lo importante era estar juntos.

Un día Lalo tuvo una pesadilla en donde soñó que estaba escalando una montaña con Luis, era muy alta, peligrosa y riesgosa. Caminaban uno atrás del otro, lo hacían despacio y con mucho cuidado; se sostenían de las rocas con su equipo de alpinismo.

De repente, Luis no pisó bien el camino y se resbaló hasta caer al precipicio. ¡Lalo no podía creer lo que le había pasado a un mejor amigo! La tristeza lo invadió tanto que también se iba a aventar para estar junto con él. De pronto se despertó gritando, llorando y desesperado. Su esposa le preguntó que por qué estaba así; que qué había soñado y Lalo le contestó que ni en un sueño podría aguantar que le pasara algo a su amigo Luis.

En ese momento, Lalo se levantó, se vistió y le dijo a su esposa que iba a ir a ver a su amigo Luis. Su esposa muy espantada trató de hablar y calmarlo pero no pudo; Lalo estaba desesperado por ver a su amigo y así poder comprobar que era solamente un simple sueño y que podría abrazar a su amigo y decirle que estaba feliz de que estuviera bien.

Su esposa le dijo que eran las 3 de la mañana y que su amigo Luis estaría dormido. Lalo le dijo a su esposa que Luis lo escucharía sin importar la hora.

Lalo tomó su coche y llegó a casa de su mejor amigo y le platicó lo que había soñado. Tenía que verlo ya que ni en un sueño podía soportar que le pasara algo. Se abrazaron y Lalo le dijo a Luis que estaba muy tranquilo de que lo ocurrido era solo un sueño. Después de un rato de platicar Lalo volvió a su coche, regresó a su casa más tranquilo. Su esposa le dijo que se tenía que calmar porque solamente había sido un sueño, a lo que Lalo le respondió a su esposa que los sueños pueden hacerse realidad y que por eso fue a ver si su amigo estaba bien.

Con el paso del tiempo no solamente Lalo y Luis eran amigos, sino también sus sus hijos, y hasta nietos. Lo más importante es que hasta hacerse viejitos estuvieron juntos y siempre platicaban de su amistad y de lo importante que es cuidar y preocuparse por las personas que queremos hasta en los sueños y sin importar nada.

Llegó el momento en que Lalo ya era una persona muy grande y a los 90 años murió de una enfermedad en los pulmones, ya que fumaba 10 cigarros diarios. Luis no pudo soportar esta tristeza de no volver a ver a su mejor amigo y a los pocos días también murió. Desde el cielo cuidaban y veían por sus familias pero ni en el cielo se pudieron separar, siguieron siendo amigos por siempre.

Los amigos son para siempre, en las buenas y en las malas y en todo momento en la vida sin importar la edad o si estamos en este mundo o en el otro al morir, una buena y sincera amistad nunca se acaba, al contrario, se hereda a nuestra descendencia, se vuelve eterna.

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