Gaza

Por: Gregorio

En la frontera de Gaza vivía una humilde familia israelí de cinco hijos, con apenas qué comer.
El papá se llamaba Gregorio y era un hombre muy trabajador, pero no recibía
lo que merecía, él trabajaba en Gaza en una fábrica de Coca Cola.

Todos los días se despertaba a las cinco de la mañana para irse a trabajar, en la fábrica cargaba cajas todo el día, de la fábrica a los camiones, y de los camiones a las tiendas, casas, etc.
Llegaba a su casa a las diez de la noche cuando sus hijos ya estaban dormidos, sábados y domingos también trabajaba y nunca podía ver a sus hijos ni a su esposa, todo el tiempo se sentía triste.
Un día Gregorio se levantó muy cansado y se fue a trabajar, al mediodía
Gregorio se fue al baño.
Unos hombres vestidos de negro con máscaras anti-gas entraron a la fábrica
con pistolas en la mano apuntando a todos los trabajadores.
Echaron un gas y todos cayeron al piso desmayados.
Los hombres de negro empezaron a robar la fábrica, lo que ellos querían era
robar las Coca Colas para venderlas, pero con otra marca.
Gregorio escuchó un ruido afuera y salió a ver, todo el lugar estaba lleno del gas y no veía nada pero por precaución se tapó la boca, estaba medio mareado por el gas pero todavía no le había afectado del todo.
La nube de gas se empezó a despejar y al fondo pudo ver a los hombres de
negro.
Los hombres de negro vieron a Gregorio, para entonces ya era muy tarde,
Gregorio ya había visto lo que estaban haciendo.
Los hombres de negro le lanzaron una Coca Cola a Gregorio en la cabeza y
esto hizo que se destapara la boca y se desmayara.
Los hombres de negro ya no tenían otra opción, se llevaron a Gregorio con
ellos como rehén. Los hombres de negro tiraron a Gregorio en la cajuela de
una camioneta negra.
En el camino hubo un terrible accidente y todos los hombres negros que iban en esa camioneta salieron corriendo dejando a Gregorio solo.
Al día siguiente Gregorio se despertó muy adolorido por el gran accidente, salió de la camioneta y se dio cuenta de que estaba en la mitad de la nada. Gregorio, con muchas heridas y sin comunicación, empezó a tratar de ubicarse pero no pudo, al pasar una hora empezó a caminar hacia alguna dirección. Dos días después su esposa y sus cinco hijos se dieron cuenta de que Gregorio nunca llegó a casa, llamaron a la policía y hasta ahora es un misterio, nadie sabe qué pasó. No encontraron ningún rastro.

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