Con mis tres amigas

Por: Dani
A mis 16 años tenía una vida increíble. Padres que me amaban y que ellos se
amaban, amigos increíbles, una mejor amiga que me apoyaba y un novio increíble, pero el 14 de febrero todo cambió. Parecía un día normal, mis amigas me habían regalado un globo, mi mejor amiga y yo intercambiamos brazaletes de la amistad y mi novio me regaló un collar que decía Nicole; mi nombre.

Después del recreo mi mejor amiga Galia me dijo que iba a ir al baño, cuando se estaba yendo vi que se le cayó el brazalete de amistad que le regalé, recogí el brazalete y la seguí para dárselo, vi que ella no se dirigía al baño y me pregunté ¿a dónde se va? Se dirigía con mi novio
Pensé que iban a hablar, pero volteé para un lado y cuando volví a ver se estaban besando. No tengo idea de cómo llegué ahí tan rápido. Les pregunté: ¿qué es esto?
Me dijo que no era lo que yo creía, pero claro que lo era, ella me preguntó qué hacía siguiéndola y le contesté que se le cayó su brazalete y que se lo quería dar. Me di media vuelta y me fui sin decir una palabra, sólo quería llegar a casa y contarle todo a mi mamá.
Cuando llegué a casa mis papás peleaban, nunca había visto eso en ellos. Sí los había visto discutir. Pero nunca peleando así. Entré a mi cuarto y ni siquiera me notaron, no los quería molestar, pensaba que me iban a regañar si me metía a decirles algo en medio de una pelea, así que no dije nada; me acosté y me dormí.
Pasaron días, semanas y ya no tenía nada, mis amigas estaban de lado de Galia, obviamente ya no estaba con mi ex novio y mis papás seguían peleando y hasta escuché que planeaban un divorcio. No quería acudir a nadie… Seguro estaban más ocupados y no les interesaba prestarle atención a una niña triste.
Un día estaba en mi cuarto y pensaba en qué podría hacer, así que como no tenía a nadie ni nada empecé a imaginar. Imaginé 3 amigas.
Con ellas no me sentía sola, ellas me apoyaban en todo y sabían lo que necesitaba, volví a ser feliz por un tiempo.
Al pasar unas cuantas semanas mis tres amigas ya no eran como antes, lo que
parecía un producto de mi mente, ahora parecía que tenían vida propia. Un ejemplo de esto es que como antes eran de mi imaginación me hacían caso, pero después se enojaban si no hacía lo que ellas me pedían. Otro ejemplo es que cuando les pedía que se fueran después de unos minutos, volvían, pero con una voz muy rara y que daba mucho miedo; ya no me sentía tan cómoda con ellas.
Unos cuantos meses pasaron. Empezaron a decirme cosas que yo no quería hacer ni escuchar, como que le hiciera cosas malas a mis papás, maltratar mis cosas y me daba miedo no hacerles caso. Así que empecé con cosas no tan malas como quitarles objetos a mis papás y esconderlas.
Poco a poco me volví a sentir sola, pero si no hacía lo que me decían pensaba que algo malo me iba a pasar.
Después de un corto tiempo empecé a hacerme daño yo misma, sin que ellas me
lo pidieran; eso lo hacía por propia voluntad, no solo física si no mentalmente. Me empezó a dar miedo, esa no era yo.
Un día estaba viendo en el espejo lo que me había hecho y sentí una mano en mi espalda. Al principio pensé que era el viento y después sentí otra del otro lado y escuché una risa. Volteé a ver y eran ellas, tal y como las había imaginado, pero con una mirada diferente, como si quisieran hacerme algo. No sé cómo pero llegué a mi cuarto corriendo y pensé un momento en qué podía hacer, ya que mis papás no estaban en casa y dejé mi celular en la sala, así que sólo me quedé en mi cuarto, en la esquina rezando para que nada pasara y que mis padres regresaran lo más pronto. Me quedé dormida, cuando desperté salí corriendo del cuarto a contarles todo a mis papás, pero para mi sorpresa no estaban y ya era otro día.
Ellas ya no estaban ahí, así que dije: “seguro fue un mal sueño”, y prendí la televisión para ver las noticias. Me enteré que se encontraron dos cadáveres, cuando miré más de cerca ¡eran mis papás! Las noticias decían que no encontraron huellas ni armas, pero no despertaban, no respiraban, ni sus corazones latían, los llevaron al hospital y no parecía ningún asesinato ni alguna falla en sus cuerpos.
Pasó un tiempo y me fui a vivir con mi tía Betty, ella me trataba muy mal y tenía pesadillas por lo que había pasado aquel día. Años después, ya independiente, me había olvidado de mis tres amigas, pero una vez mientras dormía aparecieron y me dijeron que tuviera cuidado. Me desperté en ese momento porque sentí que alguien me había tocado la cara. Me desperté y no había nada

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