Encadenado a mis miedos

Por: Quiux

Ernesto acababa de sentir algo que nunca había sentido. Ese sentimiento le recorrió por todo el cuerpo y era como si no lo soltara. Lo estremecía pensar en eso, no podía creer lo que había pasado…

Unos meses antes, Ernesto, un joven de 14 años con piel blanca, ojos color miel y un deseo enorme de dormir, se encontraba en su cama despierto, no podía conciliar el sueño. Daba vueltas de un lado a otro, pero hiciera lo que hiciera no le funcionaba. Comenzó a pensar en cómo había estado su día y en que se había peleado con su papá a la hora de la comida porque le había quitado el celular. De pronto se vio a él mismo sentado en una banca un tanto rota. Vio a una figura misteriosa entrando a una tienda, se le hizo muy extraño y decidió seguirla. Entró a la tienda, pero solo pudo verla por detrás, nunca le vio la cara.
De repente, Ernesto despertó, estaba un poco aturdido por su sueño, pero tuvo que bajar a desayunar para ir a la escuela. Había de desayunar huevos revueltos con queso, yogurt con granola y jugo de toronja. Nadie se atrevió a decir una sola palabra debido a la discusión de la noche anterior. Cinco minutos después Ernesto se levantó rápidamente y se dirigió a la puerta.
Llegó a la escuela e inmediatamente buscó a su amiga Diana. De hecho, era su mejor amiga, siempre se ayudaban en todo y se escuchaban mutuamente. Se parecían mucho, a ella le gustaba desayunar un pan con nutella y leche con chocolate cada mañana y a él también. Era como si fueran hermanos, aunque de otra madre. La encontró en el pasillo y comenzarona platicar sobre el sueño de Ernesto. Diana le dijo que seguro fue una pesadilla y que debería de olvidarse de eso, ya que lo estaba perturbando demasiado. Ernesto le dijo que tenía razón, pero aún con el consejo, seguía teniendo un sentimiento de intranquilidad. Siguió hablando con su amiga hasta que tocó para que empezaran las clases.
Después de un largo día de Matemáticas, Química, Español, Historia y Física, tocó el timbre de salida. Corrió tan rápido al salir, que casi se cae en las escaleras, pero siguió corriendo para llegar lo más temprano que pudo a su casa. Llegó y comió un delicioso pollo agridulce con arroz, le agradeció a su papá por la comida y subió a su cuarto. Empezó a hacer su tarea en la computadora y después de dos horas, terminó.
A la hora de dormir se preocupó un poco ya que no quería soñar lo mismo que había soñado la noche anterior. Al fin se durmió y vio de nuevo a la figura misteriosa, ahora sí le podía ver la cara, pero seguía sin identificar quién era, se veía muy borrosa.
Despertó muy asustado, nervioso y con escalofríos que le recorrieron desde la punta de los pies hasta la punta de su cabeza. De pronto recordó un momento de su infancia en el que su mamá le daba un beso y le decía que la vida sin riesgos no es vida. La mamá de Ernesto había fallecido cuando él tenía cinco años y se sorprendió de poder recordar eso, ya que hacía mucho tiempo que no le llegaban esos recuerdos a la mente.
Bajó a desayunar como todas las mañanas y comió un pan con nutella y leche con chocolate, eso le recordó a Diana. Llegó a la escuela y le contó el recuerdo que le llegó a la mente sobre su mamá y Diana le dijo que algo en su inconsciente lo estaría poniendo nervioso, por eso soñó con esa figura y recordó a su mamá.
De nuevo esa noche, estaba Ernesto en la cama ansioso por quedarse dormido para descubrir quién era la figura. Comenzó a soñar, estaba la figura misteriosa, pero ahora se notaba que era mujer. Estaba rondando como una persona sin propósito, sin identidad. Ernesto se mostraba sorprendido y confundido en su propio sueño como si no supiera lo que estaba pasando.
Despertó y se dio cuenta que cada noche se iba descifrando algo más de la figura misteriosa y ya quería volver a soñar pero tenía que esperar a que fuera de noche. Bajó a desayunar y se fue a la escuela. Vio a Diana y se acercó a hablarle. Ernesto se dio cuenta que su corazón comenzó a latir más rápido, en ese momento la sonrisa de Diana se le hizo lo mejor que vio en el día. Él pensó y se dio cuenta de que le podría estar gustando ella.
Todo el día estuvo pensando en Diana y no podía sacársela de la mente. Se dio cuenta que estaba realmente enamorado de ella. No quería decirle nada porque tenía mucho miedo de ser rechazado y temía perder su amistad.
Inconscientemente comenzó a evitarla en los pasillos y a Diana se le hizo muy raro, así que ella decidió ir a hablarle a él, pero Ernesto se escabulló entre los alumnos y se fue a su casa.
Esa noche soñó y de nuevo estaba la figura misteriosa, era una mujer y tenía la cara de su amiga Diana, él no entendía lo que estaba pasando en su sueño, así que decidió seguirla, pero se esfumaba cada vez que quería hablarle.
Despertó exaltado y se dio cuenta de que lo que lo había atormentando todas esas noches era simplemente amor. Pensó que debería confesarle sus sentimientos, pero estaba realmente aterrorizado. Mientras desayunaba, estuvo pensando ideas de cómo confesarle su amor, pero cada una la rechazaba. Cuando llegó a la escuela no pudo acercarse a ella y siguió evitándola.
Pasaron meses y la situación seguía igual, seguía soñando con Diana hasta que de pronto, una noche, Ernesto soñó con su mamá, ella le decía que se arriesgue por lo que quiera y que no deje para otro día lo que puede hacer en ese momento.
Despertó de nuevo un poco perturbado porque no había tenido sueños de su mamá desde que falleció. Sintió que era una señal y que no debía dejar que el miedo lo venciera. Estaba decidido a confesarle su amor a Diana.
Ese día en la escuela Ernesto la estaba buscando como loco por toda la escuela, pero no aparecía, se le hizo muy extraño, así que iba a ir con alguna maestra para saber dónde estaba. Antes de que pudiera hacer eso, lo llamaron a la dirección y estaba muy asustado porque no sabía para qué.
Entró a la dirección y se sentó. La directora comenzó a hablar y le pareció como si sus palabras hubieran durado una eternidad: DIANA SE QUITÓ LA VIDA, LO LAMENTO MUCHO, SÉ QUE ERAN MUY AMIGOS.
Ernesto acababa de sentir algo que nunca había sentido. Ese sentimiento le recorrió por todo el cuerpo y era como si no lo soltara. Lo estremecía pensar en eso, no podía creer lo que había pasado…
La directora le otorgó una carta que habían encontrado en el cuarto de Diana. Ernesto con lágrimas en los ojos leyó para sí mismo:
Ernesto, espero te encuentres bien, si estás leyendo esta carta es porque alguien la encontró en mi cuarto. Ya sé que te estarás preguntando por qué. La verdad es que desde hace muchos meses me habías estado ignorando, no se por qué, pero así era. Me intentaba acercar, pero te ibas. Me puso muy triste lo que me estabas haciendo, lo peor es que no sabía por qué. Toda la vida había estado enamorada de ti, siempre soñé con un futuro para nosotros, siempre estuve para ti, pero nunca lo notaste. Eras mi único amigo y me fallaste. No tenía a nadie en la vida más que a ti, Eras lo único que me mantenía viva y ahora sin ti, la vida no tiene sentido. Aunque me hayas hecho mucho daño te perdono. Te deseo que encuentres el amor donde quiera que esté y que no estés triste por mi partida. Algún día nos volveremos a ver. Esto no es una adiós, es un hasta luego.
Te quiere, Diana
Ernesto nunca más volvería a verla con vida para decirle lo que sentía por ella.
Uno nunca sabe lo que sucederá mañana…

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