Título indefinido

Por: “A”

Si me tuviera que definir a mí mismo, me definiría como un chico normal. Realmente no hay nada mío que me hace especial ¡mínimo nada que haya descubierto aún! Vivo atorado en mi rutina de despertar, escuchar el radio para mantenerme informado, caminar al trabajo pasando siempre por el mismo camino, salir de mi casa y caminar derecho, dar una vuelta a lado del hotel Florida, seguir adelante dos cuadras hasta llegar al edificio del periódico “Heraldo de Madrid” donde me encargo de informar a las jóvenes mentes de 1920 de todo España.

Nací en 1902 muchos dicen que soy demasiado joven para ejercer el puesto que hoy en día tengo pero no me importa; desde pequeño decidí que iba a ser alguien importante y que iba a sacar a mi familia de la pobreza, pero hoy en día me encuentro sin familia y sin pobreza. Vivo una buena vida, mi papás murieron antes de que tuviera memoria de ellos y mis dos hermanas me abandonaron cuando se casaron. Quedamos mi abuela y yo pero hace unos meses que soy solo yo, mis amigos me han apoyado en todo momento; Luis siempre ha sido en quien puedo confiar, Manuel a menudo me saca una carcajada y María e Isabel son una gran compañía. Con ellos cuatro me reúno todas la noches después del trabajo y no es casualidad que todos trabajemos en el mismo edificio, todos los días salimos a cenar pero el viernes es día de bar en “Bar Flor” después de una dura semana merecemos desfogarnos, pasárnolas bien y disfrutar la vida. Regularmente Manuel es el primero en irse a casa y de costumbre con una mujer a su lado, a María no la veo en toda la noche hasta que es hora de irnos, Luis siempre intenta acabar con una chica pero rara vez lo logra e Isa y yo siempre nos quedamos juntos a veces hablando y a veces tratando de ayudar al otro a salir en pareja del bar, yo soy realmente bueno encontrando a alguien que le guste, pero ella no tanto… de todas formas nos la pasamos bien. Pero al salir del bar mis viernes son muy vacíos aunque tenga una mujer a mi lado y sea una gran persona. Puedo reírme e intentar pasarla bien pero me siento vacío, de alguna manera la puedo llegar a llevar a mi casa y pasamos la noche juntos aunque para mi no hay nada de pasión cuando se duerme la chica. Puedo entender su paz mental, mas nunca realmente la puedo sentir, siempre que hay una mujer en mi cama no duermo; me quedo pensando y viendo al techo sabiendo que existe algo mal en mi, me siento desesperado de no poder sentir la pasión de la cual mis amigos tanto hablan pero también sé que esto no es algo de lo que puedo hablar con nadie, es un secreto que ni yo mismo entiendo. Pienso que está mal conmigo porque no puedo ser normal pero llega la mañana, me despido de la chica, me preparo algo de desayunar y el sentimiento se va y entonces preguntarán por qué traigo a chicas a mi casa y la respuesta es bastante sencilla, es lo normal, lo que mis amigos y e la sociedad espera y entonces como fiel ciudadano es lo que hago sin cuestionarme ni pensarlo dos veces… Bueno, no hasta que estoy acostado en mi cama con una mujer completamente desnuda a mi lado, entonces sólo entonces, sé que algo está mal. Simplemente sé que no soy normal. ¿Será que mis amigos exageran sus sentimientos al contarlos o será un problema interno?

Regresando a mi día a día, además de mis amigos, mi trabajo es lo más importante; me encanta poder expresarme y saber que mis ideas llegan a esparcirse a las mentes de jóvenes por todo el país. Justo ahora me acaba de tocar una gran historia por la que estoy emocionado, las mejores historias son las que me hacen salir de la capital e indagar hasta encontrar la única y real verdad. He salido unas cuantas veces pero esta vez me toca ir hasta Barcelona y no podría estar más feliz la emoción no me deja dormir pero de una buena manera no como los recurrentes viernes. De pequeño mi abuela me había contado tantas historias de su infancia en Barcelona que decidí ir a sus lugares favoritos. Esta vez la compañía me había dejado hacer una historia personal y que me agradara, era como un premio para mí y por eso decidí ir a Barcelona completamente solo. El lugar favorito de mi abuela era un café a la orilla del mar llamado Motteau, yo sabía perfectamente cómo llegar ya que por escuchar la misma historia de mi abuela tantas veces se me quedó grabada hasta la dirección.

En el avión de camino a Barcelona habían sólo dos pensamientos en mi mente pero de esos pensamientos que llegan tan fuertes que no existe manera de sacarlos, por más que intentes siguen ahí molestando y preocupándote o llenándote la mente de esperanza y de emoción. Las únicas dos cosas es mi mente eran la emoción de por fin llegar a ver la infancia de mi abuela y lo de los viernes que pensé en no darle importancia pero ya había pasado poco más de una semana y ese pensamiento no dejaba de atormentarme, no era la primera vez que me pasaba algo así pero sin duda está vez fue la peor, no pegué ojo en toda la noche y esos pensamientos de ser anormal, de llegar a no ser querido de dejar todo lo conocido por ser diferente, era algo que no me agradaba para nada y cada vez que trataba de dejar de pensar en eso pasaba todo el contrario regresaban los pensamientos pero cada vez más fuertes e incontrolables. Entonces decidí intentar dormir para dejar de pensar y aunque me tardé bastante tiempo lo logré pero sólo para que estos pensamientos me persiguieran en mis sueño en el cual todo lo que aparecía eran en tonos de gris, era yo intentando acercarme a alguien oía a algún grupo de personas pero todo lo que pasaba era que ellos o ellas no me querían cerca, se reían de mí y después me abandonaban pero un momento antes de despertar se me acercó un hombre y me dijo que no estaba solo. Me desperté y no le di mucha importancia al sueño pero lo relacioné un poco con la caja de pandora ya que después de ser abierta y traer todo el mal del mundo sale un poco de esperanza en forma de un nube blanca. Chance era que ese viernes fue la acumulacion de algo que sabía que estaba mal y explotó sacando todos los pensamientos negativos.
Por fin llegamos a Barcelona, era de noche y fui directo al Hotel Oriente donde me alojé y caí dormido. Esa noche no soñé, simplemente dormí en paz y con completa tranquilidad.

Estaba sólo por dos días, entonces decidí ir a buscar el café Motteau. Fui directo a la dirección que mi abuela me había dado pero cuando llegué el letrero decía café Brangulí ese no era del que tanto me había hablado mi abuela pero decidí ir a investigar de todas formas; me parecía muy normal ya que era lo que hacía para vivir, bueno, eso y escribir. Pero decidí ponerme a trabajar, entonces caminé hacia playa que estaba literalmente a un minuto y empecé a preguntar por el café Motteau, pero nadie sabía decirme en dónde era. Me pasé alrededor de seis horas preguntando aunque me tomé hora y media más para comer ya que de la hambre no podía pensar en cuanto acabe de comer seguí mi búsqueda y alrededor de las siete p.m me topé con un hombre que me parecía algo conocido. Me acercqué y le pregunté que si conocía al café Motteau y él me contestó que sí… ¡por fin alguien sabía donde era! me dijo que justo iba a pasar por ahí, cuando llegamos vi el mismo cartel de “Café Brangulí” me dijo entra es aquí, yo entré pero no entendí bien… me acerqué al dueño y el me contó toda la historia del lugar y cómo él compró el café Motteau, me encantó la cultura del lugar y estaba seguro que esta aventura sería una gran historia para el periódico. Se despidió el dueño y me quedé solo con un café americano muy bueno y un lápiz escribiendo esta historia con la que yo estaba asombrado. De vez en cuando volteaba a ver a la puerta y me fijé que solo entraban hombres pero era uno de esos pensamientos que dejas ir rápido pero que luego vuelven para pegarte en la espalda.
Por ahí de las nueve se me acercó el dueño, me dijo que me quería enseñar la parte más increíble de su café pero que tenía que prometer no decir nada y mucho menos escribir de esta parte, yo muy intrigado se lo prometí y me llevó a través de la cocina bajando unas escalera comencé a escuchar música que le llamaban rock & roll traída de los Estados Unidos. Era ese tipo de música que te hace ponerte loco, querer bailar y brincar y simplemente disfrutar. Bajando las escaleras había un letrero neón que decía “Boyberry” abajo donde la música estaba a todo volumen y estaba lleno de hombres, en vez de sentirme incómodo me sentí en casa. Este lugar era todo lo contrario a lo normal pero resulta que yo también era lo opuesto de la normalidad y no me molestaba en lo absoluto porque esa noche me sentí realmente feliz.

Regresé a Madrid cuando ya estaba todo oscuro un poco antes de la media noche pasé enfrente del bar volteé y vi a mis amigos a través de una ventana un poco empañada, simplemente sonreí al ver sus ojos brillando y ellos pasándola bien pero decidí ir a mi casa, tenía demasiado en la mente y sabía que no me la iba a pasar bien. Caminando a mi casa, sentía mi cerebro a punto de explotar. Entré a mi casa y fui directo a mi cuarto, me tiré en cama un rato y cuando estaba alistándome para dormir me paré, me quité mis pantalones, me puse la pijama y volteé a ver el espejo.

Estaba ahí, de frente al espejo al cual nunca vi de la misma manera, ahí estaba yo sin camisa y con tan sólo unos pantalones de pijama. Me quedé parado por más diez minutos sólo viéndome, de hecho, admirándome. Fue en ese momento cuandio me di cuenta que aunque no sepa perfectamente quién soy, lo que importa es que sea feliz, porque al final ese es el punto de la vida: ser feliz. En ese momento me sentí iluminado, decidí que sería feliz y sería quien soy… porque en verdad, ese es el secreto de la vida.

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