Los bocetos de una luchadora

Por: Primis

El papel está frente a mí, muevo el lápiz sobre la hoja para marcar líneas hasta formar el diseño de un elegante vestido.
Levanto la hoja satisfecha con mi creación, la apoyo nuevamente sobre la mesa en la que estoy dibujando y firmo en la esquina con mi nombre, marcando así el dibujo como propio.

Veinte minutos más tarde salgo a la calle para hacer mi ejercicio diario en compañía de mi perro; camino durante una hora disfrutando el ruido de las olas del mar y la brisa fresca del atardecer.
Cuando regreso a casa, estoy lista para meterme a bañar, pero oigo la voz de mi hermana que me grita desde la cocina.
-Agarré esto del buzón, Edith, escucha.
Estimada señorita Díaz:
Tenemos el honor de informarle que hemos visto algunos de sus diseños y hemos quedado sorprendidos y encantados. Nos gustaría que viniera a compartir sus diseños con nuestros estudiantes, aspirantes a diseñadores de moda. Asimismo estaríamos encantados si nos platicara un poco sobre sus diseños e inspiraciones para crearlos. Le pedimos que se comunique con nosotros a más tardar el día jueves 20 de junio para confirmar su asistencia.
Nos despedimos cordialmente:
Universidad SAJED.

-¿Qué?- digo emocionada-, ¿cómo es posible? ¿Abigail, tú mandaste mis diseños a la universidad para que los vieran? Es increíble que hicieras eso por mí, eres la mejor hermana del mundo.
Ella no lo niega ni lo confirma, solamente permanece en silencio sin moverse, mientras yo corro a abrazarla, sin dejar de reírme por la excitación que me invade.
Después de unos minutos sigo con la emoción de la noticia, no puedo dejar de pensar en la gran oportunidad que es para mí.
No he decidido si aceptar la invitación o no, sé que ésta es una posibilidad única que no se presenta todos los días, pero nunca nadie ha visto mis diseños, con excepción de mi familia.
Los días pasan rápidamente, se acerca la fecha en la que debo decidir si estoy dispuesta a salir de mi zona de confort para demostrar mis habilidades o si prefiero continuar dibujando en secreto, para mí misma, como he hecho hasta ahora.
Le pido a distintas personas que me aconsejen sobre lo que puedo hacer, finalmente escucho el consejo de Abigail, como siempre he hecho.
-La decisión es tuya- me dice-, pero cuando la tomes tienes que saber que, si aceptas, puedes lograr que los estudiantes aprendan algo de ti, también de esta forma la gente te conocerá y sabrá que tus bocetos son impresionantes.
Finalmente decido ir a la universidad, aviso a la institución y concertamos la fecha en la que daré la plática.
He preparado y memorizado todo lo que quiero decir, he diseñado nuevos vestidos y pensado mil veces qué quiero que todos los jóvenes que estén ahí aprendan de mis palabras.
Llega el gran día. Abigail me lleva a la facultad en la mañana; estoy muy nerviosa, realmente quiero que esta sea una situación positiva y me ayude a mejorar.
No dejó de tocarme los lentes ni de mover los dedos, escucho que el corazón me late más rápido de lo normal a causa de los nervios.
Abigail me acompaña hasta el escenario para que tome asiento y unos minutos después oigo los pasos de la gente que entra y toma asiento.
Empiezo la plática enseñando algunos de mis dibujos. Les cuento que empecé a dibujar vestidos desde que era pequeña, que siempre me ha gustado la ropa elegante y cómo se pueden combinar distintas telas para lograr algo increíble. Por último, les digo a los estudiantes que tengo una sorpresa para ellos. Les enseño mi primer boceto, uno que hice cuando tenía cuatro años, les digo que desde ese momento supe a qué quería dedicarme cuando fuera mayor y nada me detuvo en mi camino para lograrlo.
Entonces… me quito los lentes, sé que están sorprendidos, aunque no puedo ver su cara, porque si yo tuviera la capacidad de observar lo que ellos acaban de ver también, me asombraría.
Después de escuchar la opinión de múltiples doctores, sé que mis ojos son diferentes, me han dicho que tienen un color peculiar y que siempre están cerrados.
Cuando tenía cinco años, tuve un accidente automovilístico y, a pesar de los múltiples tratamientos y operaciones, perdí la vista. Aprendí a hacer todo lo que hace una persona normal pero sin poder ver, desarrollé el sentido del oído, puedo escuchar sonidos a distancias enormes. No puedo leer un libro a menos que haya sido hecho para gente que se encuentra en mi misma condición; sin embargo, puedo escribir y dibujar, que es a lo que me dedico. Y eso es lo que les cuento a los estudiantes.
-Nunca olviden- les digo- que pueden lograr todo lo que se propongan, los límites se los ponen ustedes mismos, no importa cuántas veces te digan que no puedes; si tienes la perseverancia, voluntad y no te das por vencido, puedes lograrlo; cada quien tiene sus propias “discapacidades”, pero si quieren pueden sobreponerse ante ellas y vencerlas. Lo importante no es alcanzar nuestras metas al primer intento, sino seguir intentándolo hasta conseguirlo, porque los sueños no se realizan en un intento, se llevan a cabo con paciencia y esfuerzo, mas no olviden que cada pequeña hazaña es un paso gigante para acercarnos a nuestras metas.
Oigo los aplausos del público y, a pesar de no poder ver sus rostros, sé que hoy les he enseñado más que unos bocetos; les he transmitido un mensaje que los acompañará el resto de sus vidas y me doy cuenta de que valió la pena todo el esfuerzo para llegar a este momento.
FIN

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