Ojos de agua

Por: Amy Williams

Recuerdo despertar en una granja desconocida, no recuerdo bien cómo llegué aquí, ni quién me trajo. Veo a mi alrededor y no hay nada más que forraje. Hay una puerta con un gran candado de llave y una cadena rodeando las manijas de la gigantesca puerta de madera frente a mí, un ruido se empieza a escuchar, es un ruido como si alguien estuviera tratando de abrir el candado. Una sombra se empieza a ver a la entrada de la granja, mi corazón empieza a acelerarse, mi presión empieza a subir, empiezo a gritar y a ponerme nerviosa, no entiendo qué está pasando, ¿quién es?, ¿dónde estoy? y de repente está frente a mí, ya no era una sombra ya era una cara: los ojos azules como el agua, la nariz pequeña, cejas con una forma que se notaban de una manera agresiva, no lograba ver la parte inferior de su rostro, sólo lograba ver su nariz, su frente estaba cubierta ya que traía un gorro en la cabeza y la boca tapada. Empiezo a gritar y el hombre se empieza a alterar cuando al parecer él sólo me traía comida y agua.
-¿Eso es lo único que recuerdas Amanda? -Me preguntó el policía.
Entró al cuarto de interrogación un señor alto con cabello oscuro, una nariz bastante grande, bigote y ojos azules, me empiezo a poner muy nerviosa, con miedo empiezo a llorar y recordar cómo llegué a la granja, cuando el policía me ve llorando me pregunta
-¿Qué está pasando?, lo único que puedo contestar es:
-“Los ojos”.
Le ordena al señor que se salga del cuarto y me ofreció un vaso de agua, minutos después ya estoy más tranquila, el policía me vuelve a preguntar
-¿Amanda es lo único que recuerdas?
Me acuerdo cómo llegué y le contesté.
El policía empieza a tomar notas. Recuerdo que estaba con mis amigos, era viernes porque todos los viernes salimos a comer a un restaurante en el parque, nos sentamos en la misma mesa de siempre con vista al lago, pero al sentarnos me llegó una muy mala vibra, algo no se sentía bien. Les conté a mis amigos y me dijeron que no era nada, mientras en la mesa de al lado había cuatro señores con gorros, abrigos y bufanda. Poco después empezó a nevar, algunos copos de nieve cayeron en mi limonada.
Nos fuimos y me entra una llamada de un número desconocido, me paro para contestar, Alex me espero mientras Daniel y Verónica siguieron caminando, siempre me he sentido segura con él. Se agachó para amarrar su agujeta y alguien llegó por detrás y me tapa la boca, trato de gritar y no puedo cuando Alex se para no me ve y empezó a gritar mi nombre, Verónica se volteó preocupada y Daniel corre hacia Alex. Recuerdo que me metieron en una camioneta negra, el coche de Alex me empezó a seguir y el señor baja la ventana y me saca la cabeza amenazando con matarme con un cuchillo en el cuello. Alex dejó de seguirnos. Al llegar a la granja me deja hasta atrás quitándome mi teléfono, llaves y todo, me da una cobija. Sabía que me iba a quedar ahí por un rato. Había una pequeña ventana en una de las cuatro paredes de la granja, sabía que no podía escapar ya que estaba muy alta pero era mi única esperanza. Me voy a la esquina, empiezo a llorar no entiendo qué pasa, el señor se regresa y se sienta frente a mí.
-¿Podrías describir la cara Amanda? -Me pregunta el policía.
-¡Los ojos azules! -le contesto enojada, empiezo a llorar y mi presión se empezó a subir- ¡tus ojos azules! le grito mientras lloro. El policía parecía confundido, porque sus ojos no son azules. Yo Empezaba a alucinar, a alucinar aquellos ojos. El policía sale del cuarto y entra el oficial John Anderson: alto, ojos verdes como esmeraldas, pelo negro como la noche, una nariz pequeña.
-Continúa, por favor, me pide el oficial.
-¿Desde dónde le contesto?,
-Desde donde te quedaste Amanda.
John Anderson empieza a tomar notas.
El hombre me hace preguntas como
-¿Sabes por qué estás aquí? -le contesto que porque ellos me trajeron y me dice que no me trate de hacer la chistosa.- Te voy a dar tu teléfono para avisarle a tus amigos que estás bien, si pides ayuda a alguien más estarás en problemas y serios- agarro mi teléfono, abro mis llamadas y le marco a Verónica. Al contestar, el policía pone mi teléfono en altavoz para escucharlo todo. Les digo a Daniel y a Alex que que estoy bien y segura aunque no lo estaba, que todo fue una broma de mal gusto .Verónica se la cree, Daniel no estaba tan seguro pero por supuesto piensa que sí es verdad y Alex sabe que estaba en problemas y serios, sabe cuando miento. Les digo que busco a mi padre, Verónica se pone a llorar, Daniel me grita que regrese, que no vaya sola, pero no escucho una sóla palabra salir de la boca de Alex. Cuelgo y el señor me dice que le marque a mi madre para avisarle que voy a ir a buscar a mi padre, me contesta y la pongo en altavoz ,le empiezo a contar que hace poco me pude poner en contacto con él y que lo voy a visitar por unos días, se sorprende. Termino la llamada.
Le digo al señor que si me voy a quedar necesito un nombre para llamarlo.-Llámame Bill, Amanda.- Confundida le pregunto cómo sabe mi nombre, se burla y me dice: ¿Crees que te escogimos al azar, no? Te estamos rastreando hace semanas desde que vimos tu publicación con tu abuelo. ¿Qué tiene mi abuelo? le pregunto preocupada, -Amanda, tu abuelo es el hombre más poderoso de Jacksonville.- Se levanta y sale de la granja.
El oficial me interrumpe y me pregunta -¿Cuánto tiempo estuviste ahí, dos meses, verdad Amanda? Le contesto que sí, mientras en mi mente hay algo sospechoso porque nunca le dije a nadie cuánto tiempo estuve ahí, pero quizás es un oficial y me estaba rastreando. –Continua.- me ordena John Anderson.
En la noche hacía mucho frio soló tenía una cobija y era pleno invierno. Dos semanas después seguía en la granja, Bill entra a la granja y me dice que me he ganado un privilegio, me entrega papel sobres y una pluma. Me dice que puedo escribirles a mis amigos y familiares con su supervisión. Accedo. Porque es mejor que nada.
A la primera persona que le escribo es a Verónica para que me cuente de su entrevista para su internado para el siguiente año; después le escribo a Alex para saber cómo le fue en su entrevista de trabajo y finalmente le escribo a Daniel para saber cómo le fue en su competencia y así sigo hasta que me contesten lo cuál nunca sucedió. Yo seguia y seguia escribiendo viendo desde mi pequeña ventana la esperanza de que algún día sepa algo de ellos. Pasa un mes y Bill entra con un libro de hojas blancas y colores, me dice que me lo gané,- Es para que colorees y te entretengas.- Le pregunto cuanto tiempo más me quedaré aquí. No me responde, sólo se va dejándome mi desayuno y un vaso de jugo. El invierno ya casi acaba, cuento los días en la pared de la parte de atrás, ya estoy harta y desesperada de estar aquí… necesito salir y empiezo a pensar en formas para lograrlo, salir de esa granja infernal. Veo que hay mucho forraje, suficiente para hacer escaleras. Empiezo a hacer una montaña dejando la madera libre, juntar suficiente forraje me tarda dos semanas, empiezo a hacer un dibujo en la madera para que no sea sospechoso separar tanto forraje cerca de la ventana. Eso me toma una semana ya sabía los horarios. Un día después de cenar, empiezo a escalar hasta llegar a la ventana, logro salir y con suerte hay un bote de basura tapado. Corro hasta lograr llegar aquí donde ya estoy segura.
John Anderson se para y me empieza a llamar -Amada, Amanda, Amanda en serio no tienes idea ¿verdad?- Yo no entendía qué pasaba. John continúa hablando y mientras habla se quita la peluca y logro ver su cabello, se quita su falso bigote y dos minutos después se quita los lentes de contacto. ¡Sus ojos eran azules como el agua! y continúa hablando y diciendo que nunca me debió de haber dado colores ni el derecho de escribirle a mis amigos. Le pregunto enojada -¿cómo supiste cuándo me escape? -¿Crees que soy tonto verdad? ¿Crees que no escuché tu caída al bote de basura, que no me di cuenta de la paja amontonada cerca de la ventana? y yo todo este tiempo pensando que tu estabas por ceder y que sabías que el hombre que entró al cuarto cuando recién llegaste era yo. Todo este tiempo yo he estado cerca. Lievo tres meses cerca y no te habías dado cuenta, ¿Por qué crees que fue tan fácil acercarme? Porque te he estado vigilando por mucho tiempo.
-¡Eras tú todo este tiempo! el nuevo maestro de historia Hall Ames, el mesero del restaurante, el nuevo vecino a tres casas de la mía. ¿Cómo no me pude dar cuenta después de verte dos meses y no darme cuenta que eras tú todo este tiempo? ¿Pero, por qué a mí? y no cualquier otra persona en el mundo. -Porque tú eras un objetivo fácil, fue muy fácil rastrear y estudiar todo.- me contesta. Estoy tan enojada con él, no logro verlo a la cara y él sigue hablando y hablando. Me enojo más y más… Mientras más habla más me enojo. Podría pegarle en la cara. Trato de controlarme.
Minutos después para de hablar y sale del cuarto.

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