Un estado total

Por: Armadillo

Esta historia no cuenta ni con un principio ni con un final, es un estado de tiempo perpetuo e inalterable, donde las leyes no aplican.
Un espacio donde nuestro héroe no recuerda que lo es, así que recordémoselo.

Era una noche tormentosa cuando Adrián se despertó, todavía era tarde en la noche, en ese momento Adrián no tenía en posesión un reloj, no tenía una medida de tiempo “estándar”. Logró levantarse de su cama cuando la lluvia cesó, parecía un fenómeno natural “normal”. Ya estaba en su pasillo cuando paró la lluvia así que de paso fue a tomar agua. Estando al lado del cuarto de sus padres notó un evento de índole extraña, había algo que parecía un objeto flotando en el aire.

Consiguiendo un poco más de perspectiva al entrar al cuarto, llegó percatarse de que en realidad era cierto, una almohada de la cama se había desprendido hacia el aire y en ese momento formaba un efecto físico de levitación, para cuando Adrián intentó tocar la almohada, ésta ya se había rendido a la cama, se acomodó en su lugar, como si nada hubiese pasado en ese instante.

Todo muy normal, extrañamente normal. Adrían corrió hacia la ventana por un impulso casi divino. Con un espacio exterior en tiempo cero cualquiera se asustaría, pero Adrián no, él en lugar de eso se llenó de un aire curioso y algo lo empujó a salir, con su persona fuera sintió las gotas en el cuerpo, inmutables, como si no existiera más información universal de ellas que su figura visual y su sentir al tacto de la piel.

Con esos datos Adrián sacó una conclusión un tanto precipitada, si me preguntas a mi e infundamentada también, –todo es un sueño– logró pensar y trató de despertarse, como si fuera su vida una película de ciencia ficción. En el momento que supo que no estaba soñando, volvió a su propia casa, cerró la puerta de su cuarto y se durmió.
Pasaron dos días fríos, sin ningún evento extraordinario como los que había presenciado anteriormente, hasta que su amigo Santiago se paró en seco dentro de una acera antes de cruzar una calle, en su peor momento nadie estaba inmutandose para ayudar a Santiago, exceptuando a Adrián. El cuerpo no se podía tocar, uno tenía la posibilidad de pasar encima de él sin siquiera sentirlo o en cualquier otro caso verlo, lo mismo que había pasado con la lluvia ahora estaba pasándole a un ser humano, al amigo de Adrián, ese mismo ser humano que le pasaba las respuesta de las tareas a sus compañeros, que rescató su perro de un albergue. Ese ser humano que pasó un mes completo obstruyendo una zona de construcción, porque iba a contaminar lo de todo un país pequeño, ese era Santiago, pero en ese momento no era el mismo, no cumplia con sus características, no existía, no era nada, no era nadie, y esa idea le asustó a Adrián, que cualquier persona que conociera podía terminar siendo nada.
Cuando Adrián salió de esa zona buscó a otro de sus amigos: el puma, de nombre desconocido por todos, incluso para él mismo. Adrián le preguntó que si había visto a Santiago, y el puma le contestó que no sabía quién era Santiago.
Adrián sintió un vacío, en realidad no sintió nada…

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