La distopía perfecta

Por: Andre

18 de enero 2073
Hoy es un nuevo día, un día diferente. Hoy me levanté y decidí cambiar mi rutina. Mi nombre es Yoko, significa lado; soy un niño normal, ayer cumplí 10 años. Mi mamá es Tsuki, significa luna y mi papá es Taiyõ, sol. También tengo un hermano mayor, se llama Ketsueki, sangre, tiene 16 años. Vivimos en Tokio, Japón.

Se podría decir que mis papás son la pareja perfecta, estaban destinados a conocerse, ellos siempre están juntos en todo lo que hacen, y a mi hermano siempre lo llevan con ellos. A mí, en cambio, siempre me dejan a un lado, como lo dice mi nombre. Desde que tengo uso de la razón, recuerdo que he pensado que hicieron eso a propósito. Siempre me dejan atrás, así que decidí que este año voy a empezar a descubrir el mundo por mi mismo, sin nadie que me guíe y me diga qué hacer. Hoy voy a salir a caminar por Tokio a ver de qué va realmente la sociedad en la que vivimos.
Aquí nadie es realmente humano, mi familia es la única que queda en la que lo somos, pero mis papás están empezando a cambiar, y al mismo tiempo y como siempre, se están llevando a mi hermano con ellos.
Nunca he entendido la necesidad de que todo sea automatizado, con el paso del tiempo, al ver que toda la tecnología sólo nos ha llevado a la extinción humana, yo tengo un propósito…
La sociedad acabó con la individualidad de las personas, ya nadie piensa por sí mismo. Es como si todos fueran una misma persona juntada en un sistema lleno de fallas, nadie siente, nadie sale de la rutina.

19 de enero 2073
Empiezo otro nuevo día con mi cambio de rutina.
Hoy ni siquiera he visto a mi familia, salieron de la casa antes de que yo me despertara, sin avisarme o siquiera dejar una simple nota o tomarse la molestia de mandar un mensaje. No sé a dónde salieron, pero bueno, eso no me importa, yo voy a salir solo a seguir descubriendo todo lo que quiero saber.
Llegué al museo de la vida, siempre me he preguntado por qué se llama así, supongo que es porque a lo que hay ahora no se le puede llamar vida, hay tan solo cables, chips y pilas que hacen que todo sea igual.
La exposición que hay en el museo durante la semana trata de lo que era la vida antes de la tecnología, cuando no existían los teléfonos, las computadoras, las patinetas eléctricas… los robots, pero eso ya fue hace mucho, ahora nosotros somos todo eso en un mismo robot, ya no hay más coches que funcionen con gasolina, ni teléfonos que miden tan solo seis pulgadas. Ahora lo único que hay son robots que tiene todo eso y más incluido. Todos los días imagino lo que sería vivir en esa época, es lo que me inspira cada mañana a levantarme; el pensar que tal vez yo logre que todo vuelva a ser así gracias a mí.

20 de enero 2073
Salgo a la calle con un solo objetivo en mente, humanizar a las personas que han perdido su pensamiento, tal vez hablar con ellos les recuerde sobre el sentir y tal vez ellos podrán querer sentirlo de nuevo.
Veo a mi primer objetivo, un anciano, y pienso en que más experiencia podría llevar a un mayor entendimiento de mi punto. Me acerco y le hago una simple pregunta
–¿Es usted feliz, hoy? -el anciano desconcertado me ve y en su cara se nota que no lo había pensado en mucho tiempo, él voltea a ver directamente hacia el sol, el lerdo sol del que ya estaba cansado, al volver su mirada hacia mí, contesta mi pregunta
–¿Qué es eso? –inmediatamente reaccioné y le dije alterado
–¿Feliz? ¿No conoces el sentimiento de felicidad, no lo has sentido nunca?
–No, ¿Cómo funciona?

–Es… es cuando todo va bien, te sientes satisfecho, sin realmente una necesidad de algo.–Pero por más que traté de explicarle él no entendía, lo único que hice fue dar media vuelta y seguir caminando.
Después de haber caminado durante horas, llegué a la cima de una montaña. Ya era de noche, así que decidí quedarme a dormir ahí. El paisaje me dejaba sin respiro, el cielo estaba lleno de estrellas.

21 de enero 2073
En un abrir y cerrar de ojos me di cuenta de que estaba comenzado a salir el sol, vi mi reloj y marcaba las 6:00am. Cansado después de no haber dormido en toda la noche decidí encaminarme de regreso a casa.
Por fin, llegué a mi casa a las 9:00am y decidí preguntarle lo mismo que le había preguntado ayer al anciano a mi hermano, a pesar de que sabía que esto no iba a resultar bien. Lo llamé y le dije
–Ketsueki, ¿Tú eres feliz? –Ketsueki me contestó con un tono de burla:
–¿Qué? ¿De qué tontería hablas esta vez, idiota? Eso es una fantasía, no existe realmente, la felicidad, es tan sólo un mito.
–No es cierto, yo sé que existe, el problema es que todos en este lugar todos están locos, perdieron su felicidad, perdieron su chispa. En lo único que piensan todos es en cumplir con la rutina.
Cuando terminé de hablar me fui a mi cuarto. A pesar de ser tan solo las 12:00 del día, me fui a dormir y desperté hasta el día siguiente.

22 de enero 2073
8:00am despierto y vuelvo a salir de casa. Esta vez tengo un objetivo diferente. Subí a la misma montaña de la que bajé el día anterior y me siento a pensar en lo que había pasado desde que decidí cambiar mi rutina. Hasta ahora no he logrado cambiar a nadie.
Estoy harto de que nadie entienda que esto que estamos viviendo cotidianamente es falso. Pensé que en mi familia, a pesar de que yo siempre estuviera a un lado, todos pensaban así y entendían lo que era la realidad de antes, que querían hacer un cambio. Ahora veo que no es así, que todo sobre ellos es falso, que eso es lo que mi hermano siempre ha tenido en mi contra.
Regreso a mi casa y sin decir una sola palabra a mi familia subo a mi cuarto.
Empiezo a escribir en mi cuaderno:

“Felicidad ¿Qué es? tan solo un concepto, ¿Quizá un sentimiento?, ¿Una fantasía? Sea lo que sea, sé que yo no lo tengo, sé también que no la voy a conseguir, sé que no voy a lograr cambiar al mundo con mi forma de ver las cosas”.

23 de enero 2073
Ayer me quedé dormido mientras escribía. Recuerdo que mientras dormía tuve un sueño que me hizo darme cuenta de algo. Había llegado la hora de hacer lo que tanto tiempo llevaba anhelando. Esa misma mañana salí de mi casa y me encaminé hacia uno de mis lugares favoritos, la azotea del edificio de finanzas de donde vivo. Me senté ahí a pensar por un momento en todo lo que tenía en mi vida.
Me puse de pie. Tomé un respiro, y sin pensarlo, dejé mi cuerpo caer por el borde el edificio. Sin fuerza ni resistencia alguna, vi el cielo por última vez mientras al mismo tiempo veía toda mi vida reflejada en el. Caí sobre el pasto que rodeaba el edificio; supongo que era suave, como una cama, pero ya no podía sentirlo. Perdido en el tiempo. Hoy no soy yo mismo, de hecho, ya no se quién soy. Estoy fuera de mi cuerpo, no me reconozco al verme en el espejo.
Supongo que mi “familia” ya ha leído mi carta de despedida. No quería que en mi funeral leyeran un elogio escrito por ellos, porque sé que no hubiera reflejado a mi persona real, sino que hablaría de la persona que pensaban que yo solía ser, alguien falso y demente. Decidí escribir mi propio eulogio:

“Nos vemos pronto. Queridos todos los que están hoy aquí, presentes: no quiero que se sientan mal por no hablar de el yo que ustedes solían conocer, pero no quiero que reflejen o den a entender algo falso sobre mi, por lo que yo decidí dejar esto atrás antes de irme del horrible mundo en el que ustedes permanecerán por un indeterminado periodo de tiempo.
Yo no estoy dejando este mundo por algo que alguien me haya hecho sentir por medio de palabras o algo físico, no quiero que tengan esa idea. Yo me estoy despidiendo de ustedes porque me doy cuenta de que no pertenezco en este mundo, de que no lo puedo cambiar.

Dejo a su criterio lo que quieran pensar de este mundo, pero a mi perspectiva, viven en un lugar en el que nadie puede tener un pensamiento o una mente propia, todos parecen ser lo mismo y yo no he podido hacer que siquiera algunas personas reencuentren su humanidad.

Parecen también haber perdido el conocimiento de el concepto “humanidad”; este concepto no se refiere a un físico humano, alguien compuesto de carne y hueso. No, va mucho más allá de lo que todos creen; En el diccionario lo encontrarán como “Capacidad para sentir afecto, comprensión o solidaridad hacia las demás personas.” Esto nos da a entender que significa ser tu propia persona, tener un criterio y sentimientos propios, tener la capacidad de llevar al cabo cosas que cada quien cree que son indicados para su persona, tu propia personalidad y las personas que te rodean y te hacen bien.

En lugar de dejar a un lado a las personas que son diferentes, empiecen a dejar a un lado lo que dicta la sociedad y salgan de la jaula en la que viven, den un paso fuera de ella y miren a lo que era el mundo antes de ustedes. Mírense entre ustedes, absorban la belleza que hay dentro de todos, dense cuenta que no pueden hacer nada solos, pero tampoco podrán si nadie es diferente. Tómense de la mano y empiecen a avanzar juntos.
Creo que deben de hacer algo para cambiar todo, pero no lo sé de cierto.
¿Tienen la capacidad para mejorar el mundo en el que viven?”

Atte: Yoko

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