La Mula

Por: Ninfa

El adiós es la parte más difícil de una relación y más de una relación madre e hijo, espero que éste no lo sea, me metí en asuntos peligrosos con gente aún más peligrosa, me están buscando y posiblemente quieren matarme. No estoy segura de que cuando estés leyendo esta nota vaya a seguir en este mundo. Sé que te estás haciendo muchas preguntas, las cuales no puedo contestar, por favor no trates de buscarme. Probablemente es un error dejarte esta nota pero no me quería ir sin despedir.
Te quiero mucho, mamá.

No dejo de leer la nota una y otra vez, estoy muy confundido… Al separar la vista de la maldita carta empecé a buscar como loco por toda la casa intentando encontrar alguna pista para encontrar a mi mamá, pero nada, estoy empezando a creer que alguien me está haciendo una broma. Decidí darle otro vistazo a la casa y en lo alto de una repisa empezó a sonar un teléfono, estaba dentro de una caja, había llegado un mensaje de un tal Chucho Vargas que decía, te veo a las 11:00 pm en Av de Montes Pirineos 567, faltaban solo 10 minutos para eso y no podía perder la oportunidad de averiguar algo que me hiciera entender qué estaba pasando, así que tomé mi moto y me fui a toda velocidad, llegué un minuto antes de la hora indicada, había como 8 guardias de seguridad resguardando la entrada. Al entrar vi una oficina llena de cajas misteriosas que probablemente podían contener droga, no dejaba de pensar en qué carajos estaba metida mi mamá. Llegué a un cuarto horrendo, donde todo era blanco, el techo, las paredes y el piso, en el lado derecho había un armario que se veía muy viejo y un escritorio café, detrás del escritorio estaba un sujeto con la barba descuidada, le faltaba el brazo derecho, vestía una camisa de seda al más puro estilo del chapo, tenía una cara muy seria y me estaba observando de arriba a abajo con una cara de disgusto sin decir una sola palabra. Muy asustado di un paso hacia atrás, el señor empezó a hablar.
-¿Sabes quién soy?-
Negué con la cabeza, el sujeto comenzó a reírse. De una de sus gavetas sacó un revólver que puso sobre el escritorio, mis pies empezaron a temblar, sentía un sudor frío recorrer mi frente.
-Voy a tratar de ser lo más amable contigo, soy Pedro, “el Muñón”, ¿Ahora si sabes quién soy?-
Pedro Cardenas Martinez alias (el muñón) era un ex militar que tomó las riendas del cartel de Tláhuac, era un sujeto totalmente sanguinario, en los periódicos decían que controlaba el suministro de drogas de la Ciudad de México, nunca había visto su rostro pero ahora sí tenía motivos para preocuparme, ¿mamá en qué diablos te metiste?.
Bajé la cabeza con temor de ver al Muñón a los ojos.
-A ver muchachito, ¿dónde está el maletín con la mercancía?-
De qué me está hablando este sujeto, ¿maletín?, ¿mercancía?. Negué nuevamente con la cabeza.
-Levanta la cabeza escuincle-.
Estaba totalmente paralizado, por el miedo no podía moverme. Sin aviso alguno, uno de los guardias del Muñón me dio un cachetadón que me dejó viendo estrellas. Aturdido aún por el golpe levanté la mirada.
-No me hagas perder la paciencia-.
-Señor no sé de qué me está hablando-.
-Deja de hacerte el loco, y responde-
El Muñón tomó el arma de forma juguetona entre sus manos.
-Mira niño, tu mamá era una de mis mulas preferidas, después de casi 9 años de confiar en ella, mi último cargamento misteriosamente desapareció-.
-¿Mula?, en verdad, señor no sé de qué me está hablando-.
De forma brusca el Muñón se paró de su asiento y puso su arma en mi cien.
-Quiero respuestas rápido o vas a tener que acompañar a tu madre al más allá-.
No recuerdo bien lo que pasó, no sé si me torturaron horas o días. Pero, por fin siento una paz interior, estoy sentado junto a mi madre en una clase de sala de espera en un sillón verde, sólo nos volteamos a ver sin decir una sola palabra, un señor me llamó para que entrara a su oficina y me dijo: bienvenido al cielo.

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